Ryan Harrison, la resurrección más inesperada

Ryan Harrison se encuentra en el mejor momento de su carrera después de atravesar tiempos difíciles, y es ya 43 del ránking ATP.

Ryan Harrison en 2017
Ryan Harrison en 2017

Ríos de tinta corrían hace ya más de un lustro, de un joven corpulento y fortachón nacido en Louisiana, que era capaz de ilusionar al tenis estadounidense en su permanente búsqueda por un heredero digno de Andy Roddick. Resulta anecdótico que se hayan tenido que esperar casi seis años para que muchos de los pronósticos dados por gurús del deporte de la raqueta, comiencen a atisbarse como ciertos.

Ryan Harrison fue una estrella precoz presa de su talento fuera de lo común, y que pagó la presión mediática y cierta fragilidad física y mental. De la esperanza y la ilusión de 2011 y 2012 se pasó a la condescendencia por su imposibilidad de progresar, a la frustración y enfado por sus malos resultados y finalmente, al más absoluto olvido. En 2015 se vieron algunos atisbos de recuperación en Harrison pero no eran más que destellos, que se fueron haciendo más visibles y continuados en 2016 para adquirir un estatus superior en esta temporada.

Inaugurar el palmarés en cuanto a torneos ATP se refiere es un punto de inflexión en la carrera de cualquier jugador, y si se logra en casa, ante un público entregado a la causa y una semana después de haber ganado un torneo Challenger, las conclusiones son claras: Ryan Harrison ha vuelto para quedarse. "Memphis fue el primer club en el que jugué un torneo profesional así que es muy especial para ganar aquí", declaró el estadounidense en una entrevista para la página oficial de la ATP.

El único jugador estadounidense que ganó este torneo hasta el momento había sido Andy Roddick, curiosa coincidencia para un Harrison que mantiene una estrecha relación con el de Nebraska. "Tengo una relación muy especial con Andy, vivimos a apenas 10 minutos en Austin y me ha ayudado mucho en mi carrera", afirmó Ryan después de vencer en la final del Memphis Open al georgiano Nikoloz Basilashvili. "Estaba muy nervioso desde el principio porque sabía lo importante que era ganar este partido".

Ryan se convirtió en profesional a los 15 años. Hijo de Pat Harrison, jugador profesional con el que se enfrentó en una final de un torneo local cuando él tan solo 11 años, Ryan fue carcomido por la presión. No estaba preparado físicamente para competir al máximo nivel durante toda una temporada y sus derrotas e imposibilidad de eclosionar como se esperaba y casi se exigía en su país, acabaron destrozándole mentalmente.

"Creo que puedo alcanzar mis sueños ahora que la gente ya no esperaba nada de mí", señaló un Harrison que parece haber encontrado la clave para desarrollar su juego. "Es muy difícil encontrar la paz en la pista, divertirte y mantener la calma en los momentos tensos", reconoce Ryan en una interesante entrevista recogida en ESPN. "No estaba en el buen camino, sentía que una derrota me podía afectar para mucho tiempo después", advierte un Harrison que se queja de un cierto maltrato por parte del tenis de su país. "Puedo con los dedos de una mano la gente que me ha apoyado y ha creído en mí en los últimos meses".

Su evolución a nivel mental en la pista es evidente, mostrándose con un aplomo mucho mayor a la hora de afrontar dificultades. "He desarrollado mucho la parcela mental del juego, sé cómo gestionar mis emociones y convertirlas en algo positivo". Ryan es otro de esos jugadores que ha tenido serios roces con su padre, pero ahora todo parece atenuarse. "Mi padre ha cometido errores porque quería enseñarme y yo también porque no estuve receptivo en ocasiones, pero él es la persona que más ha confiado en mí", reconoció emocionado el flamante campeón del Memphis Open.

Este evento puede ser el inicio de algo grande para un Ryan Harrison que busca inspirarse en David Goffin, otro jugador que en su época juvenil prometía mucho, se vio relegado a un cierto ostracismo y ya con cierta experiencia, eclosionó. Curiosamente, el mismo día en que Harrison se mete en el top-50, el belga lo hizo entre los diez mejores del mundo. Premonición o casualidad, lo que está claro es que si el estadounidense sigue a este nivel dará mucho que hablar.

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