La tormenta peRFecta

El suizo aplasta al menor de los Zverev y se corona campeón en Halle por novena vez. Iguala los 4 títulos de Rafa Nadal en la presente temporada.

Fueron 53 minutos de tenis que Alexander Zverev nunca olvidará. Por segundo año consecutivo, el alemán llegaba a la final de Halle con el sueño de conquistar su primer título sobre hierba pero en ella se encontró a un Roger Federer intratable, incombustible, disfrazado por momentos de un Dios todopedoroso que no juega las finales, las gana. Tal y como hizo en Australia, Indian Wells o Dubai, el suizo volvió a dar muestra de su superioridad en el Gerry Webber Open (6-1, 6-3) por novena vez y, de seguir así, no parece que vaya a ser la última. No fue la guerra soñada, pero sí fue el monólogo perfecto.

Lo primero que supimos de la final de Halle es que se jugaría bajo techo. La lluvia, campante un día más en el cielo alemán, hizo acto de presencia para desequilibrar ligeramente la balanza a favor del ocho veces campeón del torneo (SPAM: esta frase quedará obsoleta al finalizar el artículo). Federer sabía bien el elemento que hoy tenía enfrente, solo tenía que repasar la cinta del curso pasado, cuando el propio Alexander le apeaba del torneo en semifinales. Incluso no hacía falta irse tan atrás, este mismo enero ya dio buena cuenta de ello en la Copa Hopman, donde el de Hamburgo supo asestar la primera derrota del suizo en la temporada. La diferencia es que hoy sería sobre hierba, en un partido oficial y en una final.

Novak Djokovic logró en Montréal 2007 batir un récord que hasta hoy perdura en los registros: ser el tenis más joven en ganarle una final a Roger Federer. Por aquel entonces el serbio marcaba 20 años y 82 días. Hoy, Alexander Zverev lucía 20 años y 66 días. El récord por batir resultaba muy apetitoso, por eso lograrlo cobraba todavía más dificultad.

La segunda noticia que tuvimos del partido fue que Roger Federer había llegado a la final para ganarla. No se rían, no siempre lo demuestra de una manera tan clara. Dejando atrás algunas actuaciones discretas a lo largo de la semana, el de Basilea decidió subir el nivel hasta una altura que incluso los 198 centímetros de Zverev se quedaron pequeños. Ganando todos los puntos con el primer servicio, torturando a su rival en la red y añadiendo ese extra de magia de un tarro que solamente el suizo contiene, Federer tejió un 6-1 que cabreó a ciertos espectadores presentes. Oigan, ¡que las entradas no son baratas!

Hubo algunos optimistas que pensaron que el panorama guardaría algo de equilibrio en el segundo acto, y sí, fue un poco mejor: Zverev pasó de firmar un juego a firmar tres. Lo dicho, cuando Federer se levanta con ese aura en su raqueta, lo único que puedes hacer es coger tus cosas, recoger la bandeja de plata y poner rumbo al hotel. Alexander fue cortés y esperó hasta el último punto, el que le daba a Roger el 92º título de su carrera, e 16º sobre hierba, noveno en Halle y cuarto de la temporada. Números de otro planeta para una leyenda que cumplirá los 36 en agosto y que ya solo tiene una cosa en mente: WIMBLEDON.

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