La Laver Cup dio una lección a la Copa Davis

La Copa Davis ha quedado "tocada" tras lo visto este fin de semana en Praga y si no reaccionan pronto, pueden llegar a perderse por el camino.

Decía Charles Darwin que "las especies que sobreviven no son las más fuertes, ni las más rápidas, ni las más inteligentes sino aquellas que se adaptan mejor al cambio". Este pasado fin de semana descubrimos una nueva "especie" en forma de evento que demostró a todo el mundo que bien tratada, una competición por equipos en medio del calendario tiene vida. Y mucha. La Copa Davis y la ITF han quedado muy tocados después de ver lo ocurrido con la Laver Cup.

Y es que hace muchos años que los tenistas vienen diciendo que el formato de la Davis necesitaba un cambio pero la ITF hacía oídos sordos. No fue hasta 2015 que decidieron implantar el tiebreak en el quinto set después de ver ese mismo año el partido más largo de la historia de la competición con 6 horas y 42 minutos entre el argentino Leo Mayer y el brasileño Joao Souza. Ese fue el encuentro que sirvió como punto de inflexión para el cambio por lo contraproducente para el estado físico de los tenistas y es que tanto a Leo como a Joao les costó semanas recuperarse del tal esfuerzo, como ellos mismos confesaron teniéndose que bajar incluso de los torneos que tenían a la semana siguiente con lo que eso supone para sus carreras.

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David Haggerty, presidente de la ITF, se ha ido moviendo a pasos pequeños desde 2015 para introducir nuevos cambios pero las propuestas no han generado ningún tipo de ilusión. Se ha hablado de cambiar la final a una sede conjunta y como mucho, discutían pasar los partidos al mejor de tres sets y no de cinco. Supone más de lo mismo en una competición histórica que sigue prácticamente igual desde comienzos del siglo pasado y que no se ha adaptado a los cambios. No supone ninguna sorpresa que los mejores tenistas del mundo pasen en su mayoría de jugarla una vez ya la han ganado anteriormente.

Es entonces cuando llega la Laver Cup, un evento cuya organización ha sido realizada por tenistas por lo que ellos mejor que nadie saben lo que hacen. Muchos estaban expectantes por ver lo que podía dar de sí este evento pero tras pocos minutos delante del televisor es imposible no engancharse. Ver a dos figuras tan icónicas como Borg y McEnroe en los banquillos añadían ese especial picante pero lo mejor de todo es cómo trataban al espectáculo y la realización del torneo fue sencillamente magnífica.

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Imperdible esos momentos previos al partido cuando una cámara rodeaba la mesa de técnico y jugadores, hablando sobre las estrategias a realizar para el encuentro. Fue una inclusión a esa parte del tenis que nunca se ha visto previamente y que tanto gustó al espectador. En las redes sociales sólo se veían comentarios positivos acerca de esta novedad, algo que también pudimos ver en los intercambios cuando un micrófono captaba todo lo que los jugadores decían. Esto hacía partícipe al espectador de todo lo que estaba viendo y rompía un poco esa barrera existente en el tenis donde todo lo que ocurre era demasiado hermético.

El super tiebreak es otra de las novedades del evento que añadían un plus de emoción a los partidos. ¿Para qué meternos en sets interminables que cansan al espectador y a los tenistas? Eventos de este tipo, donde existen competiciones por equipo, requieren de ritmo, energía y tensión y la Laver Cup ha sabido verlo a la perfección añadiendo esta novedad a los encuentros. La gran mayoría de los partidos se decidieron por este procedimiento y mantuvieron a los espectadores enganchados tras la pantalla.

La pista que crearon en el O2 Arena de Praga fue otro de los grandes aciertos del evento. El novedoso color de la pista en gris ceniza daba un toque elegante y permitía ver la bola por la pantalla de forma muy fácil. A eso hay que sumar la presencia de varios de los mejores del mundo y es que, ¿a quién no le resultaba emocionante ver en el mismo lado a jugadores como Federer, Nadal o Zverev? Cuando todos se acercaban al banquillo a dar consejos a los jugadores que estaban en pista y verles animar desde la grada dieron momentos inolvidables y es que el deporte en equipo también es eso, algo que no deja ver a la Davis y es que los propios deportistas se vean rodeados por sus compañeros y que ellos mismos puedan dar sus puntos de vista sobre las tácticas que podrían realizar.

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De exhibición tuvo poco, ya que todos los tenistas dieron el máximo para ganar sus partidos. Ver a Kyrgios derrumbarse por la derrota final ante Federer y la alegría de todos los miembros del equipo Europa así lo demuestran y es que un evento bien tratado, con un buen marketing alrededor y una organización experimentada, así como unas reglas novedosas y que faciliten la participación de los mejores del mundo forman la mezcla perfecta para un torneo imperdible para cualquier aficionado al tenis.

La Copa Davis no se ha adaptado al medio. Los tiempos actuales no son los mismos que hace 30 o 40 años y una competición por equipos como la Laver Cup es justo lo que el espectador solicitaba. Se han acomodado y si no reaccionan pronto puede que se pierdan por el camino ya que todo lo que hagan ahora, siempre lo harán yendo por detrás de este nuevo evento. Aún así, todavía tienen tiempo de crear algo novedoso e impactante y es que ellos pueden jugar con la carta de las naciones y crear una competición tipo Copa del Mundo que durase sólo una semana y con reglas como las que hemos visto este fin de semana sería un gran avance y algo que crearía ilusión tanto en jugadores como aficionados.

La Laver Cup dio toda una lección a la Copa Davis y sus organizadores de cómo se debe tratar hoy en día un torneo de este tipo y es que, ¿quién no se ilusiona al pensar en lo que 2018 podría traernos con Djokovic, Murray, Nadal, Federer y Wawrinka en el mismo equipo?

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