Claves de la derrota de Rafa Nadal

No se le puede sacar muchas pegas al rendimiento de Rafa Nadal en la final, pero aquí proponemos cinco factores determinantes.

Si miramos al detalle y buscamos qué pudo pasar para que Rafael Nadal no saliera campeón del Open de Australia, la verdad es que cuesta encontrar respuestas. Prácticamente compitió como una bestia durante todo el encuentro, peleando de tú a tú con el mejor de la historia y solamente agachando la cabeza cuando Roger Federer cambiaba la raqueta por la varita. Sin embargo, hubo puntos a mejorar de cara a ese 15 Grand Slam que se terminó escapando.

El servicio. Venía sacando Rafa como los ángeles durante todo el torneo y hoy vio cómo ese golpe casi ni apareció en toda la velada. Apenas cuatro saques diretos y un 63% de puntos ganados con el primer servicio. Es un bagaje algo pobre para enfrentar al hombre más en forma del torneo, así lo demuestra en resultado final. Por supuesto que Nadal nunca se apoyó en su gran servicio para ganar, pero aceptando que Roger tampoco es el mejor restador, quizá por ahí hubiera sido un buen camino para salvar alguna que otra pelota de break.

Cansancio. Con esto ya contábamos. Al igual que en la final que ambos jugaron en 2009, de nuevo el balear era el jugador que más perjudicado llegaba a la gran cita final. Más de seis horas de diferencia en pista respecto al suizo, sobre todo tras esa lucha a muerte con Dimitrov, fueron determinantes para que al final del viaje lo pagara en sus piernas. Por suerte, es algo a lo que Rafa lleva acostumbrado desde sus inicios, pero es una evidencia que hoy el de Basilea llegó mucho más fresco para firmar el último zarpazo. De poco importó que fuera cinco años mayor.

Mentalidad. El punto clave del español. La sacó a relucir en el segundo set, después de recibir un 6-4 en el que nada pudo hacer. Volvió a rugir en el cuarto, tras un varapalo terrible en forma de 6-1 con un Federer sublime, casi con la copa en las manos. Pero luego llegó el quinto y, pese a que fue el primero en romper el servicio (llegó a estar 3-1), la cabeza se bloqueó al ver el insistente carácter de Roger en no perder esta final. Aquelló superó a Nadal, quien ya daba por muerto a su oponente. Se confió, flaqueó y acabó derrotado. Fue un final de leyenda, con múltiples opciones para los dos, pero esta vez le tocó al suizo la cara amable de la moneda.

El rival. Al final, el partido de Nadal es de sobresaliente. Por actitud, por tenis y por saber reponerse cada situación complicada que le fue surgiendo. ¿Pudo haber ganado? Por supuesto. ¿Pudo hacer más? Sí, pero no mucho más. Enfrente salió el verdadero monstruo del vestuario, ése que acumula ya 18 Grand Slam y al que ni siquiera la edad ha podido rebajar. Federer cuajó un partido formidable, ganando en cinco mangas lo que casi siempre había dejado escapar en el pasado. Un genio que cuando se pone en este plan, solo puede admirar y aplaudir.

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