Con buen humor, todo se lleva mejor

Juan Ignacio Chela y Diego Schwartzman se han convertido en una de las combinaciones más exitosas del circuito. ¿Cuál es el secreto? 

Hace poco más de un año que Juan Ignacio Chela pasara a formar parte del equipo de trabajo de Diego Schwartzman. Lo cogió en el top70 y sin saber lo que era ganar dos partidos seguidos en un Grand Slam. De agosto a agosto, muchas cosas han cambiado. Como por ejemplo, que mañana el ‘Peque’ disputará en el US Open por primera vez unos octavos de final en torneos de esta categoría. Que lo hará después de vencer al gran favorito de la parte baja del cuadro, el número 7 mundial Marin Cilic. Además, lo hará siendo ya virtual top30 de la clasificación y con la etiqueta de ser ya el mejor argentino del momento. ¿Cómo hicieron para avanzar tanto en apenas doce meses?

“¿Qué aporta Chela. Un poco de todo, creo que sus experiencias como jugador son muy buenas para mí, sabe bien lo que tengo que hacer dentro y fuera de la cancha”, responde el de 25 años en declaraciones recogidas por la ATP justo antes de romper la barrera de la segunda semana en Grand Slam. “Más allá de que su físico es diferente al mío, tenía un juego de base, de partidos largos, de pasar muchas pelotas… Sabe lo que tengo que hacer, en qué momentos ser más intenso. Es algo importante y venimos trabajando bien, los años me están haciendo mejorar en algunos aspectos”, reconoce el actual 33º del mundo.

“La verdad es que nos llevamos muy bien y conectamos mucho”, añade Chela. “Los dos somos muy relajados pero tenemos las cosas muy claras. Cuando trabajamos lo hacemos con mucha seriedad pero también sirve mucho descomprimir y quitar dramatismo a todo aquello que sucede en el circuito. El circuito es muy duro y muy exigente, con mucha presión. En los momentos que tenemos ganas, montamos videos y los compartimos en redes sociales”, confiesa.

Lo cierto es que ya no es sorpresa verles compartir imágenes y vídeos de humor en sus redes sociales, pareciendo como si estuvieran todo el día de risas pero siendo precisamente ese buen humor y filosofía positiva el nexo de una relación que ha ido del plano personal al profesional. Era su primera experiencia como técnico, pero el bonaerense de 38 años ha demostrado que no solamente es un gran ex jugador y un excepcional humorista. También conoce las armas para motivar, instruir y gestionar las dudas de una deportista de élite.

Las bromas son muy habituales entre nosotros y nos sirve de mucho para descomprimir”, reconoce el ex número 15 del mundo. “Además, Diego siempre tiene buena actitud en los entrenamientos, es un jugador muy sólido y que da mucho ritmo. Por eso gusta tanto a los jugadores top entrenar con alguien como él”, señala el campeón de 6 títulos ATP y uno de los componentes de La Legión argentina, dominadora del tenis masculino hace una década.

“Esperemos que todavía este lejos de su techo”, apunta Juan Ignacio. “La devolución es lo mejor que tiene y también su manera de competir. Es muy fuerte mentalmente, un grandísimo competidor. Nos sigue sorprendiendo a todos porque mejora día a día”. El próximo reto será el francés Lucas Pouille, otra tenista que busca romper sus moldes para dar un paso al frente ante las marcadas ausencias del torneo.

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