Mónica Puig, el sueño olímpico torna en un 2017 de pesadilla

La puertorriqueña presenta un balance negativo en 2017, con más derrotas que victorias, lo que le ha costado salir del top-50.

Lo más difícil no es llegar a la cima sino legitimarse en ella. De esto puede dar testimonio Mónica Puig, que tras coronarse sus magníficas prestaciones desde 2014 con un oro en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016, parece haberse diluido cual azucarillo en café. La puertorriqueña lleva años sonando como una de las tenistas llamadas a conquistar la cúspide del tenis mundial femenino, con un corte de juego muy acorde con el siglo XXI y una gran movilidad y carisma.

Su nombre empezó a resonar con fuerza en 2013, cuando accedió a la tercera ronda de Roland Garros y octavos de final de Wimbledon con apenas 19 años. Siempre locuaz y risueña, Mónica se erigió en una referencia más allá del deporte en su país. En 2014 su progresión continuó, ya que aunque no pudo pasar de segunda ronda en ningún Grand Slam, conquistó su primer y hasta ahora único título WTA: el de Estrasburgo, sobre tierra batida y venciendo en la final a Silvia Soler-Espinosa.

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Pero cuando más cerca parecía de dar el salto cualitativo esperado, tuvo un claro retroceso. Y es que 2015 fue un año muy decepcionante, repleto de derrotas en tempraneras rondas y sin que su tenis pudiera salir a flote en las grandes citas. Sin embargo, todo cambió en 2016. El momento de Puig parecía haber llegado. Más esbelta y veloz, su tenis no era tan impetuoso y jugó con gran inteligencia.

Fue finalista en el torneo de Sidney procediendo de la previa, alcanzó la tercera ronda del Open de Australia y de Roland Garros y rindió a gran nivel en la gira sobre hierba, con unas meritorias semifinales en Nottingham y en Eastbourne, aunque llegara muy desgastada a Wimbledon, donde cayó a las primeras de cambio. Pero la confianza estaba ganada y su potencial era latente. Destapó el tarro de las esencias en los Juegos Olímpicos, donde apabulló a jugadoras como Anastasia Pavlyuchenkova, Garbiñe Muguruza, Laura Siegemund, Petra Kvitova y Angelique Kerber. El mundo estaba a sus pies, y Mónica se convirtió en una embajadora de su país allá donde iba.

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Se podía prever una cierta resaca del éxito en forma de algunos torneos a un menor nivel, pero la crisis es tan acentuada que se prolonga ya casi un año. Y es que desde que se alzara en Brasil con la presea dorada, la puertorriqueña presenta un balance de 16 victorias y 20 derrotas. Ni siquiera el descanso entre una temporada y temporada sirvió para que Puig asimilara lo logrado y pudiera recuperar la tendencia positiva.

Su único resultado destacable este año fueron las semifinales en Doha, donde sucumbió ante Caroline Wozniacki. Con su ausencia en las dos primeras semanas de torneos sobre hierba, Mónica Puig ha perdido muchos puntos y se verá relegada fuera del top-50 en la actualización del ranking WTA del próximo lunes. Se prevé que sea de la partida en el torneo de Eastbourne, donde tendrá que buscar buenas sensaciones para intentar llegar a Wimbledon 2017 con ciertas garantías de poder resurgir de entre sus cenizas. ¿Podrá volver a jugar este año al nivel que lo hizo la pasada temporada?

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