El rey ha vuelto

Rafael Nadal conquista su noveno título en Montecarlo después de una trepidante final ante Gael Monfils. Iguala los 28 Masters 1000 de Novak Djokovic.

Tres años después, Montecarlo volvió a saludar al rey de la tierra batida. Rafael Nadal sumó su noven título en la arcilla monegasca tras batir en un partido espectacular a Gael Monfils (7-5, 5-7, 6-0). Fue, sin duda, la mayor exhibición de toda la semana y la culminación para el español de una mejoría que ha terminado con un trofeo en sus manos, el primero de la temporada. El balear, golpeado en los últimos meses por varias derrotas dolorosas, sonríe por fin en una gran plaza y captura su Masters 1000 número 28, empatando el récord batido por Novak Djokovic hace apenas quince días.

Había sido un camino tan arduo como extraño para Nadal. Dejando en el camino amenazas como Thiem, Wawrinka o Murray, hoy se enfrentaba en la final a un hombre con peor ranking que cualquiera de los tres anteriores. Aunque claro, ¿desde cuándo un número representó una sensación? El parisino llegaba por méritos propios a su tercera final de Masters 1000, sin ceder todavía un set en su trayecto y con el objetivo de competir ante el rey de la arcilla en la situación más determinante. Porque si Gael nunca había podido hacerle a Rafa más de cuatro juegos en un set sobre arcilla, sería por algo. Y si arrastraba un balance de 5-18 en finales ATP, sería por algo también. Hoy la meta era plantar cara, al menos ponerse a su rival en más dificultades que en episodios anteriores.

¡Y vaya si lo hizo! La primera manga es un regalo para todo aquel espectador que estuviera presente en el Country Club. Dos jugadores conectados al polvo de ladrillo y dispuestos a sangrar los litros que hicieran falta con tal de asestarle el primer mordisco a la final. Empezaba mandando Nadal, con un 3-1 a su favor, pero inmediatamente recuperaba Monfils. De nuevo Rafa se marchaba en el marcador, 5-3 y servicio. Pero Gael recuperaba rápidamente el terreno cedido, 5-5. Parecía que al español le entraban las dudas cuando se escapaba de su oponente y que el francés solo se exprimía al máximo cuando iba por debajo en el luminoso. En YouTube se podrá ver todas los trucos que se dieron en este parcial maravilloso, pero lo que realmente importante es que fue Nadal quien terminó llevándoselo.

Iban 6-5 para Nadal cuando una doble falta apareción en el momento menos oportuno. Le habían hecho falta cinco bolas de ser al balear para poder sentarse aliviado en el banco, con un 7-5 que le dejaba a un solo parcial de su primer trofeo de la temporada. Había costado, unos mínimos detalles lo habían decidido, pero el número cinco del mundo era el dueño de aquel set que le entregaba media corona. ¿Aguantaría Monfils la idea de remontar en una final sobre arcilla al mejor jugador de la historia sobre tierra batida?

No me pregunten cómo lo hizo, pero Monfils salió al campo de todo menos abatido. Empezó con buena temperatura, pero se calentó tanto que le arrancó un break al español y lo confirmó después con su servicio (3-1). Esto ya era mucho más de lo que podíamos esperar de un jugador tan irregular como el galo. Aquello era lo que le faltaba al respetable para terminar de posicionar en la final. La gente quería más, soñaba con un tercer set, no sabían que solamente en la primera hora de encuentro habían visto más emoción que en los certámenes completos de Indian Wells o Miami. Es lo que conlleva la ausencia de Novak Djokovic.

El tenis es de los trenes más justos que hay. Quiero decir, si no te subes a tiempo, posiblemente lo pierdas, pero el vagón de la victoria siempre pasa ante tus ojos. Monfils tuvo pelota para ponerse 4-1 y no la aprovechó. Minutos después, Nadal dominaba 5-4 al resto la segunda manga. Ya no había espacio para la duda o el titubeo, el español olía la sangre y sus ojos amenazaban con finiquitar aquella celebración. Lo que pasó después fue increíble. Exacto, justamente, todo lo contrario a lo que esperábamos. El francés hiló tres juegos al hilo y se apuntaba el segundo parcial también por 7-5. Aquel era el primer set que le arañaba a su oponente sobre polvo de ladrillo en sus cinco enfrentamientos. Justo en el momento idóneo.

Dos horas y media llevaban de batalla cuando arrancaba el último asalto. Aquí ya nada sería igual. Sobre el ladrillo gobernaban los mismos jugadores que al principio pero con un desgaste inhumano pese a tratarse de una pelea al mejor de tres. Aquí, como en tantas otras ocasiones, Nadal partía con ventaja. ¿Recuerdan el último Masters 1000 que ganó? ¿Madrid 2014? Sí, allí donde Nishikori terminaría tirando la toalla. Pues algo similar ocurriría en la arena de Montecarlo. Un Monfils totalmente fundido que apenas levantaba la cabeza mientras caminaba sobre la pista. No fue un final justo para el mejor partido del año hasta el momento.

Finalmente Rafael remó hasta su objetivo y dejó a su rival con su tercera bandeja de plata en finales de esta categoría. Monfils se despedía de su primer Masters 1000 y olvidaba el sueño de regresar al top10. Por su parte, Nadal capturaba el primer título del curso, noveno en Montecarlo, 28 de Masters 1000 y 68 de su carrera como profesional. Ya solo una corona le separa de las 49 de Guillermo Vilas sobre tierra batida, además de escalar hasta la cuarta posición de la Race. ¿Pero no decían que estaba acabado? Prepárense porque esto solo acaba de empezar.

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