Angelique Kerber, el placer de la resurrección

Analizamos el renovado juego y encomiable actitud que está mostrando la alemana en estos primeros compases de la temporada.

Angelique Kerber en Open de Australia 2018. Foto: zimbio
Angelique Kerber en Open de Australia 2018. Foto: zimbio

Allá donde todo empezó, en ese ambiente donde pasó de gran jugadora a estrella, Angelique Kerber se está reencontrando a sí misma. Australia tiene el poder de erigirse en punto de inflexión en el devenir de la carrera de una mujer tan loada cuando ascendió a la gloria como atacada cuando se hundió en los infiernos. Es curioso comprobar cómo una tenista que hace de la solidez y la regularidad sus armas primordiales, se ha visto imbuida en una montaña rusa de sensaciones en los últimos dos años.

El mundo asistió asombrado en 2016 a la eclosión de una tenista contracultural, que hizo de su santo y seña la contrarrestación de la tendencia más extendida entre los nuevos valores: la búsqueda inexorable del ganador. Frente a las gigantes de potencia inusitada, Kerber pone sobre la mesa un físico asombroso, unas piernas ágiles y potentes y una calidad innata en su raqueta que pocas pueden igualar. Cuando está con confianza es un frontón inexpugnable capaz de devolver con veneno todo lo que llega.

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Así fue en el glorioso año donde ganó Grand Slams y ascendió al número 1, y así está volviendo a ser en este 2018. Entre medias 12 meses de calvario, de expectativas frustradas, críticas feroces desprestigiando sus méritos pasados y preguntas sin respuesta sobre su juego. Tocó techo con su entrenador Torben Beltz y aunque le costó supo reaccionar a tiempo para no degradar su relación. Ahora, relegada a una segunda línea desde el foco mediático y bajo las órdenes de Wim Fissette, la de Bremen ha vuelto a encontrar la cuadratura del círculo.

Su solidez no se traduce en perder pista y jugar pasiva sino que vuelve a erigirse en un coloso inexpugnable que cubre cada recoveco de la pista con maestría. Su mayor evolución ha sido la agresividad. Kerber ataca con todas sus armas disponibles y es capaz de neutralizar las de las rivales. El nivel desplegado en la Copa Hopman 2018 vaticinaba grandes noticias que se están confirmando en este Open de Australia 2018 donde ha barrido a rivales de entidad como Madison Keys, Maria Sharapova o Dona Vekic y ha sabido sufrir ante una jugadora en teoría inferior que le puso en problemas mayúsculo, como fue Su-Wei Hsieh.

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Pase lo que pase en semifinales contra Simona Halep, la alemana regresará al top-10 y ganará gran parte de la confianza perdida durante un año. Australia como revulsivo, como remedio a todos los males y como inicio de algo importante. En 2017 supuso el fiel reflejo de que las cosas no iban a ser del color de rosas pero en 2018 el camino vuelve a ser ilusionante y sin distracciones. Angelique Kerber disfruta del tenis y hace disfrutar, en un ejercicio de honradez y maximización de sus virtudes de las que pocas pueden presumir. La gloria es conocida pero no por ello menos alcanzable e ilusionante.

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