El renacer de Guido Pella

Hace dos años decidió retirarse del tenis. Hoy está en semifinales del Río Open y el lunes formará parte del top50 ATP. La historia de Guido Pella.

Hay veces que es necesario marcharse para saber volver. El caso de Guido Pella es el ejemplo más claro. Empezaba el verano de 2014 cuando el argentino, anclado en top200 de la clasificación, vio cómo su estado anímico tocaba fondo hasta tal punto que colgar la raqueta fue la decisión tomada para calmar la ansiedad. Hoy, ultimando los días para que llegue la primavera de 2016, el de Bahía Blanca está entre los cuatro mejores jugadores de un ATP 500 como Río de Janeiro y el lunes formará parte de los cincuenta primeros del ranking mundial.

"Tenía que parar y replantearme nuevos objetivos en mi vida. Era evidente que algo no estaba funcionando en mí, no me estaba dando alegría ni jugar, ni entrenar, ni viajar, ni nada. Por eso corté la gira y me vine a Bahía para tomar una determinación". Quizá no lo recuerden pero estos palabras salieron de la boca de Guido Pella cuando todo iba mal, cuando hace dos temporadas el esfuerzo de tantas horas de trabajo no tenía recompensa sobre la pista. Unas palabras que vinieron acompañadas de un mes y medio de inactividad y de un regreso a las pistas convertido en una segunda oportunidad.

La temporada pasada todo cambió, un año lleno de alegrías y de momentos grabados en la memoria de Pella. Victorias en los Challenger de San Luis de Potosí, Porto Alegre y Montevideo, además de unas flamantes semifinales en la prueba final de Sao Paulo, donde se juntaron los mejores de la categoría. Aquello llevó al argentino del puesto 174 al 77, sí, por primera vez estaba pisando el top100 y había sido por méritos propios, esos que en 2014 pensaba que jamás llegaría a desbloquear.

Esta inercia se ha mantenido en 2016 con otro par de logros marcados en su recámara. El primero tardó poco en llegar: la primera victoria en Grand Slam. Sucedió en Australia, donde accedió directamente al cuadro principal para derrotar a Steve Darcis en cinco mangas. Curiosamente, las mismas cinco mangas que dos días después le darían la espalda ante Feliciano López con cuatro tiebreaks incluidos. La mejora era ya una realidad, faltaba rematarla sobre su superficie predilecta, la arcilla.

Al principio no hubo suerte, Quito y Buenos Aires le vieron marcharse tal y como llegó, sin victorias en el bolsillo. Pero entonces apareció Río, el segundo ATP 500 del calendario, lugar idóneo para darle la vuelta a la situación con tres triunfos corridos y plantarse en semifinales dejando a todos con la boca abierta. Por el camino, por cierto, dejando congelado a un tal John Isner, el segundo triunfo de su carrera ante un top-10 (Janko Tipsarevic, Dusseldorf 2013). Pero las alegrías parecen llegar ahora de dos en dos, y ayer Daniel Orsanic, capitán argentino de Copa Davis, decidía contrar con Guido para la próxima elimiantoria ante Polonia. Un sueño impensable hace unos años como era defender a la albiceleste que se verá cumplido gracias a su madurez y su buen momento competitivo. Es buen momento para echar la vista atrás y recordar de dónde vino.


"No echo de menos nada al tenis y cada semana que estoy parado estoy perdiendo físico, tenis, motivación y muchas otras cosas. Veré cómo me siento en las siguientes semanas y veré qué hago". Estas fueron sus declaraciones removidas casi dos años después, provenientes de un hombre que paró, reflexionó, aprendió y mejoró. Esta noche jugará las semifinales de Río ante Dominic Thiem sabiendo que su parte del trato, disfrutar del tenis, no solo la está cumpliendo con creces, es que la está poniendo por las nubes.

El lunes, como mínimo, será top50 por primera vez en su carrera, a escasos puntos del mejor argentino de la tabla, Leo Mayer. Y todavía habrá gente que piense que a este deporte no se juega con la mente.

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