Se pagaron auténticas locuras por el Federer-Nadal

La gran final del Open de Australia 2017 desató la locura entre los aficionados que llegaron a pagar casi 20.000 dólares por un asiento en la Rod Laver Arena.

Un nuevo partido del siglo entre Roger Federer y Rafa Nadal, tras tanto tiempo sin verse las caras en una final de Grand Slam, suscitó una atención que hacía tiempo que no se registraba. Incluso batió récords de audiencia como en España. Ver ese imperdible partido in situ fue una auténtica locura. Muchos tiraron la casa por la ventana, pagando entradas desorbitadas y comprando billetes de aviñon a última hora para poder asistir al partido de sus sueños. The New York Times recoge un buen número de testimonios al respecto que no debes perderte. ¿Qué habrías estado dispuesto a hacer tú por un Federer-Nadal como ese?

Pocos o casi ninguno apostaba por una final entre los dos jugadores con más solera del tenis mundial: Roger Federer y Rafael Nadal. Según iban avanzando rondas la posibilidad iban in crescendo, teniendo en cuenta también las prematuras derrotas de Novak Djokovic y Andy Murray. Con Federer en la final, muchos se lanzaron ya a adquirir su entrada para ver al suizo luchar por su 18º Grand Slam. Y obviamente, en cuanto Nadal completó su acceso, la locura se desató definitivamente.

Normalmente un ticket o entrada para la final del Open de Australia en categoría masculina oscila en cuanto a precio entre los 300 y los 600 dólares americanos. Pero para presenciar en la Rod Laver Arena la final 'vintage' entre los dos grandes colosos, los precios se salieron de cualquier órbita. Por menos de 1.500 dólares era una quimera encontrar nada. Y en torno a los 20.000 dólares, era algo bastante normal. Precios llegaron a verse en algunos portales de venta de entradas. Precios que muchos pagaron teniendo en cuenta que la central registró un lleno absoluto para tamaña cita en la historia del tenis.

"Es mucho dinero pero creo que no iba a tener otra opción de ver algo así", admitía Saskia van Rheenen, una estudiante holandesa que había presenciado partidos durante la primera semana del torneo pero que ante la posibilidad de un Federer-Nadal, no se pensó mucho la opción de volver a Melbourne desde Nueva Zelanda. "Pensé que era demasiado dinero, demasiada locura. Pero pronto dejé de pensar en eso. Iba a ser posiblemente la última final de Grand Slam entre ambos y para mí era el deseo número 1 de mi lista, ver ese partido", comentaba.

"Tras el primer set, le mandé un mensaje a mi familia: 'Ya ha compensado el dinero que pagué'. Me olvidé rápidamente del dinero. Sinceramente, fue el mejor día de mi vida", reconocía Saskia, que se dejó la buena cifra de 1.600 dólares en la entrada más los 530 que le costó un rápido e inesperado vuelo de regreso a Melbourne.

Una auténtica salvajada lo que pagó por tan conspicuo partido Ronny Chow, una abogada de Hong Kong. Como Saskia, Ronny había acudido al torneo durante la primera semana. Pero ante semejante guinda del pastel, no dudó en dejarse 19.000 dólares entre pasaje y entrada para ser una de las 15.000 personas que vieron en la Rod Laver a Federer y Nadal. "Es algo patológico, adictivo", reconocía sobre la necesidad de ver tenis y más un partido así. Ella ya había sido testigo directo del anterior Grand Slam conquistado por Federer en Wimbledon.

Curiosa igualmente la historia de Juliann Greene, de Hawaii. Como muchos, presenció partidos de la primera semana, cuando los precios son más asequibles y asegurándose así poder ver a los grandes jugadores. Extendió su estancia en Melbourne para ver a Federer contra Nishikori, pero no más. A su vuelta, su marido fue franco con ella y le aconsejó volverse de nuevo, sabía que su esposa debía estar en Melbourne presenciando las últimas rondas donde Federer ya amenazaba con hacer algo muy grande. "Después de lo que me dijo me puse a mirar vuelos", contaba. Apenas había acabado de llegar a casa tras 10 horas de trayecto desde Australia.

Para Fiona Wong, este fue un año distinto a buen seguro. Y es que llevaba comprando tickets para la final los últimos años pero siempre acababa vendiéndolos ante la decepción de no ver a Federer en la final, ausente desde 2010 en ella. Una fan empedernida del suizo como era ella, que había acudido a sus seis anteriores partidos en este Open de Australia, no podía faltar a su cita esta vez sí en el último partido del torneo. Y eso a pesar de que los precios sobrepasaran los 15.000 dólares. "Es lo que se suele decir en estos casos, pero para mí no tenía precio esto. ¿Cuándo iba a poder ver de nuevo a Federer en una final de Grand Slam? No importaba cuánta cantidad de dinero me dejara", confesaba Fiona. Y es que un Federer-Nadal como el que se vio an Melbourne no tenía efectivamente, precio. Un recuerdo impagable. Aunque solo fuera verlo desde la Margaret Court como Jen Gundry, fan de Nadal, que pudo presenciar el choque a través de una pantalla gigante por unos 23 dólares, deleitándose además con la visita del suizo tras el partido, mostrando la copa al respetable.

LA APUESTA del día

Comentarios recientes