Copa Davis 2017. Argentina, cómo pasar de la gloria al infierno en menos de un año

Analizamos cómo el vigente campeón ha podido perder la categoría y repasamos otros casos similares en la historia de la Copa Davis.

Los héroes se pueden convertir en villanos en un abrir y cerrar de ojos, y la magia es que en sentido contrario también, pero si algo trasciende en la Argentina, es el apoyo incondicional a sus colores y la garra y el orgullo con que el país se levanta de cualquier traspiés, ya sea político, económico o deportivo. Necesitarán de esas virtudes para sobrellevar la mayúscula decepción que ha supuesto la pérdida de la primera categoría de la Copa Davis debido a la concatenación de dos eliminatorias seguidas cayendo derrotados después de haber sido campeones menos de un año antes.

Juan Martín Del Potro fue el mesías del milagro argentino en 2016, emergiendo de sus cenizas e infundiendo a todos sus compatriotas sensaciones ya casi olvidadas en el mundo del tenis. La hazaña del tandilense hizo que secundarios como Federico Delbonis o Guido Pella ofrecieran su mejor rendimiento, cosa que no ha ocurrido en un 2017 en el que el sueño ha tornado en pesadilla. Con el hijo pródigo de la patria retirado a un merecido descanso, la albiceleste se torna de negro como luto por la pérdida de categoría. Un resultado tan categórico y sorprendente como la Ensaladera cosechada hace menos de un año.

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La progresión en el circuito ATP de Diego Schwartzman hacía presagiar buenas noticias para los argentinos, pero el bonaerense no ha podido responder a su rol de líder espiritual ante una Kazajstán que preparó una emboscada mortal. Pero no se puede cargar con toda la responsabilidad a un hombre que tan solo había disputado tres partidos antes de esta eliminatoria a domicilio. El mayor traspiés fue caer en primera ronda, allá por el mes de febrero, en casa y ante una Italia sin Fabio Fognini.

Daniel Orsanic tuvo que hacer malabares para tratar inculcar a sus jugadores que ese duelo no era un mero paseo triunfal ante sus entusiastas jugadores, sino que se estaban jugando la vida. No parece que el poder argumentativo del capitán argentino haya sido notable; al menos así se desprende de las ausencias de Federico Delbonis y Horacio Zeballos (en ambas eliminatorias), y Leonardo Mayer (relegado al dobles ante Italia y sin comparecer contra Kazajstán). El veterano y aguerrido Carlos Berlocq acompañó a Guido Pella y no pudieron derrotar a los transalpinos.

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Jugarse la vida fuera de casa, ante un equipo cuyo rendimiento de sus jugadores crece como la espuma cuando se enfundan su camiseta nacional y en una pista muy rápida e indoor, podía hacer presagiar la culminación de la debacle, que un Diego Schwartzman algo fatigado tras su gran US Open no pudo evitar. Sorprende la pareja de dobles que tuvo que emplear Orsanic, con Máximo González y Andrés Molteni, y fue ahí donde se echó de menos a jugadores de mayor entidad y experiencia.

Tan solo había ocurrido esto en dos ocasiones precedentes y son ya lejanos. Hay que remontarse al siglo XX para ver cómo Francia, ganadora en 1996, perdía la categoría al año siguiente. Los galos mantuvieron el equipo vencedor, con Cedric Pioline como punta de lanza y acompañantes de lujo en Adrien Boetsch y Guy Forget, pero se vieron encuadrados con la Australia de Patrick Rafter y Tom Woodbridge, imbatibles sobre la hierba de Sidney. Bélgica condenó al ostracismo a sus vecinos en la eliminatoria por la permanencia, en la que Pioline solo jugó un punto y lo perdió, al igual que Fabrice Santoro.

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El otro precedente se produjo tan solo dos años después y Suecia fue la protagonista. El núcleo duro del equipo ganador formado por Magnus Norman, Jonas Bjorkman y Magnus Gustafsson, se desintegró para dar paso a jóvenes valores com Thomas Johansson y Thomas Enqvist que se vieron sorprendido en casa ante Eslovaquia. La puntilla la puso en el playoff la Austria de Stefan Koubek (aunque el héroe de la eliminatoria fue Markus Hipfl). Los suecos llamaron al núcleo duro que consiguió la Ensaladera el pasado año pero se vieron descendidos.

En ambos casos, tardaron solo un año en regresar al Grupo Mundial, algo que buscará con ahínco Argentina. Las señales de futuro son halagüeñas para una nación que ha de seguir confiando en Diego Schwartzman, acogerse a una carrera longeva de Juan Martín Del Potro y confiar en que Axel Geller, número 2 del circuito junior y finalista en Wimbledon y US Open en esta categoría, pronto pueda dar un salto de calidad que le permita asumir cierta responsabilidades para con su país.

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