Rafael Nadal, la resurrección del guerrero fiel

Rafael Nadal tiene la oportunidad de borrar de un plumazo los malos momentos vividos en años anteriores, confirmando su eternidad como mito

Rafael Nadal en Open de Australia 2017
Rafael Nadal en Open de Australia 2017

Es inevitable. Un escalofrío recorre el cuerpo de todo aficionado que vea a Rafael Nadal en una pista de tenis. La cultura del esfuerzo adquiere un significado especial con un hombre infinito en su pasión por el tenis, generoso en su trabajo y obsesionado con ser honesto consigo mismo y su deporte, luchando por cada bola como si fuera la última. Pero sería una necedad presentar a Nadal como un guerrero indomable solamente.

Y es que no hay dudas de que el español es uno de los mejores jugadores de la historia. Nadal ha sido capaz de reinventarse a sí mismo constantemente, de encontrar soluciones a sus infinitos problemas físicos y retornar a las pistas con la misma ilusión, de mejorar cada año algún parámetro de su juego y de no rendirse nunca. Caer para levantarse aún más fuerte. Eso representa este hombre que se erige en un ejemplo para la sociedad, y que es capaz de unir a España en su admiración y apoyo eternos.

No lo neguéis. Vosotros también soñabais con su retorno. Probablemente os hayáis parapetado en los últimos meses en su edad, en la dificultad de recuperarse físicamente ya entrado en la treintena, en la importancia de la fortaleza física en su juego y la llegada de nuevos valores para autoconvenceros de que la historia de ensueño del balear podía tocar a su fín. Pero en el fondo de vuestro corazón, guardabais la esperanza de un nuevo resurgimiento. Si los gatos tienen siete vidas, Nadal debe tener algo de felino porque ha vuelto pletórico.

Su inteligencia alcanza límites insospechados. El de Manacor ostenta una claridad de ideas absoluta incluso cuando al aire le cuesta llegar al cerebro. Nadal vuelve a diagnosticar cuál es la receta para el éxito en cada momento, vuelve a saber cómo variar el servicio ante sus rivales, cuándo comenzar las jugadas por la derecha de Dimitrov en vez de por el revés, cuándo levantar el puño y enardecer a la grada, y en definitiva, cuándo y cómo ganar.

Rafael Nadal

En todos los años comprendidos entre 2005 y 2014, ambos inclusive, Rafael Nadal terminó con un Grand Slam, al menos, en sus vitrinas. En 2015 y 2016 no fue así y el tenis parecía huérfano. El final de la era más gloriosa de la historia del tenis parecía tocar a su fin pero no se puede enterrar jugadores de este calibre. Nadal ama el tenis por encima de todas las cosas, y hace sacrificios por él que no se podrían ni imaginar.

Todo aficionado al tenis debe mucho al balear, que ha cambiado este deporte para siempre con su estilo aguerrido y golpes imposibles. En 2017 sigue haciendo gala de las mismas virtudes, y además, parece haber pulido sus defectos. La inclusión de Carlos Moyá en su staff técnico parecen haber conferido un plus de agresividad a un Nadal sobrado de motivación y potencial para legitimarse en la cúspide.

Rafael Nadal y Carlos Moyá

El partido de Nadal ante Alexander Zverev se erigió en un punto de inflexión. El español había perdido su aura ganadora en los últimos años, tal y como demuestran sus derrotas en partidos en cinco sets ante Fernando Verdasco, Fabio Fognini y Lucas Pouille. Pero en esta ocasión, Rafael volvió a ser ese jugador imbatible en el terreno donde los nervios se pueden descontrolar, y en el que cualquier mínimo detalle decanta la balanza.

El de Manacor sostuvo el ímpetu revolucionario del joven alemán, y se vio imbuido de ese sentimiento de imbatibilidad que le ha acompañado a lo largo de su carrera deportiva y le convierte en uno de los más grandes de la historia. Hizo gala de ello ante Gael Monfils, remontando en el cuarto set cuando el galo parecía haber puesto la directa para forzar el quinto, y también ante Milos Raonic, levantando seis bolas de set en el segundo parcial.

Son las cosas de Nadal, esa capacidad innata para aferrarse a la pista y elegir bien cada golpe en los momentos cumbre. Sufrió lo indecible para derrotar a Grigor Dimitrov y citarse con la historia, haciendo realidad los sueños más inverosímiles hace meses de todos los aficionados. Nadal lo está haciendo bien tácticamente, vuelve a hacer gala de su poderío físico y habilidad innata para recuperar bolas imposibles, pero no es ése su leitmotiv en pista, sino el de ser agresivo y tomar la iniciativa.

Rafa busca el que sería su 15º Grand Slam, pero ha encontrado lo más importante: la fiel e irrefutable prueba de que puede seguir compitiendo por los grandes títulos. Ésa será la gasolina para hacer que el motor de Nadal vuelva a carburar como en años anteriores. El español ha regresado y lo ha hecho para quedarse. ¡Que comience el espectáculo!

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