Javier Piles: “La etapa con David fue la mejor de mi vida, pero ya pasó”

El técnico valenciano rompe su silencio casi dos años después para repasar la actualidad y recordar sus 15 años de trabajo con David Ferrer.

Javier Piles durante la entrevista con Punto de Break
Javier Piles durante la entrevista con Punto de Break

Dos años sin escucharle, alejado de los grandes escenarios, recuperando una vida tranquila después de casi dos décadas de acción. De su trabajo emergió el mejor de los mortales, el gran David Ferrer, una etapa gloriosa con final amargo pero con tantísimos recuerdos que merece la pena echar la vista atrás. Javier Piles (Valencia, 1968) sigue respirando tenis, ya sea desde la primera fila de la Philippe Chatrier como desde las pistas del Club de Tenis Dénia, entidad que le abrió las puertas de par en par y que hoy dirige. Reconoce que necesitaba un descanso pero que en cualquier momento se ve capacitado para volver a la gran noria. El valenciano se sienta con Punto de Break para emprender un viaje al pasado, una reflexión del presente y una hipótesis de futuro. Fuertes dosis de experiencia en cada declaración.

Llevas dos años fuera de la escena. ¿Qué haces ahora?

Decidí parar un poco la etapa de alta competición y de viajar full time, necesitaba estar un poco más en casa, con la familia. Ahora mismo soy director del Club de Tenis Denia, un lugar que me abrió las puertas de par en par y donde puedo ejercer mis ideales tenísticos. Siento que todavía necesito acción pero de momento estoy bien donde estoy, ya veremos en un futuro.

No es fácil curarse del tenis.

Me gusta el tenis a todos los niveles, ahora quizá esté viviendo el escalón más real, de donde han salido todos, las Academias. Uno siempre tiene la esperanza de que algún chico crezca y pueda hacerse un hueco ahí arriba en cualquier momento.

¿Echas de menos el circuito?

Por una parte sí. Hay veces que ves la televisión y te paras a pensar donde estuviste o lo que hiciste esa semana, los partidos que ganaste, situaciones que viviste, dificultades, éxitos, etc. Te entra morriña, pero son fases, etapas en la vida que pasan. Por otra parte está el tema de la familia que te lleva a aparcar un poco ese ritmo de vida, aunque nunca se sabe si estamos ante una etapa que terminó. Quizá en un futuro no muy lejano, si me sale algo interesante, pudiera volver a esa rueda. Fueron casi 17 años viajando sin parar y es normal que eche de menos toda esa vorágine.

¿Sigues el tenis?

Veo algo pero sin buscarlo. Si estoy en casa, conecto la TV y están jugando, me quedo a verlo. Me gusta sobre todo ver a los nuevos jugadores que aparecen, seguir a los más jóvenes para ver cómo evolucionan. A los más veteranos ya no los suelo ver, ya los conozco bastante (risas). Prefiero ver a los nuevos que emergen para ver si ha cambiado el tenis o sigue todo igual. Igual no veo tanto como antes, pero sí que me gusta seguir viendo tenis.

Lo ves pero no como espectador, sino con el ojo clínico enchufado.

Eso creo que lo haré siempre. Si descubres a un tenista joven que empieza a hacer resultados es inevitable hacerle un seguimiento para ver de dónde viene o cómo ha despuntado, analizar sus golpes o su aspecto físico.

¿Alguno que te llame la atención?

Elias Ymer, el sueco. También Alexander Zverev, el alemán. Alex De Minaur también me llama la atención. Hay muchos, también algunos de Challengers o Futures. Lo que veo es que los nuevos funcionan un poco a rachas, no son capaces de mantener el nivel durante varias semanas, en parte debido a que los veteranos ahora están mucho más preparados y que la edad tenística se está alargando con el paso del tiempo. La edad y el nivel. Ahí vimos hace unos días a Rafa y Roger en otra final de Grand Slam.

