El Big Four y las dos caras de la moneda

Hace menos de tres meses, Murray y Djokovic formaban un duopolio sin precedentes en el tenis. Ahora, la cara 'vintage' de la moneda del Big4 les hace sombra.

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El Big Four y sus dos caras de la moneda
El Big Four y sus dos caras de la moneda

Estamos a mediados de noviembre de 2016. Andy Murray se corona campeón de la Copa Masters en Londres y destrona definitivamente a Novak Djokovic de la posición número 1 del tenis mundial. Aunque la visión que más se ajustaba a la realidad era la de considerar que eran dos los números 1 que había. La ventaja con el resto era sideral. La otra mitad de los componentes del Big Four llevaban tiempo fuera del circuito (Roger Federer y Rafa Nadal). No se vislumbraba ningún otro jugador que pudiera discutir lo más mínimo el duopolio de británico y serbio, destinados a perpetuarlo en 2017, empezando por el Abierto de Australia. Tres meses después, ¿alguien se acuerda de todo esto?

Y es que no parece que hayan pasado tres meses sino tres años. Hubo una pretemporada y el paso a un nuevo año tenístico, pero sobre todo, la moneda del Big Four se invirtió. Pasamos de la cara de Andy Murray y Novak Djokovic que había brillado con indudable fuerza en 2016 a la cara 'vintage' de la moneda, en la que salen a escena Roger Federer y Rafa Nadal, los viejos poseedores del duopolio del tenis mundial. En cuestión de días, se encargaron de tornar la moneda de un modo impresionante. Djokovic y Murray pasaron al ostracismo, casi al olvido y ellos dos fueron la única cara del tenis durante el Open de Australia y las semanas sucesivas.

Y tuvo que ser en el Open de Australia cuando se invirtieran las tornas. Porque el cambio de año no llevaba trazas de cambiar en absoluto el guion de 2016. Djokovic y Murray protagonizaban la primera final del año en Doha mientras que el regreso de Rafa Nadal y Roger Federer a la competición se resumía en eso, un regreso, pero no mucho más. Sonaba descabellado pensar en que la vieja guardia del tenis, los antiguos maestros, pudieran reclamar su sitio de antaño con un dominio tan férreo como el ejercido por británico y serbio. No hizo siquiera falta que se cruzasen entre sí. Murray y Djokovic quedaron fuera de la pelea antes de tiempo, sucumbiendo ante su propia presión. Liberados de toda carga y obligación, Federer y Nadal cogieron gustosos el testigo protagonizando una final denominada 'vintage' y que fue algo así como viajar en la máquina del tiempo. Quizás, cuando más se necesitaba, cuando más se echaba de menos esa vieja rivalidad, soterrada por nuevos emperadores del tenis.

Hemos pasado de debatir las opciones de Djokovic de recuperar el número uno y las de Murray de retenerlo o cúantos Grand Slams ganarán cada uno a hablar, a fantasear sobre las chances de Rafa Nadal de ganar una nueva corona en Roland Garros o Roger Federer en Wimbledon. Asombroso. Y solo han pasado tres meses. Lo más asombroso es que la clasificación ATP realmente invita a seguir hablando de Murray y Djokovic. Su ventaja continúa siendo sideral, astronómica. Pero claro, con tropiezos mayúsculos como los que han sufrido en Melbourne, el panorama está sujeto a cambios totalmente drásticos.

Nos aproximamos lenta o rápidamente (según para quien) al segundo punto caliente de la temporada con los primeros Masters 1000 del año en Estados Unidos (Indian Wells y Miami). La sensación es que el número 1 y el número 2 del mundo, los dos reyes del circuito en otras palabras, irán de tapados si se puede decir algo así, en la gira americana. Los focos estarán en la otra cara de la moneda e incluso otro que aspira a ver su efigie grabada en ella como es el búlgaro Grigor Dimitrov, que con permiso de Roger y Rafa, está reinando en 2017.

Djokovic defiende la totalidad de los puntos de Indian Wells y Miami. Es el vigente campeón en esos dos Masters 1000. El polo opuesto Andy Murray. El de Dunblane cosechó un mes de marzo de 2016 horrible si dejamos al margen su compromiso con la Copa Davis. Dos terceras rondas fue lo logrado por el actual número uno del mundo en California y Florida.

A pesar de caer pronto en Australia, ni Murray ni Djokovic han querido compensar jugando más de lo esperado. El serbio acudió a la Copa Davis para echar un vital cable a su país en una dura serie ante Rusia. Mientras que Murray reaparecerá próximamente en Dubái, compartiendo cartel con Roger Federer.

El guion tenístico de 2017, que tan previsible y monótono podía parecer, se ha reescrito con enorme prontitud y veremos si no trastoca todo el argumento o es solo un gancho para atraer al espectador. Y no es que el guion de 2016 fuera precisamente flojo, con un final apoteósico y magníficamente orquestado. Pero sí que quizá se le adivinaba una carencia de actores, de reparto si se quiere (quien sabe si protagonistas), que añadieran variedad, picante y bruscos giros argumentales. En el primer acto los hemos tenido y vaya que si los hemos tenido. A las puertas del segundo acto, expectantes estamos ante lo que pueda suceder. ¿De qué lado caerá la moneda en marzo? ¿Cara (Murray y Djokovic) o cruz (Federer y Nadal)?

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