TenisVal, 18 años de pasión incondicional

La Academia de Pancho Alvariño y José Altur cerrará sus puertas al finalizar la temporada. Repasamos sus inicios, evolución y legado.

El logo de la Academia TenisVal, presente en sus instalaciones
El logo de la Academia TenisVal, presente en sus instalaciones

Cuando uno aterriza en el municipio de Silla (Valencia) y gira a la izquierda en la tercera rotonda, lo último que espera encontrarse es una de las Academias de élite más importantes de España. Camino agrietado, ambiente rural, campos de arroz, centenares de naranjos y l’Albufera como postal incomparable. Al finalizar tan exclusivo trayecto, reflejo de las raíces de los pueblos valencianos, nos encontramos con el Club Deportivo Saladar, sede de TenisVal. El lugar donde Pancho Alvariño y José Altur catapultaron una idea hacia objetivos impensables, liderando un proyecto durante 18 años que pondrá su punto y final al terminar el calendario. Ha sido un viaje cargado de emociones, éxitos, descubrimientos, aprendizaje y sobre todo trabajo. Es hora de que a este trayecto le integremos también el reconocimiento que merece.

¿Dónde nace TenisVal? El origen de la idea se remonta a finales del s. XX en Peñasol, donde Alvariño crea su propia academia. Él había sido entrenador de Altur durante su última etapa como jugador, con el que mantenía todavía una buena relación. Pero mantenían todavía algo más, la ilusión por crear un proyecto conjunto, algo en lo que pudieran invertir tiempo, conocimiento y al mismo tiempo les permitiera dedicarse a lo que más querían. Y de paso, ayudar a otras tenistas en sus etapas evolutivas. Aquella atracción lo tenía todo, imposible negarse a subir a ella. Les fue tan bien que en cinco años el recinto se les quedó pequeño y tuvieron que mudarse a Silla, lugar donde han permanecido hasta el momento.

Y empezaron a rodar. El camino se fue haciendo más intenso pero a la vez más emocionante. El personal incrementó, los jugadores también, el trabajo se endureció y los éxitos cayeron por su propio peso. Por sus pistas pasaron jugadores de la talla de David Ferrer, Marat Safin, Dinara Safina, Sara Errani, Igor Andreev, Dani Gimeno, Anabel Medina o Teymuraz Gabashvili. La lista se hace inagotable pero sería agotador nombrarlos a todos. Tampoco caeremos en el vicio de recordar dónde llegaron muchos de ellos, ya que todos conocemos al dedillo la historia del tenis contemporánea. Juntos formaron una generación dorada en la que el ‘método TeinsVal’ se convirtió en la panacea idónea para competir.

“El método es fundamental”, indica Pancho en la entrevista. “Tenemos la suerte de que llevamos mucho tiempo trabajando juntos. Siempre hicimos puestas en común aunque al final el tenis es muy lógico, todo el mundo estaría de acuerdo en el 80% de su filosofía. Luego hay un 20% que hace que todos seamos distintos y que también nos gusta, que cada uno aporte lo suyo. No hay que ser estricto al 100%”, argumenta. Basta echar un vistazo por sus pistas de entrenamiento para analizar el material. Los chicos son como una roca, consistentes, seguros, fidelidad por el juego de fondo pero sin perder la agresividad. La chicas, por momentos, todo lo contrario. El saque cobra especial importancia, también el segundo, y destacan por su carácter dominante y una búsqueda continua del cambio de dirección, jugando más adentro y repartiendo con el revés. Podría parecer fácil esta instrucción, pero no todo el mundo fue capaz de ponerla a punto.

“En los buenos tiempos teníamos unos 60 jugadores con nosotros, ahora tenemos un promedio de 30. Hay que subrayar que el tema de la crisis se ha notado. Hace años había muchas menos Academias no solo en España, sino en Europa. Las Academias de tenis no se veían tanto como un negocio y únicamente estaba abierta la vía americana con los Bolletieri, Hopman y todas estas. Los jugadores se iban todos para allá, hasta que se abrió la vía española con Bruguera, Sánchez-Casal y luego ya vinimos nosotros. En esa época teníamos mucha gente del Este con Dinara, Marat, Andreev o Gabashvili, lo que provocó que viniesen muchos rusos con el sueño de ser también números 1 del mundo”, recuerda Pancho sobre los cimientos del proyecto.

Pero bajo el velo de los triunfos y la humildad hay toda una senda de sacrifico para mantener con vida el centro de tenis Altur-Alvariño. Una pirámide que la crisis económica se encargó de golpear. “Las Academias son el peor negocio que hay en el tenis. Como negocio. La gente solo ve los precios pero es que es un imposible”, aclara Pancho durante la charla. “¿Por qué no hay Academias de Tenis en España? Aquí en Valencia tenemos 3 ó 4, la mayoría están centralizadas en Barcelona porque hay más cultura de tenis y en Madrid tampoco es que haya academias de competición. La estructura es cara, necesitas entrenadores cualificados y eso es caro. Necesitas instalaciones, preparadores físicos, transporte y, sobre todo, resultados. Si hay resultados la gente se queda; si no los hay, buscan otra Academia. La propia Academia es cara para los chicos, pero la estructura es mucho más cara y eso no te da mucho margen”, explica.

