Djokovic fulmina a Monfils de camino a una nueva final

Novak Djokovic accede a su 14º final de Masters 1000 de los últimos 15 tras no dar opción a un Monfils desdibujado por 6-3 y 6-2. Se vio un serbio muy mejorado.

Novak Djokovic, tras una semana de dudas y más dudas tenísticas, se ha metido en la final del Masters 1000 de Toronto al derrotar al francés Gael Monfils por 6-3 y 6-2 en 1 hora y 12 minutos de juego. Supone la 12º victoria consecutiva sobre el tenista galo y es la 14º final de Masters 1000 para él de los últimos 15 disputados. Djokovic no arrancó bien, siguiendo la tónica de otros días, pero supo sobreponerse y ayudado por un Monfils de nuevo decepcionante en muchos aspectos, encontró su buen juego y pudo desarrollar un tenis de muy alto nivel para citarse con Kei Nishikori en la gran final. La reedición de la final de Miami de este año.

En el arranque del partido, Djokovic no disipaba ni una sola duda sobre su irregular juego en el torneo de Toronto si no todo lo contrario. Segundo punto del choque, primera doble falta. Fallos desde el fondo de la pista, mucha inseguridad en sus tiros. Monfils lo tenía claro desde el inicio: agazaparse dos o tres metros por detrás de la línea de fondo y aguantar el peloteo. De entrada gozaba de un apetitoso 15-40. Desperdiciado. En el siguiente saque del serbio, no se le escaparía. Tras ir remontando de un 0-40 adverso, Djokovic cedía el saque con otra doble falta. Muy preocupante.

El francés se ponía muy rápido por delante en el marcador. Con el peso y la responsabilidad de tirar del partido. No supo cómo gestionar todo eso. Se empezó a liar con errores no forzados, presa de la ansiedad, de ver a Djokovic con dudas. Pero las suyas eran aún mayores. Arrancaba el juego con saque directo y lo cerraba perdiendo el servicio. Djokovic había despertado por otra parte, moviéndose mejor, quemando en algunas ocasiones la derecha, cargándose de electricidad. Volviendo a ser Novak Djokovic. Ya no pararía el de Belgrado.

Un Monfils muy prometedor, muy sólido y centrado, se disolvía como un azucarillo. Djokovic, a pesar de seguir con muchas lagunas con el saque, conectando segundos muy timoratos, se mostraba muy resuelto desde el fondo, aguantando el peloteo y sabiendo cerrar cuando tocaba. La tónica había cambiado drásticamente. Los errores no forzados de Djokovic iban a ser rápidamente superados por los de Monfils, que volvía a perder el saque con un remate calamitoso que botaba primero en su campo. El número uno mantuvo la línea e inercia que había adquirido, en parte por él, en parte por el francés. Sin toda la lucha que se esperaba, el balcánico ponía el 6-3 en el marcador para cerrar el primer set.

La segunda manga prácticamente no tuvo historia. Hubo espectáculo en momentos puntuales. Pero nada más. Djokovic salió determinado a imponer su ley y el francés le preparó la alfombra roja. Break inicial del serbio y casi sin pestañear 4-1 y doble rotura. Djokovic se había olvidado de los errores no forzados e incluso de las dobles faltas, mientras que Monfils jugaba ya para la galería, para conseguir algún gran punto con el que llevarse una ovación de la grada. El Monfils de siempre por otro lado.

Cierto que el francés había gozado de opciones de rotura con 2-1 abajo para recuperar la desventaja. Pero el buen trabajo realizado para ganarse esos 'break points' lo echaba por tierra al fallar restos directos. Cabeza poco competitiva la suya, con muchas dificultades para encarar con garantías situaciones comprometidas. El número 1 dictaba a su antojo el partido y era cuestión de tiempo que lo cerrara. Finalmente lo haría por 6-2, con una volea inverosímil a la que el francés no pudo responder con garantías. Djokovic progresa adecuadamente, esta vez sí, pero ante un rival que le tendió la mano demasiado pronto. Veremos si Nishikori es tan condescendiente en la gran final.

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