La imposibilidad de ser profetas en su tierra en Grand Slams

Repasamos la reducida nómina de tenistas que han sido capaz de ganar un Grand Slam en su país en el siglo XXI, y la dificultad que entraña.

Nick Kyrgios en Open de Australia 2018. Foto: zimbio
Nick Kyrgios en Open de Australia 2018. Foto: zimbio

No hay nada más bonito y satisfactorio que ganar en tu propia casa... pero también más difícil. La presión mediática es mayor, el cariño de los aficionados puede tornarse en agobio y la ilusión por tener un héroe entre los suyos convertir al deportista en villano. Esto es un factor común en todos los deportes que en el tenis alcanza un estatus superior, por la gran inversión de las federaciones nacionales que organizan un Grand Slam y por el hecho de ser un deporte individual.

Australia, Francia, Reino Unido y Estados Unidos fueron la génesis de un deporte que se ha hecho global, y como tal se sienten en la obligación y necesidad de producir estrellas. No siempre es fácil, incluso aunque se tengan muchos más recursos que otros. Andy Murray sudó tinta para proclamarse campeón en Wimbledon y es el único jugador que ha logrado ser profeta en su tierra en los últimos diez años. Ya en el siglo XXI, también lo lograron Pete Sampras (US Open 2003) y Andy Roddick (US Open 2004).

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El último australiano que ganó en Melbourne fue Mark Edmondson en 1976, a pesar de haber contado con una generación de tenistas realmente exitosa en los años 90 e inicios de los 2000. Pero Patrick Rafter, Mark Philipoussis ni Lleyton Hewitt pudieron dar una alegría al entusiasta público oceánico, que tampoco entre las mujeres ha encontrado consuelo. Samantha Stosur nunca ha podido rendir al nivel esperado en el torneo de su país, sin pasar de los octavos de final. Ashleigh Barty es la esperanza de futuro pero no será fácil.

La maldición es ya histórica en Roland Garros. Mary Pierce inscribió su nombre con letras de oro en el palmarés del evento parisino, en el año 2000. Pero a partir de ahí el vacío. Se esperaba que Amelie Mauresmo pudiera lograrlo, o incluso Marion Bartoli pero la presión siempre fue excesiva. Ahora las esperanzas se vuelcan en Caroline García y Kristina Mladenovic, que salieron campeonas en dobles femenino pero aún están lejos de poder lograrlo a nivel individual.

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Con los chicos el tema es ya cuestión de Estado. El triunfo de Yannick Noah en 1983 está convirtiéndose en una hazaña que pronto se transmitirá de padres a hijos como si fuera una leyenda. La exitosa generación del tenis galo que ha encontrado premio en forma de Copa Davis en 2017, se ha topado una y otra vez con el dominio del BigFour, de jugadores españols (como Ferrero o Costa) y latinoamericanos (Kuerten o Gaudio, por ejemplo).

En lo concerniente a Wimbledon, desde 1977 una mujer británica no levanta el título de campeona (Virginia Wade). Johanna Konta parece decidida a lograrlo y ya avisó el año pasado con una buena actución que terminó en cuartos de final. "Nada es comparable con competir con el apoyo del público", dice Johanna en declaraciones para Ubitennis, que ya ha esbozado una minigira sobre pasto con tres torneos previos al Grand Slam londinense.

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El US Open es el major más dado a las victorias locales en los últimos tiempos gracias a la hegemonía de las hermanas Williams y la escaramuza de Sloane Stephens en 2017. Sin embargo, resulta preocupante la sequía de título en el cuadro masculino, fiel reflejo de los malos años vividos por el tenis norteamericano y que parecen estar llegando a su fin gracias a una generación muy prolífica. ¿Quién será el siguiente tenista que gane en el Grand Slam que se disputa en su país?

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