Horacio Zeballos: “Quiero una selfie con Federer en Wimbledon”

Interesantísima entrevista del argentino donde habla de su familia, los ratos libres en los torneos y su tendencia a fotografiarse con los jugadores.

Horacio en su entrevista con La Nación
Horacio en su entrevista con La Nación

El tenis está cambiando, los tiempos están variando y los jugadores se están adaptando. En este proceso evolutivo inesperado donde el timing de madurez se ha retrasado, Horacio Zeballos ha encontrado en sus 32 años el momento de jugar más suelto y sin presión. El argentino, en un momento dulce y firmando una buena gira de arcilla europea, cuenta en una entrevista a La Nación en qué punto se encuentra su carrera, cómo gasta su tiempo de ocio y el motivo de sus famosas selfies con jugadores al término de los partidos.

Quizás no tengo mi mejor ranking, toqué el 39º, pero me siento jugando mejor, con ganas de viajar y sin problemas en tener que quedarme varias semanas o meses afuera”, declara el veterano. “Antes, a los 22 o 23 años, el dilema, sobre todo de los sudamericanos, era la distancia. Era común, después de dos o tres semanas de gira, querer volver. Se inventó esa famosa frase: 'Estoy quemado, quiero volver a ver a mi familia, a mis amigos'. Hoy no me pasa, porque además tengo la posibilidad de viajar con mi mujer y mi hijita”, reconoce Horacio.

Es lo que tiene hacerse mayor, que la familia acapara la mayor parte de la importancia. “El año pasado viajé cinco semanas sin ellas y me volví loco, lo pasé mal. Ahora estoy más tranquilo, le quité un poco de importancia a las derrotas. Hoy pierdo y no me afecta como cuando tenía 23 o 24 años y el tenis era mi único interés. Estoy disfrutando del tenis como nunca. Económicamente estoy más cómodo, entonces puedo hacerlo. Pero era raro, porque en ese momento no tenía tanto dinero y quería volver, lo que significaba tener que comprar otro pasaje de avión”, confiesa el marplatense a Sebastián Torok.



Para descubrir un poco más a Zeballos, es clave destapar su afición por el ajedrez. “Hay muchos tenistas que juegan; Djokovic, uno de ellos. También hay entrenadores. El tío Toni (Nadal) es un crack, lo vi jugar. Además jugué varias veces contra Pepo Clavet, el entrenador de Feliciano López, y él, que me ha ganado varias, pierde contra Toni. Toni Nadal es el Roger Federer del ajedrez. Es una actividad que nos sirve para seguir trabajando la mente, como leer. Yo quiero hacerlo de aquí hasta que tenga 80 años; si después me ayuda para el tenis, mejor. La mente en el tenis es todo y es fundamental mantenerla despierta”, descubre el actual número 64 del mundo.

Pero si ha habido algo por lo que ha dado que hablar el argentino es por sus famosas selfies post-partido. “Las selfies surgen a partir de que año tras año comparto un montón de vestuarios, de restaurantes, de salones con los jugadores, me queda todo en la cabeza pero ningún recuerdo físico. Entonces dije: '¿Por qué no?' Estoy pasándolo bien, soy lo más profesional que puedo, pero también es un privilegio tener a Djokovic enfrente. Yo los admiro un montón, a Nole, a Murray, a Roger, a Rafa, a Wawrinka. Entonces, ¿por qué no me voy a sacar una foto?”, advierte.

“Yo nunca miro los cuadros, entonces nunca sé contra quién juego. Cuando llegué a Doha, Nole ya estaba ahí. Yo quería una foto con él pero nunca me había animado a pedírsela”, recuerda con detalle. “Juego el martes en la primera ronda (contra Florian Mayer) y en medio del partido veo que en la tribuna estaba su entrenador. Dije: 'Uh, la pucha, si gano voy a jugar contra él. Si no, no estaría viéndome'. Cuando terminó el partido contra Novak me dijo algo con muy buena onda en la red y dije 'Me la saco aquí y punto'. Y ahí lo hice. Tuvo una gran repercusión porque él la compartió en su Twitter. Dos horas después de haber perdido en Doha salí para Nueva Zelanda, porque no llegaba al siguiente torneo, apagué el teléfono y cuando llegué, lo prendí y me explotaba. Tuve como siete mil Me gusta. Dije 'Puta madre, ¿qué pasó acá?' Hasta que me di cuenta lo que había generado”, rememora con unas sonrisa el argentino.



Sin embargo, lo que para unos resulta simpático, a otros les parece falta de seriedad. “Sí, me lo han dicho. Cada uno tiene su opinión. Antes y durante los partidos soy lo más profesional. Y después, la vida sigue. Si el de enfrente es mi ídolo, ¿por qué no le voy a pedir una foto? A los que me critican les pregunto si ellos no se hubieran sacado una foto con sus ídolos. Son cosas que estoy disfrutando hoy, que ya no me queda tanto rodaje”, señala un Horacio que ya piensa en su próxima pegada. “Me gustaría jugar contra Federer en Wimbledon. Una selfie en la Catedral estaría muy bien”.

Aunque más allá de los selfies, si hay una fecha por la que siempre se le recordará es por aquella final ante Nadal en Viña 2013, una película que vio repetida varias veces. “Mil veces. La miré muchas veces cuando estaba de bajón. El otro mes, que jugamos en Barcelona, volví a ver el video para recordar qué había hecho ese día. Pero en ese partido cerré los ojos y entraron todas. Eso fue lo que hice. Me preguntas cómo fueron los últimos cuatro juegos y los recuerdo de memoria. Eso fue en febrero, después llegó Madrid, entrenamos juntos y me ganó 6-1. Cuando le doy la mano le digo: 'Rafa, mierda, qué bien que estás jugando'. Y me dice: 'Sí, sí, pero el importante lo ganaste vos'. Y yo me quedé helado. El tipo, con lo grande que es, me generó mucho orgullo”.

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