Dani Caverzaschi: “Estoy agradecido de no tener las dos piernas”

El número uno de España de tenis sobre silla de ruedas repasa con Punto de Break su historia, su forma de vivir la vida y sus inquietudes personales y profesionales.

Daniel Caverzaschi recibe a Punto de Break en una cafetería de Sant Cugat del Vallès (Barcelona), muy próxima a su nueva residencia: el Centro de Alto Rendimiento. El tenista, que no tiene una pierna entera por una malformación de nacimiento, aparece conduciendo un coche cero kilómetro que le brinda uno de sus patrocinadores. Ayudado con una prótesis, se baja, abre el maletero y saca su silla de ruedas para poder ir más cómodo y no tener que andar.

Daniel irradia alegría, buenas energías. Es descarado, no tiene mucha -o nada- de vergüenza y está dispuesto a contar desde el corazón y abiertamente lo que significa tener una discapacidad como la suya, las características más específicas de su deporte, el tenis sobre silla de ruedas, y sus historias de bulliyng que sufrió en el pasado. Una lección de vida y aprendizaje a través de una silla de ruedas y de unos valores familiares que forjaron un carácter seguro, ganador y confiado.

Punto de Break: ¿Qué diferencias hay entre el tenis a pie y el tenis en silla de ruedas?

Daniel Caverzaschi: La más importante es que en el tenis en silla de ruedas hay dos botes y el segundo bote puede botar en cualquier lado de la pista. Técnicamente es muy similar. Se juega más con los efectos al ir más bajo con las sillas. En el saque, por ejemplo, se juega más con efecto liftado… Un saque plano a un metro cincuenta no es es lo mismo que a dos metros y pico de altura más el salto. Es un tenis muy similar.

PDB: Eso sí, hay una diferencia muy grande en un revés muy curioso que realizan.

DC: ¡Sí! Es el revés inverso a la hora de liftar. La gente al principio se queda flipando cuando lo ve. Se pega el revés con la misma cara que se pega la derecha. Así lo pego yo.

PDB: ¿Cuántos tenistas lo usan aproximadamente?

DC: Yo diría que más del 50 por ciento lo usa. Es más fácil para las bolas altas, de aquí arriba (levanta su brazo izquierdo y hace un gesto con la mano por encima de la cabeza) y pierdes menos tiempo cambiando de empuñadura. Es un golpe muy efectivo. El número uno del mundo usa el revés normal, a lo Federer, pero muchos usan este.

PDB: ¿Es imposible jugar al tenis en silla de ruedas teniendo revés a dos manos?

DC: Imposible. Si ves a alguien pegando a dos manos es que no juega muy bien, que no tiene ni idea (sonríe). A nivel competitivo nadie juega a dos manos. Simplemente porque no tienes estabilidad, necesitas sujetar la silla.

PDB: ¿Con la derecha tampoco sueltas la silla?

DC: De derecha a veces algunos la sueltan, pero por lo general siempre se sujeta con la otra mano. Si no, te vas. No tienes estabilidad.

PDB: ¿La raqueta se coge de la misma manera que el tenis convencional?

DC: Sí, igual, igual.

PDB: Imagino que ustedes, yendo en silla de ruedas, improvisan muchos más golpes que los jugadores de tenis a pie...

DC: Sí. Muchísimo más. No tenemos la misma movilidad y muchísimas veces no pegamos bien e improvisamos mucho. Utilizamos mucho el tronco para corregir.

PDB: ¿Cuál es la mejor táctica en la pista?

DC: Tirar al cuerpo. Es la mejor de las opciones. El saque al cuerpo es mortal. Además, las bolas altas son muy complicadas. Esta es una de mis armas.

PDB: ¿Qué es lo más difícil del tenis en silla de ruedas?

DC: El posicionamiento de la silla para pegar en la posición perfecta. Tienes que coordinar tu silla para impactar bien y esto es complicadísimo. Nosotros no podemos movernos de lado a lado…

PDB: Las sillas de ruedas han evolucionado mucho con el paso del tiempo: son más ligeras, veloces…

DC: Sí, muchísimo. Ahora en un mes me llega una que es un Ferrari, no pesa nada y es hecha completamente a medida. Son sillas pensadas para el tenis, muy resistentes. Similares a las de basket pero con componentes específicos de tenis.

PDB: ¡Todo un mundo!

DC: Sí, y lo más curioso es que se adapta perfectamente a mi “culo”. Yo nací con una malformación. Soy asimétrico, digamos. Nací raro. “Mutante” me llaman mis amigos (risas). El asiento está hecho a medida. Me coge perfectamente las medidas de mi cuerpo y estoy bien encajado a la silla. Siento perfectamente que la silla es parte de mi cuerpo. De esta manera puedo moverla con un “caderazo” sin mover las manos.

PDB: Esta silla no tiene pinta de ser barata. ¿Quién la financia?

DC: La Federación Española de Tenis me ha dado una beca y la podré comprar con esto. Estamos hablando de más de 6.000 euros una silla así.

PDB: ¿Cuánto tiempo te aguanta una silla?

DC: La que estoy usando, que está muy cascada y que ya está media rota, me está durando unos 3 años.

PDB: ¿Tienes una sola para competir?