Hay personas que piensan que el tenis está anticuado, que podría ser más atractivo. Sets al mejor de cuatro juegos, habilitación del let o punto de oro con 40-40. ¿Qué opinas de todas estas ideas revolucionarias?

El tenis es un deporte donde siempre se ha respetado mucho la tradición y sus inicios. Hay otros deportes que sí que han evolucionado mucho como el baloncesto, el fútbol o el volleyball. Pienso que el tenis al final también tendrá que agarrarse a esta evolución. Entiendo que es difícil que uno sepa cuándo empieza un partido pero no cuando acaba, eso para las televisiones y el espectador es algo que se puede hacer eterno. Pero luego vas a un Grand Slam y vives esos momentos finales y te gustaría que no acabara jamás. Si estás en vivo viendo un quinto set de un Federer-Nadal lo que quieres es guerra y que dure lo máximo posible. No será fácil buscar un equilibrio para que no se pierda la tradición y, al mismo tiempo, que se apliquen las nuevas tecnologías.

Al final cada uno opina según lo que más le convenga…

Claro. Por ejemplo, el tema de que la pelota pegue en la red y sea válido o que después de un deuce se decida con punto de oro, o terminar con supertiebreak definitivo en vez de un quinto set… esto hace que un partido se decida a cara o cruz, dejando de premiar a aquel jugador que esté más preparado física y mentalmente. La gente está preparada para ganar partidos en los últimos diez minutos, no en la primera media hora.

Están intentando hacer del tenis un producto más atractivo pero luego ralentizan las pistas más rápidas para que haya intercambios y sea todo más largo. ¿No es una contradicción?

Puede ser que parezca una contradicción. La gente lo que quiere ver son jugadas, estrategia, nada de saques a 230km/h y que la bola ya no vuelva. Al tenista americano de saque y volea, al ralentizar más las superficies, le estás obligando a adaptarse y a trabajar mucho más el aspecto táctico y físico. Luego hay muchas otras contradicciones, como que vayas a Roland Garros, un partido a las 18:00 de la tarde, vas ganando dos sets a cero y te toca parar por falta de luz y posponerlo al día siguiente. ¿Para qué preparo un partido a cinco sets si no se puede terminar? Ahora a mi rival lo dejo descansar y al día siguiente, igual me remonta porque ya está recuperado. ¿Si haces un torneo a cinco sets por qué no pones luces? La batalla que empieza se tiene que acabar. Y en Wimbledon igual, si tú cubres dos pistas únicamente, estás condicionando a los demás jugadores, los cabezas de serie siempre estarán mejor cuidados y los de las pistas adyacentes estarán en manos de la climatología. Hay cuestiones que hay que pulir para que todos jueguen al mismo nivel.

Una de las reglas que más debate genera es la del coaching masculino.

Es muy relativo, como la habilitación del let. Un gran sacador te dirá que perfecto, encantado, pero otro que no saque tan bien te dirá que prefiere sacar otra vez si ha tocado la red. Depende del juego de cada uno. En cuanto al coaching, se podría respetar por tiempos igual que se hace en la WTA, aunque no creo que sea bueno entrar a la pista a hablar con el jugador. Quizá una vez por set, pero nada más. A mí en Estados Unidos muchas veces me han mirado mal por hacer coaching con mi jugador, allí lo ven como un insulto al deporte. En cada continente se ve el tenis de un modo distinto. En el tenis femenino se ha evolucionado de una manera un tanto agresiva, debería de estar más controlado, yo quitaría esa imagen de entrada a pista. Debería hacerse desde fuera, desde una posición más discreta. Desde luego, eso de hablar cada dos juegos, continuamente, yo no lo veo. Hay veces que parece que esté jugando más el entrenador que el propio jugador, hay que controlarlo.

Comentabas antes esa final de Australia. Federer y Nadal luchando por un Grand Slam en 2017, ¿hay que alegrarse o deberíamos preocuparnos por ver la inoperancia de las nuevas generaciones?

