Corretja: "Nadal es lo más parecido a un milagro que he visto en este deporte"

Alex Corretja recuerda en una entrevista cómo fue el día que conoció a Rafael Nadal. Una divertidísima anécdota que no debes perderte.

Alex Corretja es un tipo especial. De él siempre han dicho que era el yerno perfecto y el hijo que toda madre quisiera tener. Imposible que no te caiga bien alguien como él, al que ves disfrutar con lo que hace, que es seguir dedicándose al tenis aunque ahora lo haga delante de las cámaras o con un micro por delante. Él afirma que nunca ha tomado una cerveza y en una genial entrevista para GQ, obra de Javier Aznar, el catalán recuerda cómo fue el primer día que conoció a Rafael Nadal. Una divertidísima anécdota que no debes perderte.

"El US Open es un torneo único. El público no es el más educado, pero les encanta el tenis y el espectáculo. Aplauden siempre un buen golpe. La conexión que hay entre público y jugador es un poco salvaje, un poco macarra, pero divertida", cuenta el barcelonés, que habla sobre los tenistas que existen en la actualidad. "Me gusta mucho fijarme en la mentalidad de ellos y trato de meterme en sus cabezas para saber qué pasa por ellas, ya que yo ya he estado ahí antes. Puedo pasarme horas hablando de tenis con Djokovic, porque te analiza un partido de forma increíble. O con Wawrinka. Me llevo muy bien con él y tenemos cosas en común por la forma de jugar", asegura.

Pero de todos ellos, destaca a uno: Rafa Nadal. "Es lo más parecido a un milagro que he visto en este deporte. Algo casi inexplicable", señala. "Me acuerdo el día que le conocí. Él tendría 15 años y era una mañana muy fría en Barcelona. Yo llego al CAR con gorro, forro polar y pantalón largo y me encuentro en pista a un chico parado en mitad de la pista con una camiseta sin mangas y pantalones cortos. Le pido de calentar un poco y me dice que él ya está preparado. Mientras, yo intento calentar un poco y hacer un par de carreras. Me quito el abrigo y en la primera bola... ¡FIIIUU! Casi me desencaja el brazo", recuerda Corretja. "Le miraba como si se hubiera vuelto loco y él ni se inmutaba. La siguiente bola igual. Me di cuenta que no se andaba con bromas. Meses más tarde ganaría a Moyà en Montecarlo y a Costa en Hamburgo. Le gané en el Godó y le vi hundido. No entendía cómo un viejo como yo le hubiera ganado", sentencia.

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