“El tenis forma parte de mi vida, pero no es mi vida”

Pablo Andújar expone sus emociones tras vestirse de campeón tres años después. El trabajo de su entrenador y de su fisio, claves para este renacimiento.

Pablo Andújar posa con su tercer título en Marruecos. Fuente: RFET
Pablo Andújar posa con su tercer título en Marruecos. Fuente: RFET

Hay un día en el que Pablo Andújar ya no podía más. El codo le duele, lo ha intentado de todas las maneras, pero la solución no llega. Son ya dos operaciones, camino de una tercera y el fantasma del reloj de arena acechando en la ventana. ¿Y si lo dejo? La pregunta aparece en su cabeza, el español se lo llega a plantear, pero la respuesta siempre es jugar una carta más. Tres años de calvario, un camino de muchas espinas donde, poco a poco, han florecido las rosas. Y los buenos amigos. Carlos Calderón (su entrenador) y Jaume Pérez (su fisioterapeuta) se sientan con Punto de Break para explicar esta salida de un túnel que por fin ha visto la luz en forma de victorias, títulos y felicidad.

“Me acuerdo de todos los momentos malos que he pasado, de estar en la sombra sin ver el final y sin saber si me iba a recuperar o no. Muchos momentos de dudas, si volvería a estar 100% o me tendría que retirar con esta mala sensación. Siempre luché contra todo eso y ahora pues se me pasan por la cabeza”, relata el de Cuenca después de pasar tres años marcado por tres cirugías y muchas ausencias. “Al final me he dado cuenta de que el tenis forma parte de mi vida, pero no es mi vida. Eso es lo que he aprendido después de todo este tiempo sin poder competir”.

No hay que irse muy atrás para entender el escandaloso salto de calidad que Andújar ha dado este mes de abril. A finales de febrero aparecía más allá de los 1.800 primeros del ranking. Primeros, por decir algo. Esta semana, el residente en Valencia solo halla 153 raquetas por delante de la suya. El premio a conquistar el Challenger Juan Carlos Ferrero de Alicante y el ATP 250 de Marrakech en semanas consecutivas. “He ganado tres títulos allí y soy el primer sorprendido”, declara sobre el certamen africano. “Es un ambiente parecido al que tengo aquí en casa, pero no sé, tampoco sabría decirte cuál es el secreto. No soy un jugador que haya ganado muchos ATP, pero tres de los cuatro que tengo son allí”.

Pero Pablo no está solo. Desde finales del curso pasado, Carlos Calderón se encarga de prepararle y entrenarle a diario. Es su coach, pero también su amigo. Una doble función que ayuda a engrasar mejor la maquinaria. “Como entrenador, Pablo es una auténtica gozada. Es una persona tremendamente educada, humilde, hace caso a todo, siempre está dispuesto a entrenar, nunca tiene una mala contestación o un mal gesto… es una maravilla. Luego además es muy buena gente, siempre tiene tiempo para todo el mundo, para una foto o una entrevista. Es tal y como se le ve, se merece todo esto que le está pasando, le ha puesto muchos huevos”, subraya el extremeño.

“Sobre todo destacaría la humildad y la ilusión de Pablo. Después de haber perdido en primera ronda de Qualy en un Challenger (Marbella), ha seguido con la misma pasión para darle la vuelta a la situación. Hemos entrenado muy duro, confiando en que fueran a salir las cosas, pero nunca imaginamos este premio tan pronto. Hasta ahora no habíamos tenido muy buenos resultados, pero yo tenía puesta toda mi fe en Pablo, veía cada día lo bien que estaba haciendo las cosas. Pero claro, después de perder en la primera de Qualy en un Challenger, ¿cómo íbamos a esperar esto?”, afirma Calderón, dos años más joven que Pablo.

Otra pieza indispensable del puzzle es Jaume Pérez, fisioterapeuta del jugador y responsable de la evolución de la lesión a partir de la tercera operación. “Había un problema con el nervio que en los últimos tiempos le estaba impidiendo practicar tenis. Aquello provocaba serios problema a la hora de realizar el gesto deportivo, lo ensuciaban y dificultaba la recuperación. El trabajo en esta última cirugía hemos normalizado la movilidad del codo y la capacidad del sistema nervioso para adaptarse a ese movimiento del saque, el más complejo”, explica acerca del proceso.

“Como fisioterapeuta está siendo una experiencia muy importante que le agradeceré a Pablo toda la vida. Había trabajado ya en el deporte de élite pero el mundo del tenis solo lo conocía como espectador. Ahora, por suerte, lo estoy conociendo ya desde dentro. Es un deporte de mucha exigencia donde el fisioterapeuta debe adaptarse a su jugador. Nosotros hemos trabajado mucho para que ese servicio no produjera dolor, reeducar todo el sistema para que volviera a soportar esa exigencia y competir entre los mejores”, añade el fisio, presente en cada torneo que disputa su pupilo.



Para Calderón, sin embargo, no es la primera vez que le cae un título de este calibre. El de Badajoz ya estuvo ayudando a Marcel Granollers en el Open de Valencia 2012, torneo donde el catalán salió campeón. Seis años después, de nuevo un título en sus manos, aunque la experiencia y la situación sean completamente distintas. “Las mismas ganas e ilusión que tiene Pablo son las que tengo yo. Dentro de la pista creo que le he traído mucha intensidad a la hora de entrenar, con el saque nos pasamos horas, por ejemplo. Miramos cada detalle para exprimirlo al máximo, aunque también tenemos la suerte de que Pablo, técnicamente, es buenísimo. La clave está en tenerle bien preparado y hacerle más llevadero el día a día con entrenamientos intensos y divertidos”, resuelve el técnico.

“Tanto Pablo, como Jaume, como yo tenemos una máxima que es la de no estar demasiado eufóricos en las victorias, ni demasiado hundidos cuando los resultados no sean los esperados. La clave de todo está en saber mantener ese equilibrio, confiesa Calderón.

En el horizonte aparecen los torneos de Barcelona y Madrid gracias a dos invitaciones más que merecidas. Pero habrá más. Al español todavía le quedan dos balas por gastar con su ranking protegido, las cuales irían (aunque todavía no es oficial) a Estoril y al cuadro final de Roland Garros, siempre que le diera para entrar. “Estoy muy cerquita del nivel que busco, quizá me falta algo de velocidad en el saque, un hándicap que espero ir ganando. Todo depende de la confianza que vaya cogiendo para ir aumentando los km/h. En general, creo que estoy cerca de mi mejor nivel”. De lo que no está ya cerca es de ese túnel que le mantuvo tres temporadas en vilo. Hoy Pablo ya corre, ya golpea, ya saca y compite como los demás. Sabe que el tenis no es su vida, pero que no se lo quiten.

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