Es un tema delicado donde la crisis mundial tiene mucho que ver. ¿Cuántos tenistas buenos se han quedado a medio camino por un tema económico? Gente que ha tenido que dejar la raqueta o irse a buscar una beca a Estados Unidos. Hay un pequeño bajón de nivel, el jugador emergente aparece pero no se mantiene, no se da una continuidad como con Nishikori, Murray o Djokovic. Ellos aparecieron, se metieron en el top10 pero se han mantenido regulares. Sí que hay un escalón vacío si miramos al futuro en cuanto a número de jugadores y de nivel. Todos pensamos que hemos vivido la mejor época tenística de la historia y eso que antes estuvieron los Ferrero, Safin, Roddick, Agassi, Sampras… pero los Federer, Nadal y Djokovic están varios escalones por encima. Hay que disfrutarlo porque no sabemos cuánto puede tardar en darse otra generación así.

Lo que parece claro es que hasta que el Big4 no baje el pistón, el resto no tiene sitio ahí arriba. Los Raonic, Dimitrov o Nishikori tendrán que esperar a tener 30 años para verse liberados. ¿Podemos estar ante una generación perdida?

Pues no lo sé, pero a mí también me pasó con David (Ferrer). Estuvimos 3º del mundo pero si no hubiéramos coincidido con esta generación igual hubiéramos llegado al número 1. Tsonga, Del Potro, Berdych… todos estos estaban también muy cerca pero hubo momentos donde David tenía más regularidad que ellos. Habíamos superado ya esa barrera y marcado territorio, pero de ahí nunca pudimos pasar. David hizo cuatro finales en el Godó, todas ante Rafa Nadal. No le ganó ninguna. ¿Si no hubiera estado Rafa hubiésemos ganado alguna? Claro que sí, pero bueno, cada uno tiene que hacer su propio camino sin apartar al resto.

Muchos jugadores celebran haber coincidido con el Big4 porque, precisamente de esos choques, han conseguido aprender y ser mejores.

Exacto, eso es lo que siempre tuvimos en mente. Gracias a esto evolucionabas, no te quedaba otra. Veías que había unos jugadores con más nivel que tú y a partir de ahí tenías que darle estrategia a la cabeza para pensar por dónde se les podía atacar. Es la evolución del deporte y del jugador. Tener a gente mejor que tú es buenísimo, es situar una barrera por encima, un muro donde fijarte que te recuerda que siempre hay un nivel por alcanzar. Aparecen unos referentes que te obligan a mejorar. Hay muchos que han llegado al Nº1 y luego se han ido para abajo tras conseguirlo todo, por falta de ambición sobre todo, aquí es donde hay que poner en un altar a gente como Rafa que todavía sigue peleando por volver a lo más alto.

En el tenis ganas un domingo y, un día después, ya estás preparando otro torneo. ¿Es posible disfrutar en este deporte?

No tienes tiempo de disfrutar nada. Ganas un torneo y al día siguiente te toca coger un avión para irte a jugar otro. Y lo peor es que si caes en primera ronda te vas hundido a casa. A lo mejor hecho ‘Final – Campeón – Primera Ronda’ y te vas hundido pensando que has hecho una mala gira, ¿cómo es posible? Por ejemplo, para Rafa Nadal fue muy duro perder aquella final de Australia ante Wawrinka, mediáticamente fue una derrota muy dura pero para él, pensándolo en frío, fue un torneazo. A la gente como él solamente le sirve la victoria y llevar ese peso, semana tras semana, al final es una carga brutal. Yo recuerdo a Rafa ganando Roland Garros, hacerse las fotos al día siguiente e inmediatamente irse a jugar a Halle o Queen’s. Y él consiguió salir campeón en tierra y ser campeón en hierba sin tener ni 24 horas de descanso, para eso hay que tener una cabeza brillante, mucho mejor que el resto. Nosotros lo veíamos y alucinábamos, ahí entendimos que realmente era muy superior.

El día que Rafa, Federer o Djokovic se vayan, ¿qué jugadores van ocupar esa posición? ¿Corre peligro el tenis?

