Un rey en busca del trono

Con el objetivo del Nº1 todavía muy lejos, Roger Federer supera a Nadal por quinta ocasión consecutiva y se proclama campeón en Shanghai.

Una victoria en forma de mensaje: “No te escapes, todavía sigo en la pelea”. Roger Federer conquistó este domingo su segunda corona en el Masters 1000 de Shanghái (2014) después de vencer por quinta ocasión consecutiva (cuarta esta temporada) a un Rafa Nadal que no pudo dar fe de su número 1 del mundo (6-4, 6-3). Precisamente ese ranking es el que busca el suizo, aunque lo niegue, acercarse lo máximo en la clasificación y que en Londres pase lo que tenga que pasar. De momento, la partida sigue en el aire, pero las fichas las mueve el oriundo de Basilea.

Las primeras noticias que vimos del partido en pantalla no fueron nada favorables para Nadal, las cosas como son. Lo primero, un vendaje en su rodilla derecha que reflejaba el cansancio y la acumulación de partidos que arrastra el balear desde el US Open. ¿Dolor? Seguramente, pero nada que le impidiera competir como siempre. Lo segundo, esto sí que ya más preocupante, la lluvia en Shanghai. Una lluvia que obligaba a cerrar las compuertas y provocaba que la bola fuera mucho más candente. Ya le pasó ayer a Del Potro, quien avisó tras su derrota: “A esta velocidad es muy complicado para a Roger, aunque igual mañana Rafa es capaz”

La cuestión era intentarlo, ver hasta dónde podía llegar un hombre que llegaba de ganar en Nueva York, en Pekín y con la etiqueta de número 1 del mundo. Quizá la palabra ‘favorito’ no hacía del todo justicia, mucho menos cuando se enfrentan estos dos, mucho menos cuando está Federer en el ajo, pero si alguien era el rival a batir, ese era el balear. Por eso el suizo salió con todas sus armas, con el saque ajustado como en los viejos tiempos y llevando a cabo una ofensiva que buscaba derrumbar la fortaleza del español. Tan claro tenía el sistema que rápidamente, en el primer juego, encontró recompensa. Una ruptura que se consolidaba a la tercera bola de break y que hacía presagiar una superioridad que no esperábamos. Quizá la misma que vimos en Indian Wells o en Miami.

Federer jugaba a otro ritmo, con el saque como elemento capital y el revés paralelo sin miedo, sin titubear, tal y como lo vimos en Melbourne. Algo más cansado pudimos ver a Rafa, desbordado en los peloteos largos, e incapaz de hacer daño con su drive, quien apenas encontró lugar en el partido. Lo positivo es que el techo gobernaba para los dos, y algún buen saque sacó del apuro al de Manacor, siempre un paso por detrás que su rival. En su cabeza, seguramente, saltarían imágenes de una rivalidad que llegó a situarse en 23-10, tan a su favor que nunca llegó a pensar que algún pudiera darse la vuelta. Hoy, con 23-14, todavía faltaba mucho para que el balance girase, pero el concepto era evidente: Roger había encontrado de jugarle y de ganarle.

El final fue todavía más rápido, sin opciones de vuelta, sin puertas abiertas, sin bajar el pie del acelerador de un Federer enfocado en su tarea. Doble break, uno pronto y otro más tarde, para alejar del sueño del triplete a un Nadal que no le alcanzó para frenar al helvético. Semana mágica del suizo que termina con su 27º Masters 1000, con su victoria 700 en pista rápida y con un sabor de boca buenísima tras ganar al mejor jugador del momento. Nos queda poquito de temporada, pero seguro que nos vamos a divertir.

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