¿Se abre la era Murray?

Djokovic ha cerrado una etapa ganando el Grand Slam mientras que Murray reclama ya la suya tras ganar su 3º grande y contar de nuevo con Lendl.

Este Wimbledon puede que no haya sido un Wimbledon más. Puede que haya actuado de bisagra, de punto de inflexión. Puede que haya supuesto el fin de la dominación de un auténtico dictador del tenis como Novak Djokovic, que ha campado a sus anchas por medio mundo y sea el inicio de, quien sabe, si una nueva dictadura o al menos de una época más abierta y de alternancia con la presencia de Andy Murray. ¿Le veremos pronto como número uno del mundo al de Dunblane?

Murray retornó al checo Ivan Lendl tras su participación en Roland Garros. Con la ayuda del mítico tenista centroeuropeo había conseguido sus mayores logros como jugador. Su primer Grand Slam tras varias finales perdidas en el US Open de 2012 y su primer Wimbledon, rompiendo la interminable sequía del tenis británico, que se extendía desde 1936 con el último triunfo de Fred Perry. ¿Volverían los éxitos con él tras su separación? La gira de hierba del escocés no ha podido ser más exitosa. Un tremendo 12-0 a su favor con el título en Queen's como arranque de la retomada relación y a continuación la gloria en la Catedral del tenis con el segundo entorchado de Wimbledon. Parece respondida la pregunta y de forma afirmativa además.

La temporada de Andy está siendo cuanto menos curiosa. Repetía final en el Abierto de Australia, hasta ahí normal, lo habitual. Pero su posterior paternidad trastocó totalmente su rendimiento y el devenir de su temporada. Pasó un mes de marzo muy gris en Norteamérica donde se le veía apático y sin saber muy bien cómo jugar. Daba la impresión de que se había quedado sin hambre. Un tremendo competidor como él. Era preocupante cuanto menos. Pero tuvo que llegar la tierra batida para que Murray se reactivara y saliera del letargo en el que había entrado. Su 'baja' por paternidad llegó a su fin en Montecarlo. Desde entonces el escocés solo ha sabido ir a más, demostrando unas ganas encomiables de crecer tenísticamente y de alcanzar nuevas cotas. Una gira de tierra aún mejor que la del año pasado con la final en París como colofón.

Su primer triunfo en Wimbledon parece que generó en Andy una presión que le sobrepasó. O una sensación de vacío que le dejaba sin grandes aspiraciones. De los siguientes 9 Grand Slams que disputó solo alcanzó la final en uno (Australia 2015), cayendo hasta en 4 ocasiones en los cuartos de final. Ahora mismo, no tiene pinta de que vaya a repetirse la historia. Todo lo contrario, Murray parece firmemente dispuesto a no parar ya de subir por una escalinata que bien puede desembocar en el cetro del tenis mundial, el número uno.

Su actual entrenador, Ivan Lendl, tiene claro que puede llevar al británico a la cima y desbancar a Novak Djokovic. La distancia con respecto al serbio es aún mayúscula (casi 5.000 puntos), pero tras este Wimbledon ya le ha recortado más de 3.000. Ambos defienden mucho en los dos Masters 1000 de verano pero la diferencia estriba en que Murray solo llegó a octavos de final en el US Open. Otro punto en el que meter un acelerón más hacia la caza del 'Djoker' que deberá defender la corona obtenida en 2015.

Y ya no es solo cuestión de números. Se palpa en el ambiente. Andy Murray se encuentra ahora mismo en una dinámica tremendamente positiva y constructiva, forjando hitos y queriendo ir a por más. La decisión de volver a trabajar con Lendl es sin duda muy acertada e inteligente. Una estabilidad y seguridad para el escocés indispensable si quiere buscar el reinado en el tenis mundial.

Por otro lado tenemos la cruz de la moneda: Novak Djokovic. No sin mucho sufrimiento conseguía levantar en París su primer Roland Garros y por tanto cerrar el círculo de Grand Slams y accediendo a ese selecto club de unos pocos mitos de este deporte. Pero ya venía avisando de un cansancio mental que ha venido arrastrando desde la gira americana. La derrota en tercera ronda de Wimbledon fue el fiel reflejo de esto. Un Djokovic sin chispa, sin alma, sin ese carácter arrollador que le hace inexpugnable. Manso, el serbio cayó con Sam Querrey y cedía la corona de Wimbledon. ¿El principio de la cuesta abajo?

Suena muy osado ahora mismo aventurar tal aserto, pero no sería descabellado que el balcánico sintiera una especie de vacío también que le dejara carente de esa sed de sangre característica en él y sin la cual se antoja muy complicado que pueda luchar con un Andy Murray que va decididamente, esta vez sí, a por él y a por el reino del tenis mundial. El verano y las pistas duras norteamericanas serán jueces y testigos de esta apasionante pugna.

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