Las mejores relaciones entrenador-jugadora del circuita WTA

Repasamos algunas de las dualidades que mejor han funcionado en el circuito WTA en 2016, superando las expectativas marcadas a inicios de año.

Torben Beltz y Angelique Kerber en 2016.
Torben Beltz y Angelique Kerber en 2016.

Los entrenadores han salido de las sombras en el circuito WTA. La regla ya asentada en el tenis femenino que permite la conversación entre coach y tenista durante una vez por cada set, ha servido para poner de manifiesto el ingente trabajo estratégico, técnico y, sobre todo mental, que hacen los entrenadores con sus pupilas. Nunca los espectadores habían podido captar con tanta precisión las conversaciones entre dos profesionales con un objetivo común.

En esa marabunta de conversaciones ejemplificadoras de lo que supone la inteligencia emocional, emergen cuatro dualidades por encima de las demás, cuya buena sintonía se ha visto plasmada con resultados por encima de los esperados. Algunas de las mejores relaciones entrenador-jugadora son ya parte de la historia del tenis, mientras que otras aspiran a legitimarse en el tiempo y seguir progresando, pero todas ellas comparten el factor común de haber hecho que el 2016 fuera un año mágico.

Angelique Kerber - Torben Beltz

Detrás de la mejor jugadora del mundo tiene que haber un gran entrenador, y Torben Beltz lo es. Este desaliñado sujeto es como un segundo padre para Kerber, comenzando su relación profesional con la de Bremen allá por 2003 aunque es entrenador oficial desde 2011. Han tenido altibajos pero la confianza mutua entre ambos es absoluta. No son una de las parejas más locuaces sobre la pista, pero la sobriedad de ambos es sinónimo de aplomo y seguridad en sus posibilidades.

Kerber no ha hecho sino progresar en su tenis, desafiando la tentación de recluirse de fondo de pista y exprimir su habilidad innata para contraatacar. Angelique maneja una gama de golpes cada vez mayor, y a nivel mental está demostrando ser una roca. El 2017 será una dura prueba, teniendo que defender el número uno del mundo desde el inicio.

Mónica Puig - Juan Ignacio Todero

Este argentino se erige en una figura clave en la evolución de la puertorriqueña. Puig es un tesoro para cualquier entrenador, una pupila soñada por su innegable potencial, pero a la que aún hay que pulir para sacarlo a relucir. Todero entrenó a Madison Keys, una jugadora de características similares a Puig, pero el rosarino parece entenderse mucho mejor con una mujer ambiciosa.

Juan Ignacio Todero y Monica Puig en 2016

La medalla de oro obtenida en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro es la prueba irrefutable de las opciones de una jugadora, y la punta del iceberg de un trabajo continuado y bien estructurado, cuyo objetivo es mantener el espíritu ofensivo de la puertorriqueña pero dotarla de la paciencia y la inteligencia necesaria para trabajar los puntos y ser una jugadora completa. El proceso está en marcha y se presenta apasionante.

Kiki Bertens - Raemon Sluiter

Otro desafío apasionante para cualquier entrenador. Kiki Bertens no acababa de explotar, pero con 25 años ha alcanzado el nivel de tenis para el que parece destinada. Con un revés poco ortodoxo pero muy efectivo y uno de los mejores servicios del circuito, la holandesa ha progresado mucho como jugadora bajo el asesoramiento del ex-jugador Raemon Sluiter.

Raemon Sluiter y Kiki Bertens en 2016

La experiencia que atesoró Sluiter durante su carrera profesional, parece haber repercutido muy positivamente en Bertens, mucho más versátil en pista durante un 2016 en el que alcanzó las semifinales de Roland Garros y se hizo con el título en Nuremberg. Aún tiene margen de mejora la buena de Kiki, y no parece haber duda de que confiará en Sluiter para que guíe su camino.

Johanna Konta - Esteban Carril

No siempre es feliz el final de las historias, y el caso de la británica y el español así lo demuestra. Johanna Konta ha sido una de las jugadoras revelación del año, pero tras dos años confiando en Esteban Carril como entrenador y alternando etapas en Birmingham con otras en Asturias, la semifinalista del Abierto de Australia 2016 decidió cortar la relación y buscar nuevos retos.

Johanna Konta y Esteban Carril en 2016

A pesar de ello, es innegable la influencia de Carril en una jugadora que no ha parado de crecer y cuya irrupción en el circuito fue tan meteórica como brillante. Su nueva concepción de top-10 parece haber hecho ver a Konta que necesita un cambio de aires para no relajarse, y el elegido fue Wilm Fissete. No tiene una tarea fácil por delante pero se encontrará con una jugadora ya curtida en mil batallas contra las mejores del mundo, y que quiere seguir formando parte de ese club.

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