Krajinovic va muy en serio

Derrota a John Isner y disputará en París su primera final de Masters 1000. Lo hará, además, partiendo desde la fase previa, como Janowicz en 2012.

Krajinovic no deja de soñar en París. Foto: Getty
Krajinovic no deja de soñar en París. Foto: Getty

La primera semifinal del Rolex París Masters de 2017 acabó en la misma línea que todo lo que llevamos de torneo, con una sorpresa soberana. Filip Krajinovic, número 77 del mundo y habitante de la fase previa hace una semana, derrumbó la muralla de John Isner (6-4, 6-7, 7-6) para avanzar a la primera final de su carrera, nada más y nada menos que un torneo de Masters 1000. En una semana que jamás olvidará, el serbio ya tiene asegurado poner los pies en el top40 de la clasificación y ya no tiene nada que perder mañana. Allí cruzará con Sock o Benneteau.

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El partido era trampa, eso estaba claro. Un jugador consolidado como Isner ante un novato, que no un niño, como Krajinovic. El serbio, una de las grandes revelaciones del año (y uno de los mejores regresos según los ATP Fan Awards) no tenía ya nada que perder después de sumar cinco victorias en lo que iba de torneo. Ante Nadal se libró de saltar pista y hoy el miedo le duró un juego. Concretamente, el segundo del partido, donde tuvo que salvar tres bolas de break para que su rival no empezara ya dos pasos por delante en el marcador. Pero salvó la primera, luego la segundo y luego la tercera. Y pensó: “Pues igual sí puedo hacerle frente”. Desde entonces el primer set se introdujo en una igualdad competitiva que terminaría cayendo de lado del balcánico. Ante todo pronóstico, sí, pero más que merecido.

No era fácil romperle el servicio al americano, uno de los mejores sacadores del vestuario, pero a Filip le bastó con que se le abriera una puerta. Una de una, suficiente. Ruptura y primera manga al bolsillo. Su rival metía más ganadores pero también fallaba más, aunque no en exceso. La estrategia de hacerle correr estaba dando resultado y además con la derecha estaba errando más de la cuenta. Seguramente, a varios kilómetros de la capital francesa, un Novak Djokovic loco por volver a las pistas estaría viendo orgulloso cómo otro serbio estaba dejando el listón alto bajo la cubierta de Bercy. Curiosamente, uno de los pocos hombres que le tienen ganado el H2H al ex número 1 mundial, aunque esto ya es otra historia.

Pero claro, una cosa era pasar a la final y otra era pasar sin sufrir. Krajinovic sabía que ambas opciones le valían pero también sabía que ninguna estaba asegurada. En el segundo parcial volvió a competir muy bien, las cosas como son, al igual que Isner, quien subió ligeramente sus porcentajes. Ninguno de los dos pudo encontrar la oportunidad de romper, así que el tiebreak les esperaba con las manos abiertas. Sobre todo al de Greensboro. Allí el estadounidense se hizo fuerte con su servicio y mandó el partido al set definitivo, generando quizá cierta inquietud en su rival en una situación en la que ni mucho menos estaba curtido.

Era un cuento de hadas que se metía en una cueva donde ya no valían las pruebas y, por si faltaba emoción, en medio de una guerra sin favorito desde hace tiempo, otro desempate asomó en el horizonte para cerrar la velada con el mayor de los misterios. Allí, en su hábitat natural, Isner debía hacerse grande, y así lo demostró arrancando con un 3-0 a s u favor, pero aquella historia de Filip no podía acabar así. No podía despertar todavía. Forzó la maquinaria, igualó, remontó y se sacó una determinación y una sangre fría nunca antes mostrada. Era el momento y lo aprovechó, como los grandes. Mañana el serbio disputará su primera final profesional, en París, en un Masters 1000 y quizá ante un tenista local. No serán los mejores del vestuario, pero seguro que esta historia tardaremos en olvidarla.

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