Roger Federer: "Fue como si hubiera tenido una visión"

El suizo cuenta en una entrevista lo que sintió en el quinto set de la final de Australia ante Nadal, donde vaticinó que haría break para llevarse el título.

Roger Federer en California. Foto: Getty
Roger Federer en California. Foto: Getty

"Fue como si tuviera una visión, algo realmente extremo. Eso demuestra lo importante que es la mente". Son las palabras de Roger Federer, en referencia a lo vivido durante el quinto set de la final del Open de Australia ante Rafael Nadal, cuando iba break en contra y todo parecía perdido. Sintió que rompería el saque al español, y así lo hizo. Roger se abre en una interesantísima entrevista para el Tages Anzeiger.

"La victoria ante Berdych fue importante porque me confirmó que podía jugar tres sets a un nivel alto", explica el de Basilea. "Me di cuenta de que era posible ganar. Ante Nishikori sabía que iba a ser difícil, pero también que tendría mi oportunidad. El primer set ante Kei fue doblemente lamentable ya que además de perderlo, gasté energía de forma innecesaria", continúa. "Cuando llegué a semis, pensé: '¿Quién sabe?'. Contra Stan siempre jugué bien en el pasado y cuando estaba en el quinto set y me di cuenta que nada me estaba funcionando me dije: 'Ahora todo depende de la suerte. Estoy agotado'. Empecé a ser ofensivo y jugar hacia delante. Si tenía que perder, quería hacerlo al menos con un juego agresivo y no cediendo la victoria. Funcionó, por suerte".

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Roger sigue dando detalles de sus horas previas a la final. "Vi las cinco horas de la semifinal entre Dimitrov y Rafa. Sabía que Nadal no tendría problemas físicos después de ese partido ya que en 2009 ante Verdasco también hizo lo mismo", cuenta. "Al final del partido sí que pareció un poco cansado, pero no siento que gané gracias a eso".

El suizo revela lo que pasó por su mente en aquél intenso quinto set, donde llegó a ir break en contra y ya todo parecía perdido para él. "Tengo que decir honestamente que incluso en ese momento, yo creía que iba a ganar. Era la primera vez en el partido que iba por detrás, por lo que no había necesidad de entrar en pánico. Había jugado bien e incluso en ese inicio de set había tenido mis oportunidades. En un quinto set, si vas 2-4 o 3-5 por detrás, necesitas suerte, pero con 1-3 aún puedes jugar lo suficientemente liberado", asegura. Es entonces cuando llega el momento de quiebre que le vuelve a meter en la final.

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"Fue el punto de inflexión. Sabía que si lograba break, todo cambiaría de forma masiva ya que tendría inercia ganadora. Fue algo increíble, como si hubiera tenido una visión, algo realmente extremo. Eso demuestra lo importante que es la mente", admite el suizo, que reconoce que en otras finales de Grand Slam perdidas en su carrera, debía haber jugado con la misma convicción que en este Open de Australia. "Tendría que haber jugado más suelto, con menos miedo, por ejemplo, en esas finales apretadas contra Djokovic en Estados Unidos o en Wimbledon. Fue una lástima".

El periodista le pregunta por aquellas palabras de Pat Cash que armaron bastante revuelo, en las que el australiano decía que Roger había hecho trampa al parar el partido al inicio del quinto set ante Nadal. "En cierta medida, entiendo por qué lo dijo. Es un tema en el que hemos empleado mucho tiempo. Yo mismo he hablado con muchos médicos, supervisores y fisioterapeutas sobre lo que se debe y no se debe permitir. El problema es que el tenis es un espectáculo. Si no eres capaz de jugar, el espectáculo se acaba. Entonces, surge la pregunta: '¿No debería uno de los jugadores recibir un poco de ayuda para poder seguir jugando, incluso en términos de audiencia?'", admite. "Sólo hay dos jugadores involucrados en esto. Creo que este tipo de tiempo de espera también son importantes pero no, lo que dijo Cash no me molestó", concluye sobre ese tema Federer.

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Sobre el torneo actual, Indian Wells, Roger habla sobre lo mal que lo ha pasado en el avión que le trajo a California. Había mucho viento y nubes y estaba en la parte trasera del avión. Olía incluso el queroseno. Era como una especie de tormenta de arena. Yo tuve que coger a uno de mis hijos en mi regazo. Estaba muy nervioso. Llegué a tener ganar de vomitar pero por suerte, todo acabó bien", comenta el suizo, que ha llegado a California con un grupo amplísimo, de 14 personas.

"Para los niños es interesante que puedan ver mundo. Viajamos con un grupo grande, por lo que no es aburrido para ellos. Hay muchos otros niños con nosotros, ya que tenemos muchos amigos en el circuito. Se pierden ciertas cosas, como estar en el colegio, pero por otro lado, se benefician de otras cosas. Cada cosa tiene su parte positiva", sentencia.

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