¿Suerte o talento?

Alexander Zverev erró una volea fácil cuando tenía punto de partido ante Nadal y eso le 'mató' mentalmente. Recordó a la película Match Point, de Woody Allen.

"Aquél que dijo que más vale tener suerte que talento, conocía la esencia de la vida", así comienza la excepcional película de Woody Allen, Match Point. En ella, todo gira en torno a la suerte y que unos pocos centímetros pueden hacernos ganar o perder. Anoche, Alexander Zverev no logró salir de la encrucijada mental en la que entró tras errar un golpe sencillo con el que podría haber sellado la victoria más importante de su carrera ante un Rafael Nadal que estaba totalmente vencido y que apostó all-in a la suerte de que esa bola no pasara la red y consiguió llevárselo todo. ¿Suerte o talento? A veces la realidad supera a la ficción.

Zverev asombra. Aunque ya se había dado a conocer al mundo anteriormente, su descaro jugando ante el ganador de 14 grandes te hace admirarle aunque no le conozcas. Lo suyo no es casualidad. Remontó un partido casi perdido ante Dodig y dejó también en el camino a Dimitrov y a Simon. Anoche podía haber acusado el escenario, el rival o los minutos acumulados sobre sus delgadas piernas pero nada de eso ocurrió. La determinación con la que Sascha maneja los tiempos ante Nadal ayer son de jugador que pinta más que bien. De un talento brutal.

Rafa se tiene que poner el escudo y el casco para devolver los misiles que le enviaba el alemán desde la línea de saque. "No me podía creer cómo estaba sacando en el primer set. Parecía una broma", comentó Nadal al término del encuentro. Y es que Zverev usa sus 1,98 metros a la perfección para tirar el cañón que tiene por saque. Apoyado además en un revés que tira de forma tan natural que parece sencillo, sus cartas resultaron ganadoras tras unos 69 minutos espectaculares de tenis en el primer set. Es ahí donde gripa físicamente. Nadal lo sabe y aprieta el acelerador pero Zverev, muy inteligentemente, decide no desgastarse demasiado y recuperar aliento para volver al ataque en el tercer set. Usa la cabeza fríamente en un momento en el que muchos, incluso de mucha más edad que él, tendrían las piernas temblando de los nervios. Él no. Más talento.

Algunos pensarían que Nadal caminaría directo hacia la victoria después de ese rosco en la segunda manga pero este chico tiene madera de campeón y casi como si retrocediéramos en el tiempo, le estaba devolviendo a Nadal la cantidad de veces que el mallorquín con 18 o 19 años le plantó cara a un tenista de 29 o 30 años. Su revés cruzado era una delicia para los ojos. Capaz incluso de contrarrestar las envenenadas derechas de Nadal a casi 4.000 rpm. Aunque recibiera un break, Zverev no se arrugaba y volvía a morder una y otra vez y no le importó tirar un juego al resto para centrarse en su objetivo: cerrar el encuentro con su saque. Lo tenía en su mano con punto de partido. Uno de los mejores jugadores de la historia de ese deporte, contra las cuerdas y todo obra del tenis de Alexander. Vaya talento.

Con esa volea facilísima que se estrella en la red se estrella algo más. No se puede ver, pero las ilusiones de Sascha también se quedaron atrapadas en esa maldita red de un metro de alto. "La gente tiene miedo a reconocer que gran parte de la vida depende de la suerte", continúa diciendo Chris Wilton en Match Point. Nada más lejos de la realidad. No sabría decir qué importa más, si suerte o talento, pero todo lo logrado por Zverev hasta entonces se pierde con un golpe de -mala- suerte. Rafa lo celebra. Su lucha tuvo recompensa. Estuvo ahí en todo momento esperando que llegara su premio y ese 'Deuce' que cantó Mourier sonó a Jackpot. Sabía que no se le podía escapar.

Casi como el golpe de realidad que recibe un niño cuando se entera que Santa Claus no viene realmente del Polo Norte, Sascha no se cree lo que ha ocurrido. Los puntos siguen avanzando pero su cabeza sigue reproduciendo la volea que falló una y otra vez. "¿Pero cómo se me quedó ahí?", 5-4. "¿Y si hubiera levantado más la cabeza de la raqueta?", 5-5. "¿Y si no me hubiera hecho falta ir tanto hacia delante?", 5-6. Para cuando se quiso dar cuenta, el juez de silla cantó eso de 'Point, set and match... Rafael Nadal', mientras el mallorquín señalaba con el dedo a su banquillo tras la victoria.

"Hay veces en un partido que la pelota golpea el borde de la red. Durante una fracción de segundo puede ir hacia delante o caer hacia atrás. Con un poco de suerte cae hacia delante y ganas. O no lo hace, y pierdes", concluye la intro de Match Point. A Zverev no le hizo falta que la bola golpease la cinta para comprobar a sus 18 años que a veces también se pierde por la -mala- suerte. Nadal nunca le perdió la cara al partido y con detalles de esa lucha inhumana que nos ha hecho emocionar a todos durante los últimos años, esperó su momento. Ése al que se llega también con mucho talento, para con un pequeño golpe de suerte, ésa que no tuvo anoche Zverev, asestar el golpe definitivo a su rival.

Porque en el tenis, como en la vida, se necesita un poco de suerte que acompañe a tu talento para triunfar.

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