Un americano en París

Este año se cumplen 25 años del segundo título de Jim Courier en Roland Garros, época en la que Estados Unidos dominó el Grand Slam francés

Es el grande que más lejos siempre le ha quedado a los Estados Unidos, el más vedado a la nación más prolífica de la historia del tenis. Allí, en París, sobre tierra batida, hubo épocas en las que muchos se negaban a jugarlo, se lo saltaban. Otros, caso de su jugador más laureado, ni siquiera pisó la final. Pocos son los privilegiados que han podido levantar el título bajo bandera estadounidense. Uno de ellos fue Jim Courier, que hizo doblete y firmó tres finales consecutivas, una hazaña poco valorada de un rara avis entre especialistas europeos. Y este año se cumplen 25 años de su título de 1992.

Concentrados los mejores logros de su carrera en tres mágicas temporadas (1991, 1992, 1993), Jim Courier fue siempre un americano atípico. De entrada, apareció entre dos rivalidades extraordinarias. Una europea, la de Becker y Edberg, y otra estadounidense, la de Sampras y Agassi. Sin tanta calidad como ellos ni tanto carisma como la mayoría, Courier se labró un nombre, precisamente, labrando el juego, jugando desde el fondo, armando los puntos con sumo equilibrio, con una consistencia impropia de la verticalidad que inculcaban las escuelas de su país.

Para entender la figura de Courier es crucial detenerse en aquellos años, pues muy pocos jugadores en la historia encadenaron el Open de Australia y Roland Garros en una misma temporada, para terminar llegando a la final de Wimbledon del año siguiente, quizás su logro deportivo más relevante teniendo en cuenta la distancia y la dificultad que separaban su estilo del que imperaba en el torneo más antiguo del mundo en aquellos años. Si bien, su significado reside en París. Allí, y consiguiendo su segundo título, defendiendo su corona con solo 22 años, el de Stanford eliminó por el camino a cuatro jugadores que eran o serían campeones de Grand Slam.

Thomas Muster, Goran Ivanisevic, Andre Agassi y Petr Korda sucumbieron ante un Courier que dejó en nueve juegos al austriaco y en siete al de Las Vegas. El peso de su derecha, la potencia de sus piernas, su ritmo físico y su demoledora mentalidad sobre arcilla convirtieron a Courier en una referencia histórica sobre polvo de ladrillo, una superficie que en la Era Open solo ha visto dominar a tres jugadores estadounidenses: Courier (1991, 1992), Chang (1989) y Agassi (1999).

Y es que de 1989 a 1996, Estados Unidos acumuló seis finales y tres campeonatos, sumado todo entre los tres campeones, Chang, Courier y Agassi. Esa época no repetida ni antes ni despùés desde 1968, se ve hoy como una etapa difícil de reproducir. Si bien Estados Unidos se ha abierto a otras filosofías, mezclando algunos conceptos que han dado con varias generaciones muy prometedoras, ver ganar a un estadounidense en la tierra de París sigue siendo una de las historias más complicadas de poder contar.

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