WTA 2017 - La temporada de las cuatro estaciones

Repasamos los cuatro títulos de Grand Slam de la temporada que hoy nos abandona. Cuatro paradas, cuatro campeonas diferentes. Otro año inolvidable.

Las cuatro grandes campeonas de 2017.
Las cuatro grandes campeonas de 2017.

Cuatro años después, el circuito WTA volvió a reunir a cuatro grandes campeonas en una sola temporada: Serena Williams, Jelena Ostapenko, Garbiñe Muguruza y Sloane Stephens. Quizá una esperada y las otras tres impensables, al menos para la mayor parte del aficionado. Cuatro estaciones a lo largo de un 2017 que no encontró una dominadora clara, motivo por el cual llegamos a ver hasta a cinco mujeres en lo más alto del ranking, una estadística que da buena prueba de lo ajustado e igualado que está actualmente el tour femenino. Hoy, a pocas horas de que el calendario nos obligue a pasar página, recordamos aquellos cuatro momentos mágicos en el que cuatro Grand Slams fueron levantados por cuatro raquetas de diferente padre y diferente madre.

Melbourne: Fue la primera parada, la que el aficionado siempre coge con más ganas y el jugador con más dudas. Los favoritos llegan con menos rodaje y los candidatos de segunda línea llegan con ese calorcito de pretemporada con el que dar la campanada. Allí, entre las primeras decepciones de Kerber y Halep, apareció la de siempre, la mujer que seguía peleando por todo a sus 35 años y que terminaría cerrando la quincena como la mujer más longeva de la historia de la Era Open en levantar un Grand Slam. Cómo no, hablamos de Serena Williams, la mujer invencible el día que se levanta bien y que, a día de hoy, se haya a tan solo un major de igualar los 24 de Margaret Court. Fue un torneo que nos recordó a los viejos tiempos, que nos emocionó con ese nuevo choque ante su hermana Venus y que nos respondió, una vez más, que la menor de las Williams pasará a la historia como una atleta superior a todas sus compañeras de carrera, sea cual sea la época.

París. La tierra batida concluía su periplo en el calendario con un Roland Garros donde Simona Halep Elina Svitolina partían como las grandes favoritas. Curiosamente, ninguna de las dos acabaría levantando la corona, ni siquiera cerrarían mayo como número 1 del mundo. Quizá por esto nos gusta tanto el circuito femenino, porque una chica semi-desconocida como Jelena Ostapenko, con 19 años y sin ningún tipo de experiencia en el terreno de los Grand Slams, es capaz de asaltar la Philippe Chatrier y hacer historia para el tenis letón. De la mano de Anabel Medina y una descaro impropio para su edad, la número 47 del mundo fue tumbando uno a uno todos los obstáculos y nos puso los pelos de punta al ver a una niña tocando el cielo, todo lo contrario de la experiencia vivida hace unos meses en Melbourne.

Londres. Llegaba la hierba, la magia, lo inesperado, lo incalculable, la presión de aprovechar cada oportunidad si no quieres despedirte, la tensión de saber que cualquier pueda mandarte a casa, la emoción de la igualdad máxima sobre un pasto que, pese a que ya no es tan rápido como hace años, sigue dándole una personalidad única al verano en el calendario actual. Wimbledon no encontró a su última campeona, Serena Williams, pero sí que reencontró con la mejor versión de su hermana mayor, Venus. La más veterana del cuadro alcanzando una nueva final y obligando a los periodistas a escribir cientos de borradores cargados de épica y misticismo. Borradores que jamás fueron publicados debido a que Garbiñe Muguruza no quiso leerlos. Tenía que ser ella, dos meses después de un varapalo terrible en París, la que se alzara con el segundo Grand Slam de su carrera. Esta vez no estaba Serena, estaba Venus, pero el césped de Londres es tan clásico que, de vez en cuando, entiende y respeta que el relevo de campeonas es ley de vida incluso dentro de esas cuatro paredes.

Nueva York. Una oportunidad multiplicada a cada ronda que pasaba terminó provocando uno de los partidos menos claros y más emocionantes de la temporada. Dos estadounidenses, dos talentazos, dos mujeres que buscaban algo de aire después de un curso en el que no acabaron de encontrar su lugar. Madison Keys hubiera sido una campeona igual de merecida tras su brillante verano, pero los libros de historia jamás podrán olvidar la novela que Sloane Stephens acabó firmando en la Gran Manzana un año después de plantearse la retirada. La tenista afroamericana pasó de estar fuera de las 900 primeras del mundo a ser campeona de Grand Slam en apenas dos meses, en cuatro torneos, en dos suspiros. Su tenis regular, sólido, ofensivo y efectivo enamoró a toda la grada en Flusing Meadows y cerró así una temporada preciosa donde cuatro mujeres se repartieron el botín en las cuatro estaciones repartidas en el tiempo.

¿Qué momento de los cuatro fue vuestro favorito? ¿Cuál os pareció mayor sorpresa? ¿Creéis que en 2018 volveremos a ver a cuatro campeonas diferentes?

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