Es que estos se han convertido en ídolos, la gente los idolatra desde hace ya muchos años. La imagen que irradian Rafa o Roger es única, ambos están rodeados de aurea, les ves en vivo y descubres que tienen presencia. El nivel ha sido altísimo y no sé si veremos otra generación así, esperemos que salgan jugadores nuevos y sepan mantener el nivel, pero sí creo que estaremos faltos de ídolos durante unos años.

Hablando de veteranos, hablamos ahora de uno que conoces un poquito: David Ferrer. ¿Mantenéis el contacto?

Está entrenando con un buen amigo mío, Paco Fogués. David decidió separar nuestra relación (2014) y es respetable, no es fácil aguantar tantos años con el mismo entrenador. Alguna vez sí que nos mandamos algún mensaje, algún resultado, las Navidades, pero bueno… la verdad es que me hubiera gustado una relación más cercana. Después de tantos años juntos, para mí era como un hijo, he estado más tiempo con él que con mi familia, pero son cosas que hay que aceptar. Le deseo lo mejor y espero que remonte esta situación, con la experiencia que tiene y el saber estar seguro que todavía le queda muchos años por delante.

Fueron 15 años juntos y lo dejáis, sorprendentemente, en el pico más alto, a finales de 2013 con David en el Nº3 del mundo. El movimiento, cuanto menos, es extraño.

Yo a día de hoy todavía me hago muchas preguntas sin respuesta. Fueron 15 años muy intensos donde juntas muchísimos asuntos: personales, profesionales, familiares… piensa que yo empiezo con él cuando tiene 17 años. Fue una etapa muy larga donde pasaron cosas muy buenas, fantásticas y otras muy difíciles, complicadas. Desgaste, nada más. Él tenía ganas de evolucionar, de aprender, mejorar, de ver la perspectiva desde otro lugar. Duele, pero se acepta. Yo se lo dije desde el primer día: en el momento que no quieras estar conmigo, yo no estaré contigo, era un contrato de palabra. Igual es que tocamos el cielo y realmente era el momento de separarse y ver el tenis desde otra perspectiva, son relaciones de mucha tensión y presión vivida que te van desgastando y a veces la comunicación se deteriora. Fue una ruptura difícil después de tanto tiempo juntos y con tantos éxitos a nuestras espaldas, pero el camino ya no iba por donde debía ir.

Este año Moyá dejó a Raonic en el Nº3 del mundo: ruptura. Esteban Carril metió a Konta en el top10: ruptura. Hace dos temporadas, Muguruza se metió en la final de Wimbledon con Alejo Mancisidor: ruptura. En el mejor momento, cuando más crédito debe tener un entrenador, estalla la bomba. Es una incoherencia. ¿Por qué pasa tantas veces esto en el tenis?

Desde fuera se tiene una visión muy general. La clave está en el día a día, la convivencia, los momentos complicados. Si no se está cómodo en esa relación jugador-entrenador pues se corta y se busca otro. Aquí manda el que paga, no se puede comparar con el fútbol. Igual sí se podía haber solucionado de otra manera, pero todo es entendible y aceptable. Es una pena porque tampoco se pasa bien, quince años marcan mucho y hay que estar preparado para un golpe así. Tú ves el circuito y ves miles de cambios, relaciones de 1-2 años, eso es muy fácil llevarlo. ¿Pero 15 años? Hace falta mucha preparación mental.

¿Cómo le ves ahora?

Esta es una pregunta para Paco (Fogués) que es el que lo vive día a día. No me atrevo a hablar porque desconozco su situación y el porqué de sus resultados. Es un tema muy personal y delicado. David es un chico que tiene que tener las cosas muy claras y ordenadas para rendir al 100%, es una pregunta más para su entrenador que para mí. No puedo contestarla porque ignoro muchas cosas.

Tú que le conoces bien y sabes cómo trabaja, o al menos cómo trabajaba contigo. ¿Piensas que esta etapa es un simple bache puntual o representa algo mucho más serio?

