Este David sí puede con Goliat

Goffin remonta un partido vibrante ante Nick Kyrgios y la semifinal entre Bélgica y Australia se decidirá en el quinto punto. Francia ya espera en la final.

Goffin obró el milagro ante Kyrgios. Foto: Getty
Goffin obró el milagro ante Kyrgios. Foto: Getty

Una tarde inolvidable que David Goffin jamás olvidará. A falta todavía de la celebración del quinto y definitivo punto entre Bélgica y Australia, el tenista de 26 años ya puede darse por satisfecho después de mantener a su país en la lucha por la serie. Remontando un set abajo ante Nick Kyrgios (6-7, 6-4, 6-4, 6-4), el número 1 del conjunto europeo consiguió tirar del carro de su selección en un duelo cargado de emociones para dejar toda la eliminatoria en el aire. A continuación, si no hay cambios de última hora, Steve Darcis y John Millman saldrán a pista para luchar por ese billete que les permita pelear por la Copa Davis en noviembre ante Francia.

Era el más grande contra el más pequeño. El fuerte contra el débil. El alto contra el bajo. Mil estereotipos representados en este cuarto punto de la serie entre Kyrgios y Goffin, un punto que bien sería el último… o el penúltimo. Mirando las condiciones de cada uno, el australiano era superior. Mirando las condiciones de la pista, el belga partía como favorito. Mirando el ranking, apenas ocho puestos de diferencia entre uno y otro, aunque ya sabemos que en la Davis de poco sirven los números. Aquí solo vale la experiencia y la sangre fría para tirar de todo un país hacia delante. Se notó la presión sobre la arena desde la primera bola, tanto fue así que ninguno pudo hacer ningún tipo de daño desde el resto. El tiebreak decidiría el primer asalto y allí, con su gran servicio, el de Canberra disparó primero. Australia se quedaba a dos sets de la gran final de Copa Davis.

Pero si algo tiene Goffin y por eso lleva rondando el top10 ya varias temporadas, es su poder mental. La capacidad de abstraerse de la situación y seguir peleando, el instinto de supervivencia multiplicado por diez cada vez que juega bajo la bandera de su país. A David no le asustaba hoy un partido largo y por eso, nada más recibir el palo, saltó a la cancha a romper el saque de su rival. En el primer juego. Al belga le cuesta mucho aprovechar estas oportunidades pero, si les da caza, luego es complicado sacarle de la dinámica. Así fue como, con tan solo un break, Goffin fue remando con el viento a su favor hasta cerrar el segundo parcial por 6-4. Kyrgios, confundido, empezaba a sentir todo el calor de una grada que no respondía precisamente a sus intereses. Australia seguía a dos sets de la gran final, pero el ambiente ya no pintaba tan grato como hacía 40 minutos.

La dinámica había cambiado de bando en un momento y eso se notaba en cada rostro presente en el área. Kyrgios había pasado de caminar con total seguridad a quejarse prácticamente por cada detalle. Tampoco Hewitt mostraba su mejor cara, mirando al suelo al ver que la situación se podía complicar. Goffin, sin embargo, mantenía el semblante, enfocado en su trabajo y en seguir construyendo la remontada. El tercer set se parecería en muchas cosas al segundo: solamente habría un break y el vencedor sería de nuevo David. Esta vez con 2-2, típico punto de inflexión en cada manga, allí fue donde el belga apretó las tuercas a su oponente para acelerar hasta un 6-4 que encendía las alarmas en el círculo oceánico. El público, mientras tanto, se volvía loco ante el espectáculo recibido.

Se juntaron todos los elementos para que Goffin firmara una de sus grandes actuaciones. Sobre la pista, el de Rocourt pasó a ser inexpugnable. No solamente sacaba de maravilla, sino que parecía restar absolutamente todo lo que le llegase. Kyrgios estaba al borde de la desesperación aunque por fuera todavía se mostrase contenido. De nuevo fue David el que se animó a romper con 3-3. Al juego siguiente se la devolvió Nick. Y al juego siguiente, volvió a quebrar el belga. Una locura a la que acompañaba incluso la radiofonía, pinchando la sintonía de Star Wars cuando el tenista local saltó del descanso con 5-4 para sellar el empate a 2-2 en la eliminatoria. Y así lo hizo, demostrando que es posible tumbar a Goliat y dando aire a una Bélgica que todavía sueña con enfrentarse a Francia en próxima final.

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