El partido que nos hizo enamorarnos del tenis

Recordamos cuál fue ese partido de tenis que vimos y que nos hizo engancharnos y enamorarnos para siempre a este deporte. Únete y dinos cuál fue el tuyo.

Creo que todos tenemos en mente un partido de tenis que vimos cuando éramos pequeños y que nos hizo engancharnos a este deporte y enamorarnos de él hasta mantener esa relación fiel con él que tenemos hoy día. Alguno puede que tenga algún partido disputado mucho tiempo atrás y algún otra quizá sea más reciente. La idea es que entre todos recordemos cuál fue ese partido, que no tiene por qué ser el primero que vimos necesariamente, que nos terminó de enganchar al tenis.

José Morón, todo gracias a la tele por cable.

En mi caso, me gustaba mucho el tenis pero no tenía la ocasión de poder verlo por la tele ya que ningún canal ofrecía ningún partido en abierto. Es entonces cuando mi hermano trae a casa el Digital+ y se abrió ante mí un nuevo universo. Recuerdo ir a casa de mi abuela cada domingo y decirle a mis padres que quería volver pronto ya que a las 14.00 siempre empezaban las finales cuando se disputaba la gira de tierra batida, la que más me gustaba y en la que casi siempre la jugaban españoles. Me acuerdo de ver partidos de Mantilla, de Berasategui, de Bruguera, de muchos españoles pero el primero que me hizo seguirle como fan, fan, fue Carlos Moyà. Me veía todos sus partidos cuando podía y aquél encuentro que hizo enamorarme por completo de este deporte fue la final de Roland Garros 1998. El balear la jugaba contra otro español, Alex Corretja. Fue un partido tremendo. No se me olvida lo contento que me puse de ver a mi ídolo ganar un Grand Slam. Lo recuerdo como si fuera ayer.

Nacho Mühlenberg, de sesión nocturna en el US Open.

Uno de esos momentos que jamás olvidaré fue en el US Open de 1999. Tenía 13 años y vi lo que era el drama, el show, el juego, los nervios, la pasión en una cancha de tenis. Fue un épico quinto set entre Greg Rusedski y Todd Martin en sesión nocturna de Nueva York. Todd, con sus canas características -me encantaba este jugador-, estaba muerto físicamente, perdía 4-2 en el quinto set y de repente resucitó. Encadenó ¡18! puntos de manera consecutiva y remontó el partido de forma impresionante, habiendo estado dos sets a cero abajo. Lo terminó ganando 5-7, 0-6, 7-6 (7-3), 6-4, 6-4 y la tribuna estalló. Era un escándalo lo que gritaba, el atrape de Rusedski era monumental y a Martin le salió todo. Ahí se convirtió en uno de mis ídolos. Este partido me marcó.

Alejandro Arroyo, Steffi y Arantxa marcaron el camino.

El primero que recuerdo es el Bruguera-Courier de Roland Garros 93 pero fue la final de Wimbledon del 95 entre Graf y Arantxa Sánchez el que prendió la llama. Recuerdo verlo con familia y ellos ya hablaban de Graf como la favorita en hierba. Después ya comencé a seguir los grandes eventos, como los JJOO del 96 y la final entre Bruguera y Agassi, pero esa final entre Steffi y Arantxa la recuerdo como la que más interés despertó de entre los primeros partidos.

Rubén Pérez, un partido de infarto.

Mi primer recuerdo de tenis es seguramente la final de Copa Davis entre España y Australia y aquel passing de Ferrero a Hewitt con el que se ganaba la final. Pero un partido que me enganchó definitivamente a este deporte es la final argentina de Roland Garros 2004 entre Gastón Gaudio y Guillermo Coria, sublime por la emoción, el drama y lo que significaba. Un antes y un después desde aquel día.

Fernando Murciego, todo queda en casa.

No es una final de Grand Slam, tampoco un duelo entre ex números uno, pero el Nikolay Davydenko Vs Juan Mónaco de 2009 en Valencia fue el partido que terminó de inyectarme esta droga para la que no hay antídoto. El torneo de Valencia, el de mi casa, subía de categoría (de 250 a 500) y se mudaba a la Ciudad de las Artes y las Ciencias, atrayendo al mismo tiempo a los mejores jugadores del mundo. Por aquel entonces ya me interesaba el tenis, pero necesitaba un incentivo extra para derrocar mi pasión por el fútbol y transformar ese bonito interés en un modo de vida. Fueron un ruso y un argentino los que me pusieron los pelos de punta en mi primer partido en directo. Hacía tres meses que había cumplido los 18 y sí, puedo confirmar que fue una edad en la que me cambió algo más que la voz. Allí, bajo el techo del Ágora, reconstruí mis intenciones profesionales y decidí meter all-in por la pelota amarilla. Aquel espectáculo superaba a cualquier otra disciplina y todas mis caminos como periodista deportivo se cerraron apuntando hacia una sola dirección. Hoy recuerdo aquel partido con especial emoción, sobre todo después de que Valencia haya perdido el torneo. Un revés para el tenis español que seis años antes me ayudó a aclarar las ideas y a encontrar el amor verdadero. Uno que sé que será para siempre.

Como comprobareis, existe una gran diversidad de encuentros y es que cada uno en su época habrá tenido ocasión de presenciar distintos partidos que hicieron despertar la llama en nuestro corazón.

Uniros a nosotros y comentad cuál fue ese partido que os enamoró y cómo lo vivisteis. Estaremos encantados de leeros.

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