Mónica Puig, un oro que aún no ha alcanzado su máximo brillo

Mónica Puig encara el 2017 con intención de mostrar el juego que le llevó al oro olímpico, y confirmarse en zona noble del ránking WTA.

Mónica Puig en 2017.
Mónica Puig en 2017.

Hay jugadoras que ostentan algo especial, ese aura que les permite ilusionar a aficionados de todo el mundo y acaparar atenciones y esperanzas. Una de ellas Mónica Puig. Esta puertorriqueña imprime su ritmo latino en la pista, con un tenis vibrante y enfocado a exprimir sus prodigiosas condiciones naturales, en la búsqueda inexorable del golpe ganador. A sus 23 años, el cuerpo atlético y potente de Puig le permiten ostentar un patrón de juego claro: atacar como si no hubiera mañana.

Sin embargo, la competitividad del circuito WTA exige mucho más. Un esquema de juego, capacidad de recuperar bolas de fondo de pista y clarividencia de ideas para estructurar jugadas. En los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016 quedó claro que si está inspirada puede ganar a cualquiera pero una vez ha saboreado las mieles del triunfo, quiere legitimarse en él y que ese sea el manjar que deguste todo el año.

Tras la hazaña olímpica y ser recibida como una heroína en su país, Mónica apenas ganó cuatro partidos en 2016 y uno en 2017. Renta exigua para una tenista de su nivel, que parece haber recuperado la inspiración en el Qatar Total Open. "Mi entrenador y yo estamos centrados en trabajar mucho a nivel mental, analizar los partidos para ver dónde no me sentí cómoda y poder poner en prácticas las cosas en el entrenamiento", señala una Puig que confía en el argentino Juan Ignacio Todero como coach principal.

"En Río comprobé que puedo estar ahí en lo más alto pero para mí lo importante ahora es trabajar duro para encontrar la regularidad", señala la boricua en una entrevista concedida a Sport360 en el torneo Qatar Total Open, donde se ha vuelto a ver la mejor versión de Puig a pesar de las condiciones climáticas adversas. Laura Siegemund, Yulia Putintseva y Daria Kasatkina han sido las víctimas de una Puig que no ha caído en la precipitación de buscar ganadores sin orden ante jugadoras aguerridas, y ha logrado llevarse el gato al agua.

Monica Puig

Su motivación por encontrar un torneo que le devolviera a la buena dinámica es palpable en sus declaraciones. "Llegué muy pronto a Doha porque tenía muchas ganas de competir y sabía lo que tenía que hacer para rendir a un alto nivel aquí". Puig reconoce haberse visto algo desbordada tras su éxito en los Juegos Olímpicos, algo que se desprende de sus resultados. "Fue un poco abrumador todo aquello, el recibimiento, los homenajes... perdí la concentración durante los siguientes meses pero ahora estoy otra vez en una buena línea de trabajo", asegura la puertorriqueña.

Ya en semifinales, espera rival que saldrá del enfrentamiento entre Caroline Wozniacki y Lauren Davis, no siendo nada descabellado pensar en verla levantar el título a final de semana. Habrá que esperar para comprobarlo pero pase lo que pase, lo que es evidente es que Mónica Puig es mucho más madura y ordenada en este 2017, y que si sigue en buena dinámica de trabajo y concentración, dará mucho que hablar en el circuito WTA.

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