Nadal no afloja en 'su' tierra

El mallorquín pasó por encima de Facundo Bagnis, desplegó un tenis exquisito y, casi sin sudar, ya está en la tercera ronda de Roland Garros.

Rafael Nadal trabajó como una máquina perfectamente engrasada y con la puesta a punto en excelente estado en la pista central Philippe Chatrier. El balear venció 6-2, 6-0, 6-3 a Facundo Bagnis, 99º del ranking mundial, en una hora y 44 minutos y se clasificó a la tercera ronda de Roland Garros. Nadal estuvo sólido, agresivo, encontró su mejor tenis desde mediados del primer set y desde ahí no dejó de pisar el acelerador. Bagnis comenzó atrevido, pero se desinfló con el paso de los juegos. El rey de la tierra está en tercera ronda y buscará los octavos de final ante el ganador del partido entre Nicolas Mahut y Marcel Granollers.

En los primeros juegos del primer set pareció que Bagnis y Nadal se habían intercambiado los papeles. El argentino saltó a la pista central del complejo de París como si él mismo fuera el ganador de nueve trofeos de Roland Garros. Bagnis estaba suelto, confiado, con iniciativa y con las ideas claras. Tiraba de derecha, se animaba con el revés y era una roca desde el fondo de pista. Le quebró a Nadal, sostuvo su saque y tuvo oportunidades para ponerse 3-0 con saque y con doble break ante el maestro de la arcilla.

Sin embargo, la iluminación de Bagnis fue escueta. Le duró unos juegos. Nadal levantó un 15-40, ganó sus primeros juegos y entonces despegó. Se puso el mono de trabajo, agarró rápidamente las mejores sensaciones y empezó a agrandarse. Se plantó más cerca de la línea, comenzó a tener el control de los puntos y una vez pasó esto no hubo más partido.

La tribuna de la Chatrier fue perdiendo la ilusión de ver una batalla porque sabía que Nadal empezaba a sacar pecho, a conectar cada vez más ganadores y a sentirse el dueño de la cancha. En un visto no visto remontó el primer set, dio cátedra en el segundo (6-0 en 27 minutos) y dejó el encuentro más que encarrilado para que se finiquitara en la tercera y definitiva manga.

Bagnis había perdido el norte por completo. Se desconcertó, dejó ir las buenas sensaciones del comienzo del encuentro y empezó a ver que la pista se le hacía cada vez más pequeña. Enfrente ya no tenía a un simple tenista, sino que chocaba ante una bestia desenfrenada que todo lo devolvía, a todo llegaba y no dejaba un hueco de margen.

Pese al huracán de la segunda manga, en la tercera Bagnis pudo, al menos, dejar la pista con mejores sensaciones, dio algo más de batalla, se sacó la tensión de encima con unos gritos que resonaron hasta la Torre Eiffel y pudo competirle en algún que otro tramo de igual a igual a Nadal, un hombre que juega en la Philippe Chatrier como si del patio de su casa se tratara.

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