Lo creo que es no estamos ante un problema físico. Cansancio tienen todos los jugadores, mucho más los de 35, pero él se está dosificando para que lo juegue, sea al 100%. Ya no va tan castigado como hace años con muchos más torneos y Copa Davis. Sigue siendo un jugador muy rápido y muy preparado; mientas reúna estas condiciones y tenga ganas de viajar, tendrá opciones de recuperar la situación. Insisto en que tampoco puedo responderte mucho más allá porque desconozco la situación, pero no creo que sea un problema de la edad.

Independientemente de su situación actual, lo que hicisteis juntos en el circuito forma ya parte de la historia del tenis español. ¿Qué tecla tocaste para llevarlo hasta tan arriba?

Yo conozco a David con 17 años siendo un chaval inmaduro, imberbe, despistado y perdido. Es normal, a esa edad se tienen muchísimas dudas. Los resultados eran malos y él no sabía si dejarlo, si irse a trabajar o estudiar. Cuando viajábamos a un torneo era muy difícil, en múltiples ocasiones él me llegó a decir: “Javi, compra billetes de avión que nos vamos para casa”. Tenía torneo mañana y no quería competir.

¿Cómo conseguiste pulir el diamante?

Él solo fue madurando, aunque la clave está en involucrarse en el proyecto al 100% con ellos. Tenía muchas dudas y dio con un entrenador que quiso ayudarle a resolverlas todas, desde el primer momento del día en el que se levanta y empuña la raqueta. A un chico de esta edad hay que preguntarle cada día qué le pasa, cómo se siente, para que coja confianza y que cada entrenamiento sirva de algo. Ahí es donde empiezas a evolucionar y los dos aprendimos el uno del otro, ahí es donde te encuentras con todas esa cualidades que al principio no veías.

¿Lo viste rápido que tenía algo especial?

Para nada. Al principio sacaba muy mal, el revés le pegaba muy por debajo, no cogía nunca pista… eso sí, tenía una derecha que cuando la enganchaba bien ya no volvía, era punto seguro. Pero como jugaba muy por detrás de la pista, dejaba caer mucho el revés y con el saque hacía 20 dobles faltas por partido, era difícil encontrar esa derecha. Sí es cierto que cuando tenía ganas y tenía los problemas resueltos fuera de pista le veías cositas muy interesantes, ahí lo daba todo. El momento en el que yo me doy cuenta que es un buen jugador, donde se me ponen los pelos de punta y veo que es especial, es en 2001, en un Challenger en República Checa cuando tenía 18 años.

Me encantan las anécdotas.

Recuerdo que llegamos y al ver el cuadro de la previa me dijo: “Javi, me toca con Azzaro, 160 del mundo, llama a la agencia y compra billetes que mañana nos vamos para casa”. Intenté calmarle, decirle que esperara que todo podía pasar e insistió: “Javi, de verdad, mira que si luego no hay billetes. Yo a este tío no le gano”. Al día siguiente le gana 6-2, 6-1. “He tenido mucha suerte, el otro ha jugado muy mal”, me dijo al acabar. “Mañana me toca contra Robin Vik, el 250 del ranking, pierdo seguro, llama a la agencia por favor”. Otra vez la misma historia. Al día siguiente, 6-2 y 6-2. “Estaba sin confianza, ha sido el peor partido de su vida, le he ganado por eso”, me explicó después. En la última ronda de la previa tocaba Mose Navarra, que ya estaba top100. Ya te lo imaginas: “Javi, ahora sí, italiano y zurdo. Habla con la agencia y saca los billetes cuanto antes”. Le ganó 6-2 y 6-1. Pasó la previa ganando a tres muy buenos jugadores para perder luego en primera ronda ante Dosedel, principal cabeza de serie del torneo y ex top20. Perdió 7-5 el tercero, estuvo a punto de ganar. Ahí me di cuenta del tremendo respeto que tenía por los jugadores, pero dentro de la pista tenía tanto miedo a perder que acababa ganando, aunque no supiera cómo.

Le faltaba confianza en su juego.

