Dominic Thiem y el riesgo de la timidez

El tenista austriaco se ha convertido en uno de los top10 del momento. Sin embargo, parece que no acaba de conectar con la grada. ¿Le falta carisma?

Dominic Thiem durante la sesión de fotos. Foto: GQ
Dominic Thiem durante la sesión de fotos. Foto: GQ

Todo nace de un interesantísimo reportaje realizado por la revista GQ en la que periodista, Chloé Cooper, realiza un seguimiento a Dominic Thiem durante el último US Open para descubrir algunos de sus secretos más ocultos. Cómo juega, cómo se comporta con el público, cómo reacciona ante la prensa o cómo responde ante el trato con las personas son algunos de los detalles que la escritora va punteando durante los ocho días de competición que el austriaco dura en el último Grand Slam de la temporada. Una pieza de la cual extraeremos las mejores partes y que deja un debate claro sobre la mesa. ¿Está pasando demasiado inadvertido Dominic Thiem por el circuito?

El viaje de nuestra compañera periodista avanza en cada ronda pero detiene toda su carga dramática en el último, el de octavos de final ante Juan Martín Del Potro. Es allí donde se enfrentan uno de los jugadores más queridos y con más apoyo del mundo ante el número 8 mundial, un joven de 24 años que ya sabe lo que es ser parte del top10, que sabe lo que es ganar a Nadal en tierra y a Federer en hierba, en fin, uno de los nuevos talentos que deben despertar el interés y la pasión en el nuevo público. Pero el austriaco va ganando dos sets a cero y la gente no reacciona, no encuentra estímulo. Solo cuando el argentino empieza la épica remontada comienza la revolución en los asientos hasta el momento en que logra sellar la victoria. Allí, casi literalmente, se cae el estadio.

La periodista, que lleva siguiendo a Thiem desde Roland Garros, sabe muy bien que Dominic es dinamita pura en pista, conoce al dedillo su precisión al servicio, su plasticidad con el revés y su potencia con la derecha. Sin embargo, no entiende por qué su figura no acaba de encajar con el aficionado, por qué existe esa barrera que impide que su personalidad llegue hasta la gente de a pie. Desde fuera, el pupilo de Günter Bresnik solo transmite la idea de ser un gran jugador, de ser un gran currante y de tener mucho futuro por delante. Pero en el terreno de los sentimientos, no hay resultado alguno.

“Está bien si la gente me ve así, pero en realidad hay muchos otros jugadores que están trabajando con la misma intensidad. De lo contrario no sería tan bueno. También hay algunos jugadores que trabajan menos, obviamente, pero aquí cada uno es realmente diferente. En mi caso, soy un jugador o una persona que necesita trabajar mucho, sino no consigo jugar bien. Por supuesto, también me tomo mis días libres”. Esta es la respuesta que le entrega Dominic a Chloé en una de sus entrevistas personales. Correcta, sin riesgo, demasiado plana y previsible. Esto los periodistas lo saben y de aquí nace precisamente la segunda anécdota del artículo.

Antes de chocar ante Del Potro, el austriaco debe deshacerse en tercera ronda de Adrian Mannarino. El partido se antoja trabajado, pero lo acaba sacando en tres mangas. Uno de los grandes favoritos por esa parte del cuadro cierra con una nueva victoria y acude rápidamente a sala de prensa. Allí en Nueva York, por cierto, existen dos cuartos de prensa: uno grande y otro más pequeño. Thiem, obviamente, se dirige al grande para responder todas las cuestiones de los periodistas. Qué sorpresa que al llegar, la conferencia se queda en el aire al no haber ni una sola pregunta para él. Solamente cuatro periodistas alemanes se hallan presenten en el acto y deciden esperar para dialogar con él en privado. Definitivamente, algo pasa con Thiem.

“Al principio, para mí era muy difícil hablar frente a toda esta gente, pero ahora estoy más acostumbrado. No me importa hablar de mí hasta cierto punto, pero creo que hay ciertas cosas de mí mismo que nadie tiene que saber". Es una actitud tímida, reservada, una personalidad por descubrir que, pese a que cada vez va dando más con el paso del tiempo, sigue siendo una ofrenda a cuentagotas, insuficiente para lo que el gran público espera de un número 8 del mundo. Ahí está la labor del periodista, intentar llegar hasta el fondo del jugador para mostrarle a todo el mundo sus miedos, ilusiones, debilidades y pasiones en lo que respecta a este deporte y, si tienen suerte, también en lo referente a lo que hay fuera.

Sirva otra muestra para reflejar la frialdad de Thiem en cada palabra que dicta. Esto fue lo que dijo tras caer ante Del Potro. “Por supuesto que la multitud estaba de su lado, pero aun así fue una gran atmósfera. Quiero decir, no todos los días se juega ante una atmósfera como esta. Lo estaba disfrutando, en realidad. Además, la multitud tampoco fue injusta en absoluto. Estuvo bien”. Políticamente correcto hasta el final, ese es el trato eterno de Dominic. Nunca una palabra más alta que la otra, nunca enseñar más de lo justo y necesario que se deba saber. Un ser humano por descubrir que ya forma parte del día a día pero que se reserva su parte más íntima. Seguramente en el futuro gane Roland Garros, seguro que algún Grand Slam, más, quién sabe si llegará a ser número 1, pero una cosa está clara: la huella que deje no será tan especial como la de otros.

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