Sara Errani y cómo salvar la temporada en una semana

La temporada de la italiana de por sí es amarga, sin embargo, la salva el hecho de haber conquistado el prestigioso torneo de Dubái. Análisis de lo inentendible.

El pasado viernes a la tarde, en el torneo Premier Mandatory de Miami, Sara Errani volvió a sucumbir y sin atenuantes. La de Bolonia, 18 del mundo, fue superada por la japonesa Naomi Osaka, instalada 86 posiciones por atrás, por un claro 6-1 y 6-3. Hasta allí todo parece normal, una derrota más en la temporada, pero escarbando en el 2016 de la italiana se alcanzan a oír las alarmas.

El récord en el año de Errani es un escueto 9-9, que se nota incómodo para toda una jugadora revestida de top 20. Se ha ido en el debut en cuatro torneos (Brisbane, Abierto de Australia, Indian Wells y Miami), apenas ganó un partido en Doha y Monterrey y llegó a los cuartos de final en Sídney. Además, jugando FedCup en la serie ante Francia -que al final terminaron perdiendo- cedió sus dos puntos de sencillos, algo que solo le había sucedido una vez en su carrera y en el lejano 2011.

Si nos quedamos en esas actuaciones, contundentemente podemos concluir que el presente curso de la pequeña italiana tiene pinta de cataclismo; un caos para una de las mejores clasificadas en la actualidad del tenis femenino. Sin embargo, todo se transforma al incluir que esa misma que lleva cuatro derrotas en sus últimas cinco presentaciones supo consagrarse un mes atrás en el torneo de Dubái, uno de los WTA Premier con más reputación en el calendario.

¿Cómo se explica que Errani con un año discretísimo, con un estilo de juego casi inadecuado para el cemento, haya logrado gran éxito en las tierras del emirato? Sara basa su juego, en gran medida, en un tenis combativo y de trabajo; de tenis elaborado y minuciosamente preparado. Es de las tenistas capaces de devolver la pelota una y otra vez y a quien no le incomoda tener que discutir el encuentro desde el fondo de la pista. Es, sencillamente, una de las gladiadoras de la WTA.

Pero sucede que esta forma de jugar no se acomoda a las canchas rápidas, pistas donde fácilmente puede ser superada en velocidad y potencia porque son cualidades que la italiana muy poco posee. Su método se acopla en mayor medida al polvo de ladrillo, y que es capaz de profundizar con su excelente juego de red, el cual ha potenciado por su imponente carrera en dobles, donde ha conseguido hasta cinco trofeos de Grand Slam y en los cuatro eventos del calendario.

Y es que su palmarés avala su condición de terrícola. De sus 19 finales, 12 han sido sobre arcilla –ganando 7 títulos- y supo llegar a la final de Roland Garros 2012, donde fue superada claramente por María Sharapova.

En Dubái, Errani tuvo un cuadro benévolo que la favoreció casi que de principio a fin. Sin la presencia de jugadoras como Serena, Sharapova, Kerber o Radwanska, y la caída de las cuatro top ten presentes antes de los cuartos de final, la italiana supo abanderarse y tomar la batuta para terminar imponiéndose con un juego poco ortodoxo para lo que exigen los libros a la hora de desempeñarse en el cemento. Allí es donde sobresale la incuestionable actitud y mentalidad de Sara, quien a pesar de saber que puede ser superada por cualquiera en términos de potencia, es capaz de imponerse en lo psicológico… donde muchas fallan con asiduidad.

Cuestión de aprovechar la apertura del cuadro. Errani logró en su superficie menos predilecta conseguir el título más importante de toda su carrera.

Y así es como se maquilla una temporada amarga. En Indian Wells y Miami, los dos primeros Premier Mandatory del año, la 18 del mundo ha pasado sin pena ni gloria, dando aviso de que pasa por el momento más escabroso del año. Sin embargo, puede mirar el vaso medio lleno y darse ánimos de que en sus arcas tiene uno de los trofeos más apetecidos entre las jugadoras.

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