La argentinidad al palo

El equipo argentino de Copa Davis cayó en primera ronda. Se escucharon protestas contra los jugadores y el equipo. Ni la Ensaladera logró la unión de opiniones.

Argentina estuvo cerca de levantar un 0-2 en contra pero terminó cediendo 2-3 ante Italia en la primera ronda de la Copa Davis. Se cumplió la lógica inicial que decía que los europeos eran favoritos. Fognini y compañía se impusieron a un conjunto tocado por las bajas de Juan Martín del Potro y Federico Delbonis, los dos grandes artífices de la final en Zagreb. El descalabro albiceleste en la ronda inicial, siendo los vigentes campeones del mundo, tocó el orgullo de aficionados, jugadores y periodistas por diferentes motivos deportivos y extradeportivos.

Todavía no había ni comenzado la serie y ya se estaba poniendo en duda el compromiso de los jugadores. Hinchas, personajes del mundo del tenis e incluso periodistas apuntaban, entre otros dardos dirigidos, a Juan Martín del Potro. El hecho de haber levantado la Ensaladera por primera vez en 116 años de competición no parece ser suficiente para los hombres que ven en los tenistas a unas máquinas que todo lo deben jugar.

Ni Nalbandián ni Vilas, dos de los jugadores más respetados del país, consiguieron ganar la Copa Davis, pero en pleno 2017 es recurrente escuchar acusaciones contra Juan Martín del Potro de “poco compromiso”. Tres meses después de consagrarse campeón, de llevar su cuerpo al límite y de poner la competición por equipos por delante de cualquier otra actividad, ya hay críticas contra el tandilense.

Juan Martín se desvivió por Argentina la pasada temporada y puso a la Copa Davis como una de sus máximas prioridades para el 2016. Todo lo jugó, todo lo ganó y fue él el buque insignia del combinado nacional. Cumplió con lo propuesto después de haber pasado parte de los años más complicados de su carrera entre lesiones, operaciones y recuperaciones. Pero esto no termina de ser suficiente para algunos argentinos con memoria de corto recorrido.

Y es en estos casos cuando uno se pregunta qué más se le puede pedir al mejor tenista argentino de los últimos tiempos. ¿Por qué esa exigencia para con los mejores? Podría responderse con que existe una ley universal que dice que a mayor rendimiento, mayor exigencia. Sí, pero ¿hasta qué punto es esto justo con un tenista que hizo historia en un país sumamente deportivo y competitivo como Argentina?

Suelo pensar cómo se le recordará a Juan Martín en la Copa Davis y no tengo dudas de que será como el gran artífice de la victoria en el 2016. Como el imbatible del equipo en un año dorado en lo personal y grupal. Se vendrán imágenes a la cabeza del pilar fundamental de Argentina el año de la conquista de la Ensaldera y eso es lo que queda en la memoria. Y no el hecho de no haber ido aquellos años o su renuncia ante Italia, sino su presencia, devoción y romance con una gran mayoría del pueblo.

El argentino es hermoso: vive por y para el deporte. Ahí le va la vida. La pasión es su signo de identidad. Si gana es el rey del mundo, el orgullo del universo, pinta a Dios de celeste y blanco y pasea con el pecho inflado. Ahora bien, la derrota la vive y la siente como una catástrofe: se buscan culpables, todos opinan y luego de un breve luto se pasa de la euforia a la desazón, conducta típica del argentino exitista que cree que si no gana es un perdedor.

El pelado Gustavo Cordera, ex de Bersuit Vergarabat, no estaba equivocado en una de sus canciones. “Del éxtasis a la agonía oscila nuestro historial. Podemos ser lo mejor o también lo peor con la misma facilidad". La Copa Davis y la argentinidad al palo.

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