Mats Wilander: "Después de que mi padre muriera, perdí todo el interés y la motivación por el tenis"

El ex-tenista sueco hace un magnífico repaso por toda su carrera en esta entrevista, hablando sobre sus momentos más inolvidables. 

Es Mats Wilander quien esta vez se somete al test de L'Equipe sobre preguntas relacionadas con su carrera. De nuevo, Mark Nixon ha traducido la entrevista en inglés.

Wilander reconoce que el rival más duro al que se enfrentó jamás es Boris Becker. "En la final de Copa Davis de 1985 sobre alfombra, estuvo rapidísimo aquél día. Le pateó en el culo. Puedo decirte que me dolió. La verdad es que tenía miedo de él", comenta el sueco.

Sobre quién fue el más desagradable, no tiene dudas. "Jimmy Connors. En 1982, yo apenas tenía 17 años y justo antes de empezar Roland Garros me pusieron en programación para entrenar con él. Estaba asombrado. ¿Por qué iba a querer entrenar conmigo? Peloteamos un poco y después jugamos un set de práctica. En un intercambio, él pasó por mi lado y me susurró: "sucio chupapollas". Obviamente, perdí aquél set", recuerda.

El sueco cuenta una anécdota ocurrida en el circuito senior con quien es, para él, el jugador más divertido, John McEnroe. "Estábamos en Nápoles y no estaba golpeando la pelota, simplemente la empujaba. Después de cuatro juegos me mira y me dice: 'Ok, ¿así que volvemos a ser juniors?'. No podía creer lo que oía. No paré de reirme. Tanto que no gané ningún juego más".

Otra historia buenísima que recuerda el bueno de Mats es lo que ocurrió tras su victoria en Roland Garros 1988. "Después de cenar, fui a una fiesta en la que le daban a Sting un disco de platino. Yo ya le conocía y nos llevábamos muy bien. Al final de la fiesta le dije que por qué no intercambiábamos trofeos. Me respondió que sin problema. Él se llevo mi trofeo y yo el disco. Un par de semanas después, me invitó a una fiesta en su casa y descubrí que él tenía 300 discos de platino más y que mi trofeo de Roland Garros estaba en la cocina siendo usado como frutero. Me enfadé tanto que lo pedí de vuelta y me lo dio, aunque yo me quedé su disco de platino", admite.

Ese año, durante la final del US Open, Wilander asegura que alcanzó la cima de su carrera en cuanto a nivel de juego. "Especialmente en el tercer set de la final ante Lendl, sentí que era el mejor jugador del mundo. Todo funcionaba perfectamente. Lo devolvía todo, mi revés cortado era perfecto, sentía las trayectorias en la red... Nunca volví a jugar un tenis mejor".

Las anécdotas no se acaban para el sueco, que tiene un momento en su carrera como el más gracioso que le ocurrió jamás en una pista de tenis. "En 1993, jugué contra Mikael Pernfors en el US Open. Éramos muy buenos amigos. El partido empezó ya muy tarde, tipo 2.26 de la mañana o algo así. Al final del cuarto set, él se tomó un break para ir al baño. Servía con bolas nuevas al comienzo del quinto. Me miró y me dijo: '¡Bolas nuevas!'. Se tomó una pausa, y añadió: '¡Y piernas nuevas!'. Todo en sueco. No podía creérmelo".

Wilander también recordó aquél momento en el que mandó repetir el punto de partido ante Clerc en Roland Garros y que recordamos ayer como el mayor gesto deportivo de la historia del tenis. "Todo el mundo recuerda aquella historia pero lo que nadie sabe es que no volví a hacerlo de nuevo. Después de aquél día, siempre dejé en manos de los jueces de silla decidir sobre algo. Esa historia con Clerc es única".

El mayor gesto deportivo de la historia del tenis

El mayor gesto deportivo de la historia del tenis

Ocurrió durante la semifinal de Roland Garros 1982 y tiene a Mats Wilander y a José Luis Clerc como protagonistas. Un acto de deportividad que pasó a la historia.

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Miroslav Mecir. Quizá no os suene a muchos, pero es el tenista contra el que odiaba siempre jugar. "Nada de lo que hacía le ponía en apuros. Se anticipaba a todo. Leía mi juego como un libro abierto. Era desalentador. Cuando le pregunté a Henri Leconte qué hacía él para ganarle, me respondió que enviaba la bola a donde no estaba él. ¡Muy fácil para mí!".

También recuerda dos golpes que son los más importantes para él en su carrera. El revés con match point en la final de Roland Garros 1982 y el saque-volea que hizo ante Lendl en el US Open 1988.

Y para poner la guinda, el momento en el que su carrera cambió. "El cáncer y la muerte de mi padre. No me gusta decirlo, pero es verdad. Jugué y gané todo por él. Después de que muriera, perdí todo el interés y motivación en el tenis. Entrenaba duro pero en pista, perdí las ansias de ganar", sentencia.

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