El último diciembre del Open de Australia

Un 9 de diciembre de 1985, el sueco Stefan Edberg destronaba a Mats Wilander y cerraba una época. Fue la última edición jugada en diciembre.

Stefan Edberg, campeón del Open de Australia de 1985
Stefan Edberg, campeón del Open de Australia de 1985

Un día como hoy, 9 de diciembre, la nostalgia y la coincidencia nos hacen viajar 31 años atrás, al mismo día pero de 1985. Muchos pensarán que, tenísticamente hablando, poco noticiable en principio podía existir en un día como ese, en mitad de la pretemporada. Quizá muchos jóvenes de hoy en día no lo supieran, pero el Abierto de Australia, el primer Grand Slam de la temporada, se había jugado durante toda su historia hasta 1985 en el mes de diciembre y no en el de enero como actualmente sucede. Por aquel entonces era el último grande del año. Aquella edición tan significativa fue conquistada por el sueco, adalid del juego de saque y volea, Stefan Edberg. El escandinavo conseguía en las pistas de hierba de Kooyong su primer entorchado del Grand Slam batiendo en la final a su compatriota Mats Wilander.

Plenos años 80. El mundo como lo entendían en la Guerra Fría estaba a punto de claudicar. El Abierto de Australia, como lo conocían por aquel entonces, también. Sus tradicionales pistas de hierba tenían los días contados. El ‘Wimbledon de invierno’ apuraba sus últimos partidos, sus últimos proezas, sus últimos héroes. La modernidad y el nuevo mundo de las pistas de cemento llamaban a la puerta. El torneo oceánico quería abrirse, tenía ansias de expandir su influencia y su peso en el calendario. Quería ser un Grand Slam para todos los jugadores. Muchos tenistas más habituales de la tierra batida y canchas lentas, tachaban del calendario la cita australiana, que sobre hierba y en el mes de diciembre, suponía todo un desbarajuste para muchos. Por no hablar del larguísimo viaje y de la obligada aclimatación a la avanzada primavera australiana.

El torneo viviría en 1985 su última edición celebrada en diciembre, su última edición como el último Grand Slam de la temporada. Como es lógico, en 1986 no se disputaría el torneo, ya que hubiera tenido que celebrarse al mes siguiente del anterior. Fue en 1987 cuando se retomaría, ya en las fechas que todos conocemos de mediados de enero y eso sí, aún sobre hierba. Ese sería el cierre final. Las instalaciones ya obsoletas de Kooyong darían paso a las modernas y tremendamente amplias de Flinders Park, lo que ahora se conoce como Melbourne Park. El suelo de hierba se tornaría en cemento, convirtiéndose en el segundo major en adoptar esa superficie tras el Abierto de los Estados Unidos en 1978.

Retornamos a 1985. Ese último Open de Australia de diciembre estaba reservado casi inextricablemente a un sueco. Eran plenos años 80, en plena época del tenis sueco. Sus años dorados. El boom de Bjorn Borg había pasado. Justo un año antes había dejado el tenis profesional. En cualquier caso, las tierras australianas nunca habían sido de su agrado. Una tercera ronda es el mejor recuerdo que tiene de la hierba de Kooyong. Sus sucesores en cambio, iban a darle otro aire a la conexión Australia-Suecia.

Durante cinco años seguidos el país escandinavo sería el rey en el Abierto de Australia. Mats Wilander abría la veda en 1983, repitiendo en 1984. Un tenista bastante distinto a él como Stefan Edberg, tomaría el relevo a costa suya en 1985. Con tan solo 19 años, Edberg irrumpía en el torneo como quinto sembrado y uno de los grandes favoritos. En sus anteriores apariciones en Grand Slam, solo había pasado de la segunda ronda en una ocasión, precisamente en Melbourne llegando a los cuartos. La terna de grandes espadas la completaban estrellas como Ivan Lendl, en gran forma, John McEnroe y Boris Becker. Faltaba a la cita el incombustible Jimmy Connors, esquivo al torneo desde 1975 a causa de las dificultades que entrañaba el evento y que ya hemos comentado.

El camino de Edberg hasta la final no fue fácil desde luego. Se dejó solo un set en las primeras tres rondas pero después tuvo que enfrentar un compromiso durísimo ante el australiano Willy Masur al que le levantó dos sets a cero en contra. Los cuartos fueron muy cómodos pero de nuevo en semis vinieron curvas peligrosas. En el que seguramente fue el partido del torneo, el sueco se deshizo del checo y número uno por aquel entonces Ivan Lendl en cinco mangas (6-7, 7-5, 6-1, 4-6 y 9-7). En la final se iba a ver las caras con otro sueco, Mats Wilander. El de Vaxjo venía como un tren, habiendo cedido solo un set en todo el torneo y en su primer compromiso. Sorprendentemente, la victoria final sería para Edberg, que jugaba su primer partido por el título en un Grand Slam ante un Wilander que era el campeón defensor de los dos últimos años y que ya acumulaba cuatro finales de major. Se impuso el juego ofensivo y de red constante de Edberg que tumbó al bicampeón por 6-4, 6-3 y 6-3 para estrenar un palmarés que llegaría hasta los 7 grandes, incluyendo un nuevo Abierto de Australia en 1987.

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