"Toni, lo siento, pero no puedo. No puedo"

1 de febrero de 2009. A un par de horas de la final del Open de Australia, Rafa Nadal no se puede mover y le vienen mareos tras su esfuerzo ante Verdasco dos días atrás.

Rafael Nadal tras conseguir la victoria en el Open de Australia 2009. Foto: Getty
Rafael Nadal tras conseguir la victoria en el Open de Australia 2009. Foto: Getty

El Open de Australia, por sus condiciones climáticas y por su situación en el calendario, nos ha dejado historias increíbles como la de Rafael Nadal en el año 2009. La semifinal que el balear disputó ante Fernando Verdasco durante más de cinco horas le causó severos estragos en su estado físico y a apenas un par de horas de jugar la final ante Roger Federer, Rafa casi no podía ni moverse y sufría de mareos. En el libro "Rafa, mi historia", de John Carlin, el mallorquín contó cómo vivió aquellos momentos.

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Aquél 30 de enero de 2009 lo recordará Nadal para toda su vida. Su semifinal ante Verdasco se jugó en unas condiciones extremas que exigió el máximo de los dos tenistas. "Luchamos por cada punto con uñas y dientes. Hacía tanto calor en la pista que los dos corríamos en los descansos para ponernos bolsas de hielo en las piernas y los hombros", recuerda Rafa. "Gané aquél partido porque Fer estaba más cansado que yo", explica el mallorquín, que se llevó aquél encuentro tras una doble falta de Verdasco en el punto decisivo.

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Nada más llegar al Hotel, Rafa Maymo, su fisioterapeuta, se puso en contacto via Skype con Joan Forcades, el preparador físico de confianza de Nadal. Los dos idearon un plan de recuperación de urgencia ya que el español debía enfrentar a Roger Federer en la final en menos de 48 horas. Maymo le llenó la bañera de agua con hielo y le metió dentro con la idea de reactivarle el flujo sanguíneo en las piernas y evitar que se despertara con los músculos agarrotados tras más de cinco horas en pista. A continuación, le hizo masajes con una bolsa de hielo y con una pastilla de jabón y no tardó en irse a dormir.

A la mañana siguiente, Nadal pudo comprobar que se sentía muy mal. Tenía las piernas bloqueadas y a duras penas pudo hacer algo de bicicleta estática. Intentó entrenar un poco en la pista pero no aguantó más de 20 minutos. Toni, su tío y entrenador, le recomendó irse al Hotel e intentar descansar. La preocupación dentro del equipo era muy grande.

El día de la final las cosas no mejoraron. Rafa sentía que su cuerpo no le respondía. Intentó calentar un par de horas antes del partido, tal y como es costumbre, pero el español sentía mareos. "Me notaba mareado y los músculos de las piernas muy pesados y duros. Sufría incluso de calambres en las pantorrillas", cuenta Nadal en el libro. Es ahí donde Toni se acerca a su sobrino e intenta averiguar cómo se encuentra.

"No puedo seguir", le dijo Rafa a su tío. El entrenador sabía que había algo que no iba bien e intentó, fiel a su estilo, hacerle cambiar de mentalidad. "Ahora son las cinco y media. En dos horas te aseguro que no te sentirás mejor. Es posible que incluso te sientas peor. De ti depende sobreponerte al dolor y al cansancio y armarte del valor que necesitas para salir y ganar. Tú sabrás si quieres hacer el esfuerzo o no. Lo que sí te digo es que tal vez no estarás tan cerca como hoy de ganar un Open de Australia", le comentó Toni. "Lo siento, pero no puedo. No puedo", seguía diciendo Nadal. Es ahí donde Toni, al que su sobrino creía mago cuando era pequeño, hizo su magia.

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"No digas que no puedes. No va a bajar Dios a ayudarte, ni tu madre ni tu padre. Tú decides lo que quieres hacer. Todo aquél que cave lo suficientemente hondo acaba encontrando la motivación", le contestó Toni, intentando hacerle reaccionar. "Imagina que en el estadio hay alguien sentado detrás tuya con un rifle y te dice que si paras de correr, te dispara. Te aseguro que echas a correr. ¡Así que muévete!", agregó. Rafa pareció responder a las frases de Toni.

"Cada vez que cambies de lado, repítete la frase de Obama: 'Yes, we can'. Lo cierto es que sí que puedes. Lo que no puedes es permitirte fracasar porque te falle la voluntad. Si pierdes, que sea porque tu rival haya sido mejor, pero no porque no hayas dado el máximo. Siempre diste lo mejor de ti y hoy no va a ser una excepción. ¡Sí que puedes, Rafael!", sentenció Toni. Varias horas después, Nadal rompía con la historia y ganaba por primera vez el Open de Australia tras derrotar en cinco intensos sets a Roger Federer después de cuatro horas y veintitrés minutos de final.

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