Rafa Nadal y el subconsciente de la tierra batida

El mallorquín recuperó sensaciones de tenis, mentales y físicas y, aún quedando meses de competición, en su cabeza ya retumba el polvo de ladrillo. 

Rafael Nadal en uno de sus partidos en tierra batida
Rafael Nadal en uno de sus partidos en tierra batida

Si un tenista acaba de perder una final de Grand Slam en Australia y 30 minutos después de terminar el partido ya está hablando de la tierra batida, es que gran parte de los objetivos de la temporada están puestos en esa gira. Así es Rafael Nadal, un tipo que mientras digiere una de las derrotas más duras de los últimos años, manda un mensaje de ambición personal y con derroche de afán de superación.

Sin derrumbarse en la caída ante Federer el pasado domingo en Australia, Nadal salió impulsado del primer Grand Slam del año. Pudo comprobar que siguiendo la línea de juego de las últimas semanas está para ganar los mejores torneos del mundo. "Jugando así pueden ocurrir cosas bonitas", avisó. "Pueden ocurrir en canchas duras como ésta, pero especialmente pueden ocurrir sobre arcilla”, expresó el ex número uno del mundo cuando aún seguía con la excitación propia de haber disputado uno de los partidos más emotivos de la historia del tenis.

Sin que a nadie se le pasara por la cabeza preguntar por unos torneos que comienzan en abril, el propio Rafael es quien nombra la tierra batida, su superficie predilecta. Su subconsciente se trasladó allá donde se siente más cómodo, donde se vuelve un tornado indomable. La conexión de Nadal con la tierra es algo innato.

“Si soy capaz de jugar como este torneo, de superar partidos como los que superé, de recuperarme bien, y en arcilla me recupero mejor, de que mis rivales no tengan tantos puntos gratis, de jugar sólido desde la línea de base... Si soy capaz de hacer eso, creo que puedo seguir teniendo éxito en cancha dura, pero en tierra puede ser especial”, vuelve a incidir el balear.

Estando en enero, nombra los torneos que comienzan a principios de abril. El Australian Open fue un golpe de energía revitalizante para Nadal. Volvió después de casi tres años a meterse en una final de Grand Slam y a punto estuvo de levantar el título (sacó para 4-2 en el quinto set).

El sentirse competitivo en cancha dura le da un envión de confianza para las pistas más lentas del circuito, allá donde él ganó 49 títulos como profesional. "Si estoy a este nivel, voy a ganar títulos”, advierte sin temor a equivocarse de lo que pueda ocurrir en los próximos meses. Nadal necesita un cuerpo capacitado para poder seguir trabajando de la manera que lo hizo en las últimas semanas. Sin lesiones, pueden venir las alegrías. “Estoy en el camino muy, muy adecuado para competir por todas las cosas por las que he competido durante toda mi carrera”, advierte.

La temporada de Nadal sobre tierra batida arranca en abril en Montecarlo y le siguen Barcelona, Madrid, Roma y culmina en Roland Garros. Defiende 2.130 puntos de los cinco torneos, pero eso no es una presión para él. Está acostumbrado a tener sobre sus espaldas un Everest de unidades de las temporadas pasadas.

El subconsciente rascó en el interior e hizo que Nadal dejara claro mediante palabras que el polvo de ladrillo es su objetivo para el 2017. Y que, además, el tropezón en la final de Australia no es más que una muestra de que a sus 30 años está fresco de mente y piernas. Los fantasmas quedaron atrás y ahora es momento de seguir escribiendo su particular historia en los libros del tenis. La estimada arcilla es un tema de charla en pleno enero, sinónimo de que el mejor tenista español de todos los tiempos no está de paseo por el circuito.

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