Nishikori vuelve a la final de un Masters 1000

El japonés accedió a su segunda final en torneos de esta categoría tras despachar en un entretenido partido a un Nick Kyrgios al que le faltó paciencia.

No fue la batalla que esperábamos. Kei Nishikori tardó algo más de 90 minutos en descubrir quien acompañaría a Novak Djokovic en el gran banquete del Miami Open tras inclinar sin demasiadas complicaciones a Nick Kyrgios (6-3, 7-5) en parciales consecutivos. El australiano, que todavía no había perdido un set a lo largo de estos diez días, vio cómo su aventura en Florida ponía punto y final en un encuentro donde le faltó perseverancia y paciencia en los puntos importantes.

Primer juego y Kyrgios al servicio. Ya saben: un par de saques directos, un golpe ganador sin pestañear para ir probando y un fallito del rival que te hace ponerte con un 1-0 y multiplica una confianza que ya de por si es excesiva. Porque Kyrgios es así, juega de una forma en la que el tablero solo acepta un tipo de movimiento: el explosivo. Tiros fugaces, a cara o cruz, a veces mágicos, dejando claro que será él quien decida la resolución de la pelea. Y eso fue lo que pasó.

Tres juegos duró el equilibrio. Hasta que al australiano se le marcharon por poco unos saques y esa poderosa derecha salía rozando la línea por milímetros. Jugar al límite nunca fue aconsejable. Nishikori se ponía por delante con un break que ya no soltaría hasta el final del set, incluso sumaría otro (6-3). Solo habían pasado 29 minutos pero las sensaciones era que uno de ellos había comido unos cuantos huevos más que su rival. Nishikori aceleraba y frenaba según la ocasión, siempre dentro de su estilo frenético pero con la virtud de saber analizar cada momento. Kyrgios sacaba el arma y disparaba, sin importar la escena o el calibre. Esto fue lo que les hizo distanciarse e incluso amenazó con poner en peligro el partido.

Y digo en peligro porque el Kyrgios que sale a pista en el segundo parcial no es que no fuera el de partidos atrás, es que ni siquiera era el de primer acto. Un jugador golpeado por ese 6-3 que recibía un break inicial para acabar de rematar la depresión. Entonces, ocurre. La reacción de un genio sumado a una desconexión de un par de minutos de su oponente. Todas las flechas se pusieron de acuerdo y apuntaron hacia la misma diana. Del 0-2 al 2-2. Lo más difícil ya estaba hecho, ahora había que mantener la tendencia. El marcador evolucionaba hasta el 4-4, la hora de la verdad.

Van 6-5 y la tensión, como diría un andaluz, ya no se pué’ aguantar. Primera bola de partido para Nishikori. El japonés la deja en la red al tercer golpe. Llega la segunda y, con ella, el punto del partido. Intercambio intenso con gran variedad de direcciones que termina con el nipón voleando un passing shot imposible. Casi dos años después, el de Shimane había firmado su segunda participación en una final de Masters 1000 (Madrid 2014). Por su parte, el australiano, le felicitaba correctamente en la red y dejaba atrás otra gran semana de tenis. Desde la grada, observaba su madre, triste hoy por la derrota, pero feliz el lunes cuando vea a su hijo ingresar por primera vez entre los 20 mejores del mundo.

LA APUESTA del día

Comentarios recientes

¡No te pierdas ni una publicacion! X

Dale a "me gusta" en Facebook
Siguenos en Twitter