El aprendizaje tras perder un Grand Slam

Madison Keys explica cómo se sintió tras perder el US Open 2017 y de qué manera afronta este 2018. “Sloane y yo hemos mantenido nuestra amistad”.

El abrazo entre Madison Keys y Sloane Stephens. Fuente: Getty
El abrazo entre Madison Keys y Sloane Stephens. Fuente: Getty

Es el partido para el que cualquier niño o niña se prepara de pequeño, con el que sueñas con disputar en algún momento de tu carrera, ese día que jamás olvidarás, incluso dejando el resultado a un lado. Una final de Grand Slam. ¿Se lo imaginan? Ahora sumen un factor extra: jugarla en casa. Es la historia de Madison Keys y un partido por el título en el US Open 2017 frente a una de sus mejores amigas del vestuario: Sloane Stephens. Era el plan perfecto, ni ella misma lo hubiera diseñado mejor, una historia en la que solo falló una cosa, lo más importante: el desenlace. La oportunidad más deseada, perdida. ¿Cómo se regenera un jugador ante este golpe? Sobre todo esto indaga el New York Times en un reportaje espectacular donde conversa detenidamente con la oriunda de Rock Island.

"La decepción siempre va a estar ahí. Nadie que haya quedado en segundo lugar en la final de un Grand Slam podrá pensar: 'Sí, ahora me siento estupendamente bien al respecto'. Aquí todos quieren el otro trofeo, el de campeón. Pero derrotas así te inspiran a trabajar más duro y ponerte de nuevo en esa situación para que puedas utilizar la experiencia que has obtenido", afirma la actual número 20 del mundo.

Un viaje inolvidable que terminó con un llanto desconsolado, o mejor dicho, consolado por su buena amiga Sloane y por otra veterana, ya inmersa en el saco de leyendas, llamada Kim Clijsters. "Ella se acercó a mí después del partido y me dijo: 'Te entiendo, entiendo cada emoción, cada sensación que estás pasando en estos momentos, a mí me llevó cuatro finales hasta lograrlo'. La verdad es que tener este apoyo justo después fue realmente agradable y especial para mí, especialmente viniendo de alguien a quien he admirado durante tanto tiempo", recuerda la norteamericana.

Han pasado cuatro meses, aquel dolor ya está archivado y la nueva temporada pasa ya por su tercera semana de actividad. Madison Keys afronta el año con más experiencia y su entrenadora, Lindsay Davenport, cree que puede servirle como un extra. "No podría ser más positiva de cara a este 2018. Madison está más en forma que nunca, emocionada cada vez que sale a jugar. Creo que entra en la temporada después de haber asimilado todo el éxito que tuvo en función de los buenos resultados del verano pasado y de todo lo que sucedió en el US Open. Aquí todas los jugadoras saben que el cuadro está abierto y muchos de ellas piensan: ‘¿Por qué no yo? ¿Por qué no puedo ser yo quien levante el trofeo como hizo Sloane o como hizo Ostapenko?. Ella sabe que tiene una gran cantidad de talento, sabe que es una gran atleta, ahora simplemente se trata de armarlo todo con calma, trabajando duro y también creyendo en sí misma", subraya la ex número 1 del mundo en pleno Open de Australia.

En febrero cumplirá 23 años, pero haya ya 19 que Madison Keys descubrió que quería ser tenista. Concretamente, cuando vio el vestido de Venus Williams en Wimbledon de 1999. "Era un vestido recortado, muy enérgico, le devolvió la sonrisa", recuerda su propia madre, Christine Keys. "Ella estaba caminando por casa cuando de repente se detuvo delante de la televisión: 'Oh, ¿puedo conseguir uno de esos vestido?' Le dije: 'Bueno, antes tienes que practicar ese deporte'. Ella respondió, '¡Oh, está bien! ¡Vamos a jugar!' Pensé que no iba en serio, pero dos semanas después me insistió: 'Oye, ¿cuándo conseguiré ese vestido?... ¿Y la raqueta?”.



Pero llegar hasta aquí no fue sencillo, sobre todo cuando te cargan más expectativas de lo normal desde pequeña. "A los 12 años algunas personas dijeron que iba a ganar un Gran Slam cuando cumpliera 18 años. En ese momento cometieron una injusticia”, confiesa su madre. “Luego la evolución fue constante, pero siempre siendo comparada con otras chicas. Hoy en día todavía sucede, todavía encontramos un número al lado de cada nombre. Hay que saber aislarse de eso, es importante que no te afecte demasiado lo que dicen el resto de personas. Sobre todo cuando eres una niña”, reconoce la madre de una niña que a los 14 años ya era profesional y a los 17 ya era top100.

Nueva York llegó, avanzó y pasó. El título fue para Sloane Stephens, el subcampeonato para Madison Keys. Sin embargo, hubo algo que se mantuvo: la amistad entre ambas. "Sloane y yo, desde que teníamos 12 y 14 años, nos hemos comparado constantemente. Sloane hacías cosas increíbles que yo no era capaz, ella era simplemente mejor, o eso pensé yo siempre. Fue una época increíble, la gente estaba obsesionada con compararnos entre nosotras continuamente e intentar enfrentarnos la una con la otra. Aun así, se suponía que debíamos mantener una amistad normal, algo que requiere trabajo y requiere reconocimiento. Definitivamente hemos tenido que equilibrarlo y no ser nada celosas, no hacer que nuestra ambición se convierta en celos. Ambas hemos hecho un muy buen trabajo al continuar siendo amigas sin importar quién hace qué, quién ocupa ‘X’ puesto o cualquier otra cosa", concluye la estadounidense.

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