El día que Miami y el mundo se rindieron ante El “Chino” Ríos

Hace 18 años Marcelo Ríos daba una de las notas más impensadas en el tenis ya que ganó el título en Miami y desde ahí, se convirtió en el mejor tenista del mundo.

Con el inicio esta semana del segundo Masters 1000 de la temporada, el Miami Open, hacemos memoria para adentrarnos en una de las gestas más emotivas que ha vivido este torneo en sus 30 años de historia.

Era 1998 y uno de los tenistas más irreverentes que ha visto el circuito ATP venía demostrando todo su esplendor. Marcelo Ríos, nacido en 1975 en Santiago de Chile y que desde muy joven demostró tener madera para tomar la raqueta, se hacía paso entre los mejores cabalgando en su imponente drive de zurdo y apoyado fielmente en un servicio que cargado de potencia. El “Chino” tenía pocos parámetros de velocidad, su ADN era sinónimo de brío y fuerza.

Del chileno se puede decir que fue un talento medianamente explotado. Nick Bollettieri, quien fuera parte de su formación, siempre ha insistido en lo valioso y prominente del estilo de juego del sudamericano, pero que nunca llegó a explotar profundamente. “Ese día (la final de Miami), Marcelo demostró todo lo que pudo haber sido en el tenis y, lamentablemente, no concretó. Ríos nunca entendió este deporte, nunca entrenó y se preparó para los torneos grandes como se debe en una carrera que es corta y exigente. Además, nunca tuvo intención de acercarse al tenis en sus otras facetas. No se daba con los niños que querían saber de él, no firmaba autógrafos, los dejaba plantados cuando lo esperaban”. Radiografía de Ríos en un párrafo por parte del afamado entrenador estadounidense.

Aunque el santiaguino no fue el mejor ejemplo a seguir, dentro de la cancha llegó a ser un intelecto. Ese año venía a quinta velocidad: se hizo con el título de Auckland venciendo en la final al australiano Richard Fromberg y siguió en la senda victoriosa llegando a la final del Abierto de Australia, donde terminó cediendo ante el checo Petr Korda, de quien luego se comprobaría su positivo por doping esa temporada. Llegaría luego a las semifinales de Memphis para conseguir a continuación la consagración en Indian Wells, uno de los cinco Masters 1000 que cosechó en toda su carrera.

Y la nafta no acabaría con su corona en California, porque en Miami demostraría que estaba hecho de acero. En sus cuatro primeras presentaciones no sufrió para derrotar a los alemanes Hendrik Dreekman y Tommy Haas, al croata Goran Ivanisevic y al sueco Thomas Enqvist; al contrario, Ríos demostraba a placer su condición de ser el tres del mundo y no temía al momento de expresárselo a sus rivales. En semifinales vencería luego al británico Tin Henman en tres sets concretando su paso a la final y teniendo un plus a su favor: tras la caída sorpresiva de Pete Sampras en tercera ronda, el chileno, ganando el título, se afincaría en lo más alto en la clasificación mundial. Toda una proeza.

Ante Andre Agassi fue una demostración excelsa de sus capacidades, como si Ríos supiera que aquella era la vitrina para mostrarse ante el mundo. Tener un hito que pocos son capaces de presumir en su hoja de vida. Alentado por miles de chilenos que viajaron a Crandon Park, quienes transformaron la cancha central en una caldera, Marcelo fue capaz de levantar los brazos para convertirse en el mejor de todos. El marcador a su favor (7-5, 6-3 y 6-4) le daba el rótulo del primer latinoamericano que ha sido número uno del mundo.

Aunque quedará marcado uno de los número uno que menos duró en esa posición (apenas seis semanas: cuatro luego de Miami y dos más en agosto de ese mismo año) y el único que nunca ganó un Grand Slam, al chileno nunca se le podrá discutir su valentía de retar al sistema e imponerse ante lo ilógico, porque quien pensaría que este muchacho de pelo largo, malcriado y quien puso de moda usar la gorra hacia atrás sería capaz de interrumpir la supremacía de Sampras, quien llevaba 102 semanas en la cima del tenis masculino.

Ríos, el que llegó a decir que de haberse enfrentado a Nadal le hubiese dado un paseo, el que se negó a darle un autógrafo a Ilie Nastase y este lo catalogó como “un mono que se cayó del árbol”, el que no sabía quién era Rod Laver cuando este lo saludó, aquel que un día fue a un restaurante en Chile y en el baño empezó a orinar a los que allí estaban y el que se negó a ser abanderado de su país en los Olímpicos de Sídney porque el Comité Olímpico Chileno no consiguió boletos de la inauguración para su madre y hermana, tiene su nombre bien marcado en la historia del tenis. Con defectos y esplendores se ganó su espacio entre los mejores.

Highlights de la final de Miami entre Ríos y Agassi:

Comentarios recientes