Toni Nadal: "No hubiera entrenado y formado a Federer igual que a Rafa"

Toni Nadal reflexiona en una entrevista acerca de su papel como formador y las ideas fundamentales en el trabajo de un entrenador

Toni y Rafa Nadal. Foto: Getty
Toni y Rafa Nadal. Foto: Getty

Argumenta, se explaya, profundiza. Las entrevistas a Toni Nadal sólo necesitan de preguntas certeras e interesantes para que el tío del número 1 español se preste a conversar. En una reciente y muy interesante entrevista con el portal Magazine Digital, el entrenador mallorquín trata de responder y reflexionar sobre temas del tenis que más relación tienen con otros aspectos de la vida. Una charla que merece la pena.

Siempre relacionado con cierta fama de estricto, Toni matiza de entrada su comportamiento con Nadal o con sus hijos. "Estricto es quien observa unas normas y no es capaz de rectificarlas. Yo sí soy capaz. Soy duro de palabra. No me dejo llevar por la categoría o el ranking de la persona. Soy duro con mis hijos y lo fui con Rafael. Nunca lo sería con alguien que no me importase ni con alguien que no pudiese asumir la dureza de mis palabras. Los valores fundamentales de la vida son por encima de todo ser buena gente, que tengas consideración hacia los otros, la misma que tienes hacia ti mismo. La gente altiva, sea quien sea, sea rey o reina, nunca les aceptaría ni les tendría en buena consideración".

De ahí que el elogio sea un arma de doble filo, una cuestión que hay que saber medir. "Si te acostumbras a escuchar sólo lo bueno, casi nunca suele ser real. Cuando la gente te dice que eres muy bueno, posiblemente te lo esté diciendo a la cara sin creerlo. Lo segundo es que es normal que si sueltas todo lo negativo tampoco vaya bien. Regalar siempre caramelos no es algo bueno porque luego la gente tiene una imagen equivocada de sí misma. No creo que haya seres extraordinarios ni tampoco auténticos desastres".

Como en otras entrevistas, Toni valora lo que debe significar una discusión y el valor del diálogo entre dos maneras de pensar. "Hay un punto donde a la gente le cuesta mucho discutir hoy en día porque acepta muy poco una visión muy contraria a la suya. Creo que hay un exceso de fanatismo en todos los ámbitos de la sociedad, y la mayoría de las veces es un “o conmigo o contra mí”. Uno debe estar abierto a argumentar, al diálogo, y, sobre todo, a que uno también se pueda equivocar".

Entrando en su relación con Nadal, Toni enumera las ventajas que le supone haber sido su tío en todo el proceso. "Es una ventaja. En realidad, hay unas cuantas. Primero, el hecho de haber estado con él desde pequeño. Lo segundo: no he cobrado nunca directamente de él, y eso me ha permitido poder decir siempre lo que pienso. Y al tener esta diferencia de edad también me ha permitido tener autoridad. Hoy en día sería muy difícil tal y como es la juventud. Esto no pasaba antes, siempre tenías un respeto por las personas mayores y también por tus profesores. Ahora pasa menos. En el caso de Rafael no sucedió porque es una persona bien educada".

En una de las preguntas más interesantes, Toni valora las cosas más importantes que debe tener en cuenta un entrenador. "Hay un par de cosas fundamentales. Lo primero es la ilusión. Debes tenerla sí o sí. Debe ser el motor principal: ilusión por hacer lo que haces, ilusión por mejorar lo máximo dentro de tus posibilidades. No me parece posible hacer algo mínimamente bien sin tenerla. Para un entrenador también es importante el sentido común. Y que tenga inteligencia emocional. Que sepa en cada momento qué debe decir. En el deporte son temas simples, pero hay que saber cuándo abordarlos, cómo decirlos, qué importancia darles. Y fundamentalmente, saber transmitir bien el mensaje, con la confianza de sentir que las cosas saldrán bien. Después hay muchos caminos para llegar a Roma. No hay un método exclusivo ni una forma de entrenar única. Yo siempre digo que si hubiera entrenado a Roger Federer en lugar de a Rafael Nadal, lo hubiera hecho de manera diferente. Cuando empecé a trabajar con Rafael, lo primero que hice fue analizar sus características y aplicar una metodología que le fuese bien a él, que se ajustase a sus necesidades. Si hubiera sido con otro, el método hubiera sido distinto. El mundo se mueve y el tenis evoluciona. Lo que yo le decía a Rafael hace 25 años ahora no sería válido al ciento por ciento. Hoy en día debes ser capaz de evolucionar y de analizar hacia dónde va el juego y el tenis. Eso es función del entrenador. Siempre destaco la inteligencia emocional porque si una persona es mínimamente inteligente, se sabrá adaptar. Ser capaz de adaptarte a la realidad existente es fundamental".

Para Toni hay un factor fundamental en la transmisión de conocimientos y conductas. "La inteligencia emocional debe transmitirse y trabajarse en los entrenamientos, en el día a día. Ahora hablo de ámbito formativo. Muchas veces los entrenadores o los padres dan mucha más importancia al día de partido y en cambio no se la dan al entrenamiento. Yo nunca me quejaría si mi hijo saca un 4 o un 5 en un examen porque entiendo que el día del examen mi hijo ha querido hacer todo lo posible para que le saliera bien, para tener un 10. Si me tuviera que quejar, posiblemente me quejaría del día de estudio, que es donde posiblemente ha fallado. No ha fallado en el día del examen, sino en el proceso hasta llegar a él. Uno no falla porque el día de un partido juegue mal –normalmente– sino porque no ha preparado correctamente el encuentro. La función de un entrenador consiste en mantener la motivación de su jugador, en que este sienta la necesidad constante de aprender. Es lo básico. Hacerle entender que debe tener esa necesidad de mejorar siempre".

El aspecto formativo es el principal motivo de ilusión de Toni, el motor de todo. "Siempre me ha gustado entrenar. No sólo tenis, cualquier cosa. A mí me gusta intervenir en la formación, y en la academia tengo la suerte de poder estar con jóvenes, que es algo que me gusta mucho. Mi gran ilusión es poder participar en esta formación, en este proceso por el que pasan los chicos y las chicas que vienen. No necesito tener a un gran jugador para sentirme realizado. Disfruto mucho viendo gente que no es muy buena, que quizá no se conviertan en profesionales, pero que son educados. Disfruto entrenándoles porque es un gusto. Ves que cuando les dices una cosa prestan atención y que cuando das una explicación, escuchan. No disfrutaría si entrenase a una persona muy buena que no me escuchase. No compensaría. No me sentiría realizado. En la academia podemos entrenar a gente que está ilusionada con mejorar, y a mí me ilusiona poder enseñar lo que pueda".

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