Maria Shishkina, el diamante que se rompió al pulirse

A los 13 años ya firmaba contratos con marcas deportivas y se la consideraba la futura número 1 del mundo. Ahora, con 18, casi no juega.

Juguete roto. Es una expresión que suele emplearse para definir aquello que parece predestinado a la gloria a una edad muy temprano pero que escoge caminos equivocados. Presa de su bisoñez, de malos consejeros y de la incapacidad para canalizar una presión excesiva, Maria Shishkina ha caído en el olvido. Su nombre resonaba con fuerza allá en 2011 cuando ingresó en la Academia de Tenis Nick Bolletieri y asumió con entereza el papel de futura número 1 del mundo.

Asesorada por el mismo agente que tenía Maria Sharapova, firmó un contrato de representación con IMG y fue imagen de la marca Under Armour; todo ello con 13 años. ¿Es capaz una niña de gestionar todo eso? La respuesta es evidente: No. Hija de un boxeador profesional y una montañera, ambos de Kazajstán, Shishkina cruzó el charco con tan solo 7 años y ha vivido una auténtica odisea para poder instalarse con sus dos padres en el país de las barras y estrellas. Lo primero que hicieron al pisar suelo estadounidense fue ir a la renombrada Academia Nick Bolletieri, donde los entrenadores asistieron asombrados a una exhibición de una niña prodigio.

Las cosas fluían solas, la lógica se imponía y ese talento puro no podía ser desaprovechado. Mucho más alta que sus coetáneas, con un movimiento de piernas asombroso y un dominio de toda la amalgama de golpes, hasta el propio Nick Bolletieri se rendía a la evidencia. Aprendía rápido y a los 13 años cosechaba triunfos en los torneos juniors más importantes del país, como el Eddie Herr y la Easter Bowl pero su progresión se cortó de plano.

Con 14 años era la número 89 del mundo en el ranking ITF Junior pero algo se rompió dentro de ella. Comenzó a no comulgar con la manera de trabajar, a recibir más atención por sus condiciones de top-model y a distraerse y ser distraída del camino del deporte. A esto se le sumó una fractura de muñeca mal curada que se volvió a fracturar un tiempo después, viéndose abocada a la cirugía y estando dos años en el dique seco.

Abandonó la Academia de Tenis Nick Bolletieri para buscar refugio, intimidad y discrección en Bradenton, junto a Denis Peligrin. "Quería un entorno más tranquilo, donde se me diera una atención más personalizada y humana. Ha sido muy frustrante para mí estar tanto tiempo alejada del tenis pero no puedo cambiar el pasado. Deseo que el tenis vuelva a apasionarme", decía la kazaja en declaraciones recogidas por Herald Tribune, después de que consiguiera clasificarse para el cuadro final del torneo ITF Osprey.

Pero fue un espejismo. Volvieron las molestias físicas y vagó por las pistas cosechando decepciones. La temporada 2017 es un erial para una mujer que tan solo ha disputado un torneo, el de Baton Rouge, donde no pudo pasar del segundo partido de la fase previa. Habiendo cumplido 18 años, Shishkina ha decidido enrolarse en la Tyler College, una universidad poco competitiva en lo que a tenis se refiere y con la que no está cosechando buenos resultados.

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Su perfil de Instagram supone el fiel reflejo de cómo el tenis ha pasado a un papel secundario en la vida de Maria Shishkina. Viajes constantes a todo tren, fotografías con amigos y pareja en lugares paradisiacos y, en definitiva, carencia de un oficio estable y de señales que inviten a pensar que quiere volver a intentar jugar al tenis al máximo nivel. Dolorosa historia que demuestra lo difícil que es saber gestionar el éxito tan joven.

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