No es fácil, mucho menos en un país donde el tenis no está al mismo nivel ni recibe tantas ayudas como en otros territorios europeos. “El secreto aquí ha sido trabajar, no hay más. Nosotros siempre hemos sido sinceros con la gente, sin vender humo, es que no hay secretos. Durante todo este tiempo no hemos parado de producir jugadores, quizá ayude que tenemos la experiencia y conocemos el camino, ya aprendimos de nuestros errores en su momento. También hemos estado siempre en el circuito internacional y ves cómo funciona el tenis y hacia dónde se dirige. Uno de los momentos más especiales que siempre teníamos era en las comidas, cuando nos reuníamos todos los entrenadores con sus jugadores: Piles con Ferrer, Lozano con Errani, Mensua con Safin y muchos más. Ahí cada uno contaba sus experiencias y todos aprendíamos. Eso y no perder nunca la humildad, seas el número 1 o el número 50”, añade Alvariño, uno de los grandes entrenadores que dio el tenis español.

“Aquí en España no hay tanta cultura de Academia, está todo mucho más diversificado. La gente entrena en clubes u otros lugares, aparte de que las Academias son caras. Ahora mismo con la crisis, ¿quién se puede permitir este lujo? Pero claro, si quieres llegar a ser tenista necesitas dedicarle muchas horas, necesitas una estructura, necesitas apoyarte en gente buena… si no lo tienes, por muy bueno que seas no vas a conseguir dedicarte a esto. El milagro nuestro es haber sobrevivido siendo la única academia del mundo que trabajamos únicamente con competición, sin escuela de tardes o escuela de adultos”, confiesa el técnico.

El otro pilar de este proyecto se llama José Altur, actualmente entrenador de Dani Gimeno y Taro Daniel. Se puede entender que la crisis ha sido un factor fundamental para cerrar la Academia, aunque no es el único motivo. “No es fácil exponer un motivo después de 18 años trabajando juntos. Diría que ha sido un desgaste de la relación. Son momentos complicados en lo económico, donde vivimos al límite, y que también tenemos criterios muy distintos a la hora de gestionar el negocio”, afirma el valenciano.

Alvariño, por su parte, también da sus motivos. “Lo primero es que ya no entendemos el tenis con la misma filosofía. La segunda es que la Academia ya no es como antes, la crisis ha hecho que haya menos gente y también más opciones a elegir. Y tercera es que la estructura de TenisVal ahora mismo es muy cara, difícil de hacerla rentable. Varios aspectos que se han juntado y que nos hecho dialogar sobre el futuro separando nuestros caminos para empezar desde cero”.



Ambos fundadores coinciden en sus razones, al mismo tiempo que rememoran aquellas tardes de gloria que jamás olvidarán. “TenisVal ha sido todo después de mi etapa como jugador, ha sido el lugar donde he podido desarrollar mis conocimientos”, subraya Altur. “Tengo muchos momentos espectaculares. Se me viene a la cabeza la final del ATP de Valencia entre Andreev y Ferrer (2005), dos jugadores de nuestra Academia y la confirmación de un proyecto muy bonito con Igor en mi ciudad. Otro momento que guardo son las pretemporadas tan duras e intensas en diciembre donde reuníamos a los mejores jugadores de la ATP: Ferrer, Safin, Andreev, Vochcov, Gabashvili, Gimeno, Calatrava… iban a saco, con muchísimo hambre y con muchos piques. La intensidad era espectacular. Por supuesto, imposible olvidar las comidas de entrenadores en el club después de trabajar: Mensua, Piles, Borja, Lozano, Pancho, Gallego y algunos más que se me olvidan. Allí era donde realmente aprendíamos todos, donde confirmábamos nuestras teorías y reforzábamos nuestras ideas”.

Es un adiós a 18 años de pasión incondicional, de trabajo y formación inquebrantable, de un milagro diario que situó a TenisVal como la única Academia dedicada exclusivamente a la competición, así durante casi dos décadas. Ya lo acentúa el propio Pancho Alvariño: “Aquí no se puede vivir del pasado”. Tanto él como José Altur abandonarán su zona de confort, su obra maestra, para afrontar caminos distintos pero igualmente cargados de compromiso y dedicación. Fue justo en el momento de abandonar la Academia y encontrarme de nuevo aquellos caminos, campos y contexto modesto cuando interpreté y canalicé la filosofía de TenisVal. La de empezar de cero, afrontar desafíos, cultivar sin descanso, disfrutar de la cosecha pero sin descuidar la sencillez ni olvidar las raíces. En definitiva, enamorarte de tu profesión y transmitírselo a los demás. Con una doctrina así, vayan donde vayan, encontrarán la felicidad. El camino lo conocen, es momento de reescribir las huellas.

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