Sí, siempre le ha hecho falta un poquito de autoestima. En los grandes niveles ha tenido partidos trabajados, masticados, casi ganados y se ha dejado llevar cuando menos te lo esperas y ha perdido. No era falta de ambición, era falta de creérselo. Fue siempre una asignatura pendiente en nuestro camino y aun así llegamos a ganar 21 torneos ATP juntos. Se acabó convirtiendo en un ganador, pero se escaparon muchas finales por el camino.

Partir de la nada y plantarse en el Nº3 del mundo. De ser un rebelde que rompía raquetas a convertirse en un tenista modélico, un ejemplo de profesional. ¿Cuál de las dos evoluciones te impresionó más? Supongo que jamás llegaste a imaginar ninguna.

Él siempre fue un chico humilde, como persona era un diez de principio a fin. Hay gente que evoluciona, empieza a tocar dinero y ven todo de manera diferente. A mí me sorprendió lo mucho que le costaba centrarse 100% en el tenis y, sin embargo, verle ahora convertido en uno de los mayores profesionales. Las pretemporadas siguen siendo tan duras como el primer año. La alimentación también la ha mejorado muchísimo, esto ha sido clave para que su físico aguantara tan bien con el paso de los años. Quizá esto me haya sorprendido más que cualquier otra cosa.

Son muchos años y muchos momentos pero, ¿si tuvieras que elegir uno?

Cuando llegó a la final de Umag 2002. Venía de la previa y ganó a Nalbandian, a Coria y acabó perdiendo con Moyá en la final. Ese momento fue muy emocionante por el simple hecho de llegar a esa final desde la previa. Nalbandian venía de hacer final en Wimbledon y estaba ya top15; David, por aquel entonces, era el 114 del mundo. Semanas después ganó el torneo de Bucarest, su primer título ATP y cerró la temporada dentro del top70. Fue el año donde pegó los primeros cuchillazos en el circuito. Umag era su primer torneo profesional y se metió en la final, perdiendo con Moyá, que por aquel entonces era lo máximo en España. Con los años llegaron otras grandes victorias pero las primeras siempre saben mejor porque nunca has vivido algo así.

Ahora al revés, el momento más amargo.

Un momento difícil fue la final de Roland Garros ante Rafa (2013). Ya no empezó bien porque se jugó medio lloviendo y la bola estaba muy ancha, muy grande. David no hacía daño con su golpe y se quedaba la bola muy blanda. El partido se paró e intentamos darle la vuelta en vestuarios, pero llevaba mucho enfado. Había que recuperar la confianza pero se perdía 2-0 y enfrente estaba Rafa.

¿Cómo planteáis esa final? Estaba claro que lo normal era perder pero alguna posibilidad habría.

Intentamos repasar los partidos que le habíamos ganado, los puntos donde le habíamos hecho daño y ver esos momentos de máximo rendimiento en el partido. También los mínimos. Analizando esto intentamos diseñar una fórmula para el partido contra Rafa pero la lluvia nos frenó en seco. David era un poco diésel, le costaba mucho volver a arrancar cuando paraba, era un suplicio. Rafa salta a pista y es un toro, desde el sorteo de pista. David no estaba en esa final, teníamos que haber actuado táctica y mentalmente con algunos cambios respecto a su sistema normal. El problema es que con Rafa no tienes margen de error, si cometes un fallo lo pagas, además que él no falla una bola, era de locos. Para David salió el peor día posible, él necesitaba jugarle a Rafa con la pista rápida y aquella bola no hacía ningún daño. No es ninguna excusa, a lo mejor hubiéramos perdido con otras condiciones igualmente, pero la táctica y la mentalidad hubieran sido muy diferentes.

Un año antes de aquello, título París-Bercy. El premio a toda una carrera de trabajo y sacrificio.

