El año aciago de Muguruza

Tras su derrota en París, Garbiñe cierra un año complicado donde ha podido acusar la losa de favorita desde que ganara Roland Garros el año pasado.

Muguruza en Roland Garros. Foto: Getty
Muguruza en Roland Garros. Foto: Getty

Garbiñe Muguruza cierra un círculo muy negativo. La vigente campeona de Roland Garros se despidió antes de ayer de la posibilidad de revalidar su título en París después de ser derrotada por Kristina Mladenovic. La actitud del público durante el partido, los abucheos y posteriormente las lágrimas de la española en sala de prensa evidencian la mala situación que atraviesa Garbiñe en el circuito.

Todo mal tiene su origen, y en el caso de Garbiñe es su mayor logro deportivo: Roland Garros 2016. Muguruza consiguió poner fin a un prolongado periodo de sequía de las tenistas españolas en París y ganar de manera contundente a Serena Williams en la final para alzarse con su primera copa Suzanne Lenglen. Es la segunda española en inscribir su nombre como ganadora de Roland Garros en la modalidad de singles, lo que la aupó en la clasificación y la posicionó como la gran promesa del tenis español e incluso como la sucesora de Serena Williams al frente de la clasificación WTA.

El cliché tenístico más empleado es: “Lo importante no es ganar y subir rápidamente, sino mantenerse”. Hay tenistas que consiguen canalizar el éxito para seguir mejorando y cosechar más triunfos, y otros a los que el éxito les empuja en sentido contrario. Ganar un gran evento como Roland Garros supone una emulsión de reconocimientos, premios, admiración, relevancia mediática y respeto, que hay que saber llevar y asumir.

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Para Muguruza, ese Roland Garros está marcando un antes y un después muy negativo en su corta carrera profesional. Se puede decir que no ha sabido llevar el cartel de favorita o clara aspirante en cualquier torneo que ha disputado después. Su progresión se ha visto estancada por la ausencia de resultados que la inyecten de moral y vuelva a ser la principal lanza del tenis femenino español. Su triunfo en el polvo de ladrillo “salvó” la temporada pasada porque fue lo único destacable de la jugadora española. En las posteriores giras de hierba y pista dura, su mejor resultado fueron unas semifinales en el torneo de Cincinnati y en el resto de torneos no terminó de carburar, sin poder ganar más de dos partidos de forma seguida en ningún torneo hasta final de año.

Es relativamente normal la situación de Garbiñe. El tenis es un deporte de rachas, característica que se agrava más en el circuito WTA donde las fluctuaciones de ranking, juego y títulos es lo más habitual. Sin embargo, Garbiñe está prolongando esta racha demasiado tiempo. El aspecto tenístico y mental es lo que más preocupa. Garbiñe es una jugadora que no se caracteriza por irse de los partidos o romper raquetas, aunque tampoco cuenta con un potencial mental excelente como por ejemplo Rafa Nadal. Pero tiene armas suficientes para equilibrar esas pequeñas carencias a nivel mental. La española tiene con una derecha impecable, un revés cruzado demoledor y un saque muy poderoso. Es una tenista atípica española, pero que aúna el juego duro actual y la capacidad de luchar por cada bola.

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Es un misterio el bajón tenístico de Garbiñe porque, a nivel físico, las lesiones le han respetado y no le ha impedido practicar tenis todo este tiempo. Los golpes de la española han perdido elocuencia, profundidad y control durante los intercambios. Su saque es muy vulnerable y poco fiable. Es decir, las armas que la llevaron a tocar la gloria parecen haber desaparecido. Y lo que es peor, todavía no las encuentra.

Muguruza aterrizó de nuevo en París este año con la ambición de volver a sacar su tenis y defender al máximo su título. Los tres primeros partidos invitaron al optimismo. Schiavone, Kontaveit y Putintseva se vieron superadas por una Garbiñe que mostró destellos de la jugadora dominadora y poderosa que se espera. Sin embargo, la empresa de octavos de final se presumía harto complicada por tener a una jugadora local enfrente, una Suzanne Lenglen abarrotada y en contra, y la presión de pasar rondas para perder el menor número de puntos posibles sobre los hombros. Mladenovic aprovechó todas estas circunstancias para devolver a Garbiñe a su pesadilla particular.

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