El día que Gustavo Kuerten cambió el tenis

En 1997, un desconocido brasileño de 20 años sorprendía a todos ganando en Roland Garros con un secreto bajo el brazo, un revolucionario cordaje que cambió el tenis.

Gustavo Kuerten era un total desconocido en el mundo del tenis allá por el mes de abril de 1997. Para el mes siguiente, todo cambió. Con sólo 20 años y siendo el número 66 del mundo, el tenista brasileño sorprendió a todos conquistando el título en París derrotando a todo rival que se le puso por delante. Lo que nadie sabía es que ocultaba un secreto, un cordaje revolucionario, totalmente nuevo, que sólo él probó y que hizo desde entonces cambiar completamente el juego.

Comenzó su andadura en silencio, derrotando a Dosedel en tres sets. En segunda ronda se cargó a Jonas Bjorkman y para cuando derrotó en tercera ronda en cinco sets a Thomas Muster, todos se empezaron a preguntar quién era ese chico. Ni Medvedev ni Kafelnikov pudieron pararle tampoco. Los dos le llevaron al quinto set pero no hubo forma de apear a ese brasileño que comenzó a ganarse el corazón del público a cada ronda que pasaba. Su paso por semis fue más tranquilo, derrotando en cuatro mangas a Dewulf y en la final, ante todo un Sergi Bruguera, campeón allí dos veces, Kuerten desplegó un juego increíble derrotándole en tres sets. Increíble.

Pero su historia y su éxito esconde algo. Un secreto que nadie conocía y que haría cambiar el juego por completo: el poliéster. Guga compitió en aquél torneo con un cordaje revolucionario que le permitiría golpear la bola con un spin no antes visto hasta la fecha con su raqueta, la Luxilon. El resto de tenistas comentaron que debería estar prohibido que usara ese cordaje que le hacía tener una ventaja respecto al resto. Acercarse a la red con él al otro lado de la pista era casi un suicidio. Ni el propio Pete Sampras podía devolver los passing shots que le pegaba el brasileño, que en el año 2000 se hizo con la victoria en la Copa de Maestros despachando a Agassi y al propio Sampras por el camino.

19 años después, el poliéster es algo común en el circuito y prácticamente todos los tenistas lo llevan. Kuerten fue el pionero, el que se aventuró a probar algo nuevo. Tras Kuerten, el juego cambió y empezó a predominar el juego de fondo. Para que haya un cambio, siempre debe haber alguien que se aventure a probar algo nuevo para cambiar las reglas y Guga fue el que dio ese paso en 1997.

Preguntado años después sobre qué supuso para él en su carrera la Luxilon y el poliéster, Kuerten respondía con una sonrisa: "Tres Roland Garros, una Masters Cup...", y es que cuando Kuerten se metía dentro del corazón que dibujaba en la tierra de la Philippe Chatrier no sólo agradecía al público, sino también a su propia raqueta.

¿Pasará algo así de nuevo un día? ¿Alguien se atreverá a cambiar las reglas del juego con un arma revolucionaria?

LA APUESTA del día

Comentarios recientes