El mayor gesto deportivo de la historia del tenis

Ocurrió durante la semifinal de Roland Garros 1982 y tiene a Mats Wilander y a José Luis Clerc como protagonistas. Un acto de deportividad que pasó a la historia.

Mats Wilander, en Roland Garros 1982
Mats Wilander, en Roland Garros 1982

París, 4 de junio de 1982.

Mats Wilander lucha contra José Luis Clerc para acceder a la final de Roland Garros. El sueco, todavía menor de edad, ansiaba ser finalista en la capital francesa y poder convertirse así en el ganador más joven de la historia del torneo sucediendo así a la leyenda de su país, Bjorn Borg. El partido se encuentra en el cuarto set con 6-5 para Wilander, que tiene bola de partido. Una derecha del tenista argentino se canta como mala por el juez de línea y es aquí donde sucede el gesto que pasó a la posteridad como uno de los mayores actos de deportividad de este deporte.

El público se levanta enfervorecido jaleando la victoria de Wilander. Clerc se dirige hacia la red mientras protesta hacia el juez de silla, el francés Jacques Dorfman. Mats se queda en su lado de la pista mientras niega con la cabeza. El argentino sigue discutiendo con el silla, que hace caso omiso a sus palabras. Le había dado la victoria a Wilander que se dirigió hacia la red para intercambiar unas palabras con él. Después de unos instantes en los que nadie de los presentes sabía lo que estaba ocurriendo, el sueco le da una pelota a Clerc en la mano y los dos se dirigen a su lado de la cancha para jugar mientras Dorfman sube a su silla y anuncia lo siguiente: "Señores y señores, por petición del jugador Mats Wilander, el punto se jugará de nuevo". Los aficionados presentes en la central de Roland Garros rompieron en aplausos hacia ese gesto.

El punto se repitió y Clerc envió en esa ocasión la pelota a la red, dando, esta vez sí, la victoria a un Wilander que luego acabaría ganando la final aquél año a Guillermo Vilas, alzándose así con su primer trofeo de Grand Slam. El sueco, preguntado sobre qué le dijo al juez de silla, contestó: "Le dije que no podía ganar de aquella manera, que la pelota había sido buena y que deberíamos volver a jugar el punto". Dorfman aseguraba que estaba convencido de que para él la pelota había sido claramente mala, pero que aceptó la petición de Wilander. "En mis años como juez de silla, nunca había visto un gesto de deportividad como éste", admitía.

Yannick Noah, hace tan sólo unos años confesó que "ese momento en el que Wilander le da la pelota a Clerc es para mí la más bella imagen que ha dejado este deporte en los últimos 30 años". Desde luego, nadie de los que estaban presentes en aquél partido habían visto nada igual. Ni siquiera los más viejos del lugar.

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