Seguro que no era el Masters 1000 más esperado (indoor, pista rápida) pero David era un jugador que aprendió a adaptarse muy bien a todas las superficies, ganó torneos en todos los lugares. Igual esperábamos ganar antes en Miami o Roma, pero llegó cuando menos te lo esperas. David gozaba de un estado de forma muy bueno y los favoritos llegaron muy cansados a ese final de temporada. Era una oportunidad brutal, con Janowicz en la final, pero fue capaz de controlar muy bien la situación y sacar la veteranía.

¿Qué sentiste? ¿Alivio?

Mucho. David era un jugador que llevaba en el top10 muchos años pero le faltaban títulos de peso. Tenía finales y semifinales en muchos torneos, había ganado batallas pero no guerras. Aquello supuso un saltito más y la ilusión era tremenda, siempre, fuera un Masters 1000 o cualquier otro torneo. Nos dimos un abrazo en vestuarios que resumió perfectamente todos los kilómetros recorridos.

Los veteranos que suelen pasar por un bache como el que está sufriendo ahora David suelen cambian su filosofía. “El objetivo es volver a disfrutar”, suelen decir. Para alguien como David o como Rafa, con un gen tan competitivo, ¿realmente es posible jugar sin mirar el marcador?

Es complicado disfrutar sin tensión, ellos están acostumbrados a todos los tipos de presión. Conociendo a David o Rafa, son jugadores muy competitivos, necesitan ganar para seguir con el día a día. Si no ganan se les nota que están muy tocados mentalmente, tristes. Son personalidades de sangre muy caliente, en la época romana serían gladiadores. Son gente muy especial. Realmente veo complicado que puedan salir a disfrutar si luego pierden ante un chaval que tiene diez años menos que tú, aunque es algo que, por supuesto, hay que aceptar. Yo pienso que cuando esta situación le llega a este tipo de jugadores es realmente cuando habría que aparcar la moto y a otra cosa, buscar otros objetivos en la vida. En el caso de David, creo que todavía piensa en mejorar, evolucionar y en remontar el bache que está sufriendo ahora.

A nadie le gusta hablar de la retirada pero siempre es una opción. ¿Se puede tomar de un día para otro, puede haber un ‘click’ en cualquier momento? Yo es que no me imagino a jugadores como Rafa o a David luchando por estar en el top30, no hay necesidad.

Los resultados son los que mandan y los que te hacen ir a un lado o hacia otro. Ellos no creo que disfruten de jugar sin presión y si pierdo me da igual. No pueden, son ganadores, jugadores de sangre muy caliente que no van a aceptar perder tan fácil ante chicos diez años menores. Se lo replantearán y verán si solo es una mala racha o es que realmente están perdiendo nivel. Ellos miran mucho el ranking y saben que es lo más justo que hay.

Tras romper con David estuviste ocho meses con Roberto Bautista. ¿Qué tal fue?

Muy bien. Empezamos a trabajar en Castellón a través de Tomás Carbonell y fue una gran experiencia. Lo que pasa es que es un jugador ya muy hecho, entonces ayudas de una manera diferente. Con David ayudé a crearlo en todos los aspectos; con un jugador que ya está hecho, propones unos cambios para intentar mejorar y lo ven de un modo distinto, no es fácil congeniar porque tienen miedos y dudas de perder la confianza o de que ese no sea el camino correcto. Con 25-26 años uno aporta lo que puede.

¿Acabó todo bien?

Sí, lo dejamos en Miami (2015) porque tuve unos problemas personales y lo tomé como una señal de que tenía que estar más tiempo en casa. Aparte, Roberto y yo teníamos una manera diferente de ver el tenis, intentamos modificar alguna cosa pero tampoco dio resultados. Su tenis no coincidía con mi filosofía, así que lo dejamos y sin problema.

¿Caíste en el error de comparar esa etapa con la anterior?

Bueno, al fin y al cabo la carrera con David fue muy extensa, además con una edad chula como son 17 años donde le puedes corregir ciertos errores desde un principio, donde confía en ti al 100% y que, además, los resultados van llegando hasta llegar arriba. La época con Roberto es totalmente distinta, cuando yo llegó él ya estaba consolidado y en el top15 mundial. Intenté ayudar pero ya se ve todo de otra manera.