DC: Sí, solo una.

PDB: ¿Y si se te rompe en medio del partido?

DC: La cagaste.

PDB: Hemos visto casos, como a ti también te pasó, que las aerolíneas rompen las sillas…

DC: Ajo y agua. Si llegas al torneo y te encuentras con la silla rota, te vuelves a casa. Recuerdo el año pasado en Madrid que un australiano aterrizó y le dieron la silla completamente rota, destrozada. Cambió el billete y se tuvo que volver a Australia al momento.

PDB: ¿Cuántas veces te rompieron la silla?

DC: A mí me han roto un par de sillas.

PDB: Imagino que en los aeropuertos cada vez que estás esperando el material y las maletas, rezas…

DC: Yo rezo, sí. Literal. Estoy nervioso cuando llega la silla porque puede pasar cualquier cosa.

PDB: Viviste toda la vida entre prótesis y sillas.

DC: Sí. Yo tengo una agenesia de fémur. Nací con la falta de fémur y rodilla. En la rodilla izquierda también nací con malformaciones. Desde que tenía 2 o 3 años llevé prótesis, y a los 15 años empecé a tener problemas de espalda y empecé a usar silla de calle.

PDB: Hablas de esto con total normalidad, ¿verdad?

DC: ¡Claro! Para nada tengo problemas en hablar de esto. Desde pequeño tuve la suerte de tener una familia que me ha tratado como uno más, sin miramientos diferentes. Si había que poner la mesa, se ponía; si había que hacerse la cama, se hacía… igual que a mi hermana.

PDB: ¿Muchos padres recurren a hacer diferencias cuando tienen un hijo discapacitado?

DC: Sí. Conozco mucha gente con discapacidad que los padres no les tratan igual que a los otros. Esto, a la larga, trae problemas. Nosotros en casa normalizamos la situación desde un principio. Al final, la discapacidad es un problema más de los tantos que hay. Como cualquier otro: el que no tiene trabajo, el que no tiene un padre…

PDB: ¿Le viste ventajas al tener la discapacidad?

DC: ¡Por supuesto! No tengo que hacer colas muchas veces (risas)…. No sé… si no hubiera nacido con la discapacidad, no sé si estaría ahora persiguiendo un sueño Olímpico y viajando por el mundo. ¡Quién sabe! Cuando se te cierran unas puertas se te abren otras. La discapacidad me ha brindado muchas oportunidades y las estoy aprovechando al máximo.

PDB: Es una buena manera de llevar la discapacidad.

DC: Mira, te cuento algo… tengo muchos amigos que eran personas normales, perdón… sin discapacidad, para que no se ofenda nadie (sonríe), y que han tenido accidentes y creen que ahora están mejor que antes. La discapacidad les hizo ver la vida de otra manera, aprovechar todo al máximo, reflexionar y muchos dicen que son más felices ahora en una silla de ruedas que no antes. No por tener una discapacidad tienes que ser una persona sin éxito, cabizbajo e introvertido.

PDB: ¿Has tenido problemas en el cole cuando eras más pequeño?

DC: Sí, cuando tenía diez u once años pasé días malos. Los niños son un poco cabrones y me decían “cojito” y me vacilaban por tener una pata de palo. Me insultaban… pero esto no me afectó tanto gracias a la manera que me criaron en casa. A una persona más sobreprotegida le hubiera costado más, pero yo tuve a mi padre que me decía que me buscara la vida y que me defendiera. Y así tuve varias peleas en el colegio, me busqué la vida y esto me hizo más fuerte.

PDB: ¿Y más feliz?

DC: Sí. Ahora no me ofendo por nada, soy capaz de defenderme por mí solo. Las experiencias duras que viví por mi discapacidad me han hecho desarrollar valores y capacidades que son útiles ahora y lo serán a lo largo de mi vida.

PDB: Una buena lección de vida el tener la discapacidad…

DC: Estoy agradecido de no tener las dos piernas y de haber tenido esta discapacidad. Creo que me ha hecho más fuerte. Yo de verdad lo digo, si viniese el genio de Aladdín y me concediera el deseo de tener dos piernas normales, yo me quedo así.

PDB: ¿En serio?

DC: ¡Sin duda! Soy feliz así, no me falta absolutamente nada. No tengo duda alguna. Te juro que no me pediría las piernas.

PDB: ¿Nunca anhelaste tener dos piernas?

DC: Sí, eso sí. De pequeño, sí. Cuando veía a otros chicos en el colegio y cuando tuve situaciones puntuales, pero fueron en contadas ocasiones que le dije a mi madre que por qué me había tocado a mí. Pero a partir de los 10 años nunca más lo pensé.

PDB: ¿Miras las cosas desde otra perspectiva?

DC: Creo que sí. Cuando tengo un problema no me quejo tanto y relativizo más todo.

PDB: ¿Qué es un problema para Daniel Caverzaschi?

DC: Cuando hay algo que no puedo controlar. Y esto lo viví con la muerte de mi padre en 2014. Yo estaba en la Universidad en Inglaterra y se murió por un cáncer. Esto sí que fue un problema y vi que uno no lo puede ni controlar. Pero lo que tengo claro es que al final se sale adelante de cualquier problema. Siempre.

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