Andy Murray y su evolución en la tierra para alcanzar el cielo

El escocés ha ido mejorando sus prestaciones sobre tierra batida y aspira a triunfar en Roland Garros para acercarse al Grand Slam.

Todo un quebradero de cabeza. Eso es lo que ha sido la tierra batida para Andy Murray durante años. El británico tuvo claro desde joven que era necesario mejorar sus prestaciones en esa superficie poco amiga de las islas y es por ello por lo que siendo un adolescente se desplazó a Barcelona. Andy mantiene un vínculo especial con este país y estas pistas, acudiendo casi cada año a hacer alguna estancia de entrenamientos en Valencia o Barcelona en pos de mejorar su rendimiento sobre el polvo de ladrillo.

El hecho de haber sido entrenado por un especialista como Álex Corretja y el haber puesto gran interés por adaptar su juego y movimientos a la arcilla, han posibilitado un progreso muy notable en resultados y sensaciones de Murray en estas pistas. Lo que parecía muy lejano hace años ahora cada vez se ve más cerca, como es el hecho de que Murray pueda levantar el título en Roland Garros y acercarse al selecto grupo de hombres que han ganado, al menos una vez, todos los Grand Slams.

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El evento parisino fue el último torneo de esta categoría en la que debutó Murray, el último en el que cosechó una victoria en el cuadro final... y hasta el momento uno de los dos (junto al Open de Australia) que no ha sumado en su palmarés. A pesar de ser un consumado contraatacante y encontrarse cómodo de fondo de pista, el de Dunblane no ha podido dominar sobre el albero durante muchos años de su carrera.

El punto de inflexión se produjo en 2015, con un Andy que salía a la pista con su anillo de boda atado a los cordones después de haber contraído matrimonio. Ese anillo pareció haberle conferido el poder de superar sus miedos y ganó dos torneos consecutivos después de casi una década de decepciones sobre esta superficie. Fue en Múnich, imponiéndose a Philipp Kohlschreiber en una final apoteósica, y en Madrid, donde llegó sin apenas margen para entrenar tras su título en Baviera pero donde levantó el trofeo de ganador tras martirizar a Rafael Nadal en la gran final.

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En 2016 siguió haciendo gala de una tendencia ascendente en tierra batida, al ser finalista en Madrid y ganador en Roma. Parecía la oportunidad ideal para que pudiera ganar Roland Garros, con Nadal y Federer ausentes y especialistas como Ferrer en horas bajas, pero se topó en la final con un Djokovic cuyas cuentas pendientes con el torneo parisino eran aún mayores. Andy se presenta en la arcilla como número 1 del mundo por primera vez en su carrera, y con la necesidad de reivindicar esa condición después de un inicio de año titubeante.

Situación inédita para el escocés, que habrá de sacar su mejor tenis donde más le cuesta hacerlo y con unos niveles de confianza mucho más bajos de lo habitual. Antes de llegar a Roland Garros, querrá sumar a su palmarés el único Masters 1000 sobre tierra batida que aún no posee: Montecarlo. Su mejor resultado han sido las semifinales alcanzadas en 2009, 2011 y 2016, y en todas ellas se topó con el rey del Principado: Rafael Nadal.

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La historia de Murray en Roland Garros es la fiel demostración de su carácter batallador y ambicioso. Sus resultados siempre han sido mejor que el año anterior, salvo en una ocasión. Y es que disputó su primer partido en 2006, siendo derrotado por Gael Monfils en un partido épico que terminó en el quinto set. No regresó hasta 2008, cosechando su primer triunfo ante el galo Jonathan Eysseric y perdiendo en tercera ronda frente a Nicolás Almagro.

Ya en 2009, la mejoría de Murray fue palpable, alcanzando unos meritorios cuartos de final después de ganar a jugadores importantes como Chela, Starace, Tipsarevic y Cilic. Fue frenado por Fernando González pero lo volvió a intentar en 2010. Esta fue una de las dos ocasiones en que Andy no pudo, al menos igualar, su resultado del año anterior en el Bosque de Bolonia ya que perdió en octavos de final frente a Tomas Berdych.

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Sin embargo, un año después rompía la barrera psicológica de los cuartos de final y accedía a semifinales, donde cayó ante Nadal. Volvió a la penúltima ronda en 2014 y 2015 pero no pudo superar de nuevo al español, y a Novak Djokovic, respectivamente. En su afán por romper moldes, en 2016 Murray certificó que está en condiciones de luchar por la Copa de los Mosqueteros, colándose en una final que no se le escapó por mucho y que ha de tomar como aprendizaje para futuras oportunidades.

La edición del 2017 del torneo parisino y la gira europea previa de tierra batida han de ser vistas como una oportunidad para sacar su mejor rendimiento en esta superficie. El sentirse presionado puede ser un acicate para que el único miembro del Big Four que no sabe lo que es ganar en todos los Grand Slams, recupere su versión más letal y pueda optar a lo máximo. Roland Garros siempre estará en la mente del de Dunblane.

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