¿Ves en Bautista un nuevo Ferrer? ¡Lo dice el propio David!

Es un jugador muy técnico con una gran capacidad de mejora y, lo que más me gusta, tiene ambición. Eso es muy importante. Reúnen condiciones parecidas en algunos aspectos. En lo tenístico son diferentes. David es un pitbull, te cogía del cuello y no te soltaba, era muy agresivo, una apisonadora. Roberto es el Fischer del ajedrez, muy estratega, muy por delante de la jugada, se las prepara muy bien. Son diferentes en ese aspecto, aunque han entrenado mucho juntos y se copian cosas el uno del otro.

En Australia pudimos ver la entrega de ese testigo del tenis valenciano con la victoria de Roberto sobre David. ¿Quién crees que viene luego?

Nicola Kuhn es un jugador muy interesante. Hay que ver cómo evoluciona y tener los pies en el suelo porque son jugadores que están acostumbrados a ganar siempre y cuando empiezan a perder algún partido… es lo más normal, pero les hace pensar que están estancados. Si se rodean de energía negativa es cuando pierden confianza y viene el choque. Los chavales tienen que llegar a los 14-15 años con muy buena técnica, mejorar la táctica y luego ir aprendiendo a competir y reforzar la mentalidad.

Te han venido bien estos dos años fuera de focos.

Me vino bien, sí. De alguna manera había que parar un poco, mirar un poco desde fuera y volver a la realidad. Recuperar el día a día en un trabajo diferente. Me ha llamado gente proponiéndome cosas, algunas interesantes y otras no tanto, pero bueno, cuando crea que es el momento decidiré.

¿Te ves viajando otros 15 años con otro jugador?

Con la edad que tengo, lo más sensato es coger un jugador que ya esté hecho. No creo que un niño de 17 años viaje con una persona de 50, no es lo más normal. Tengo mentalidad joven y aún trabajo mucho el físico pero con un chaval al cargo tienes que empujar del carro cada día y, no es que no me apetezca, pero igual prefiero ir al lado y no delante del carro. Si alguna vez vuelvo al circuito prefiero que sea para ir al lado de alguien, pero nunca se sabe, igual dentro de un año sale algo diferente. Todavía no tengo ese objetivo definido.

Coger a alguien desde la base lleva más trabajo pero luego los frutos también saben mejor.

¡Por supuesto! En mi caso, modestia aparte, creo que he tocado el techo en el circuito ATP. Empezamos entrenando en el Club de Tenis Denia, de ahí fuimos dando tumbos hacia Valencia, íbamos perdidos y de repente nos vimos jugando en la pista central de Roland Garros. Así 15 años. He conocido jugadores y ex jugadores históricos, vivido anécdotas inolvidables… de alguna manera hemos tocado el techo. Pero me gustan los proyectos de cero, me gusta empezar en la peor pista de la Comunidad Valenciana e intentar acabar en lo más alto. Las grandes cosas muchas veces nacen de los lugares más inesperados.

¿Volverías con David si él te lo pidiera?

No se puede volver. Él está muy bien como está y tiene un entrenador muy bueno como es Paco Fogués. Paco es un buen amigo mío, a veces hemos hablado de trabajar juntos en un futuro porque entendemos el tenis de una manera muy similar y además es alguien muy profesional. Como equipo tiene lo mejor, con Miguel Maeso como preparador también. Los últimos resultados tendrán una explicación, seguro, pero estoy convencido de que no tienen nada que ver con su equipo técnico.

¿Imposible entonces?

Aquello fue una etapa que ya pasó, la mejor de toda mi vida. Profesionalmente y personalmente aprendí lecciones brutales, no puedo pedir más. Estoy muy agradecido y si lo veo se lo digo, podía hasta escribir un libro con todo lo que hemos vivido. Pero no, definitivamente no.

LA APUESTA del día

Comentarios recientes

¡No te pierdas ni una publicacion! X

Dale a "me gusta" en Facebook
Siguenos en Twitter