Monfils vuela sobre Pouille hacia las semis

Monfils demostró estar mucho más entero que un Pouille sin gasolina al que venció en tres sets (64 63 63) para meterse en las segundas semis de Slam de su carrera.

Gael Monfils salió victorioso del duelo fratricida entre franceses de los cuartos de final del US Open 2016. Venció a la gran revelación del torneo, Lucas Pouille, por 6-4, 6-3 y 6-3 sin conceder ni una sola bola de rotura a su rival. Pouille, el verdugo de Nadal en octavos, estuvo muy falto de energía e inspiración, fallando demasiado ante un Monfils que fue una roca, impenetrable.

La batalla entre franceses prometía emociones fuertes en la pista central del US Open. Monfils traía una inercia realmente positiva y Pouille, ya sabemos, venía de cargarse a Rafa Nadal y Roberto Bautista, aunténtico lobo feroz del tenis español en Flushing Meadows. Desde la primera pelota, el litigio fue descarnado y a tumba abierta. Sin nada que ocultarse entre los dos, sin ningún respeto, la ley del más fuerte imperaría. Y esa ley la iba a llevar a rajatabla Monfils en el primer set. Anclado varios metros por detrás de la línea de fondo, el parisino resistía sólido los envites de Pouille sin importarle ceder iniciativa. Para eso es uno de los reyes del contraataque.

Pouille se escapaba de una primera tentativa de Monfils de quebrarle. No de la segunda. En su tercer saque cedía y veía como Monfils se ponía por delante conectando passings como si nada, destruyendo bolas desde el fondo como el que no quiere la cosa. Pouille ponía la variedad, la alternancia de juego subiendo, combinando palos con golpes de mayor transición. Pero Monfils no fallaba y un ciertamente cansado Pouille lo iba a acusar. No tenía la misma alegría en sus tiros como ante Nadal. En 35 minutos Monfils sellaba por 6-4 el primer parcial, demostrando mucha más frescura principalmente que su joven rival de 22 años.

En la segunda manga Pouille tenía que meter una o dos marchas más si quería meterle mano a Monfils. Pero el de París no estaba por la labor, Pouille tampoco. El del norte de Francia andaba ya con el combustible en la reserva, apurando las energías que le quedaban tras tanta batalla. Un terrible juego al saque donde erró voleas que parecía que ni ciego fallaría, le condenaron a ceder de nuevo el servicio y casi el set. Un regalo que Monfils guardaría como oro en paño. Con 3-2 y saque, Gael seguiría con su ritmo, sin cometer casi errores, muy fiable al servicio y minando cada vez más las esperanzas de Pouille de acceder a las semis. Monfils se permitía el lujo de derrapar y dar espectáculo en la pista, aunque no ganara el punto.

El partido tuvo que interrumpirse por la leve lluvia que empezó a caer, lo cual obligó a techar la central. Tras la reanudación, con 4-3 y saque de Monfils, el partido, lejos de cambiar de tónica, aumentó la que ya había. Gael volvió determinado a cerrar rápido y así fue. Aprovechó al resto para poner el 6-3 en el marcador, ayudado por un Pouille muy perdido, irreconocible, haciendo dobles y concediendo demasiado. Veía una pared infranqueable en Monfils, aunque el cansancio era su principal enemigo.

En el tercer acto la diferencia sería aún mayor. Pouille pegaba y pegaba pero Monfils sencillamente estaba mucho más entero que él. Era una pared. Ni una sola bola de rotura iba a concederle en todo el encuentro. Pronto se escaparía de nuevo en el marcador, machacando cuando tocaba y esperando gran parte de las veces a que Pouille fallara o subiera cerca de la cinta para clavarle un pasante, que tomando la forma de globo se mostraba mágico. Con estos ingredientes la resolución del partido estaba cristalina como el agua. Gael Monfils cerraba con un saque directo y tras 2 horas y 2 minutos unos cuartos de final sin color. El cansancio de Pouille fue demasiada rémora para que hubiéramos vivido un choque fratricida más parejo. El parisino alcanza así su segunda semifinal en su carrera, la primera en Nueva York que jugará ante Novak Djokovic o Jo-Wilfried Tsonga. Gael on fire.

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